Los gremios prefirieron evitar la Plaza de Mayo

Hasta último momento Moyano evaluó participar, yfinalmente desistió; Venegas marchó con la oposición
Lucrecia Bullrich
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19 de abril de 2013  

En las horas previas hubo amagos, cálculo, dudas. Finalmente, el grueso del sindicalismo opositor decidió que lo mejor era seguir la marcha a la Plaza de Mayo por televisión.

Hugo Moyano fue de los primeros en avisar que "podría" participar de la movilización. "Los reclamos son legítimos . Podría ir, ¿por qué no?", deslizó el martes, antes de reunir al consejo directivo de su central. "La CGT va a acompañar", suavizó ayer, cuando ya no estaba tan seguro.

Las dudas persistieron hasta bien entrada la tarde. En el edificio de Azopardo, sede de la CGT que conduce, un grupo de camioneros esperó la orden hasta última hora. Finalmente, optó por la distancia.

Su hijo Facundo, diputado nacional y jefe del gremio de trabajadores de peajes, tampoco fue, pero sugirió no minimizar la protesta. "Más allá de no participar de la manifestación, no podemos ningunearla ni suponer que los que están allí son enemigos", escribió en su cuenta de Twitter mientras las columnas ingresaban en la Plaza de Mayo.

Concentrado en el paro de judiciales que encabeza desde anteayer y que terminará hoy, tampoco Julio Piumato pasó por la Plaza.

La excepción a la masiva ausencia gremial fue Gerónimo "Momo" Venegas; el jefe del sindicato de trabajadores rurales se esforzó por mostrarse más como un dirigente opositor que como sindicalista. Partió desde Santa Fe y Callao, la misma esquina que eligieron los diputados y senadores opositores que, esta vez sí, eligieron acompañar el reclamo. Con ellos se encolumnó detrás de una bandera con la leyenda "Justicia independiente" y caminó hasta la Plaza.

Aportó además la logística de Fe, su flamante partido político. Una combi blanca guió los pasos de la columna con los acordes de "Dale con fe", el repetitivo himno de su espacio, a todo volumen.

El mínimo operativo de seguridad de la columna también quedó a cargo de hombres del mundo gremial. Al frente de los manifestantes que avanzaron por Santa Fe caminó un cordón de integrantes del Sindicato Único de Trabajadores de Control de Admisión y Permanencia de la República Argentina (Sutcapra), o "sindicato de los patovicas", que marcaban la velocidad de la marcha y coordinaban el corte del tránsito en cada esquina. Según pudo saber LA NACION, cada uno recibió 200 pesos por la tarde de trabajo.

Justo detrás de la bandera quedaron "Los Galanes", unos diez murgueros vestidos de violeta y llegados desde el Bajo Flores, también por decisión de Venegas. El son grave de sus bombos enseguida sobresalió por encima de los agudos de las cacerolas. Fueron los encargados del "toque peronista" de la noche.

En la esquina de Santa Fe y la avenida 9 de Julio, un enorme cartel con la foto de Venegas y la frase "Momo Venegas, fe en Argentina", sobre fondo verde manzana, completaba la escena con evidente aire proselitista.

Otros dos moyanistas que marcharon, aunque con bajo perfil, fueron Abel Frutos, número tres de la CGT opositora y líder del gremio de panaderos, y Miguel Díaz, de la Unión de Docentes de Buenos Aires (Udocba).

Pablo Micheli, el jefe de la CTA enfrentada con la Casa Rosada, se anotó entre los ausentes "de la primera hora".

En los días previos, el estatal evaluó que "teñir" la marcha autoconvocada a través de las redes sociales con la presencia de gremialistas y políticos no era buena idea. A la misma conclusión llegaron los sindicatos que integran la central.

Tampoco se movilizó el gastronómico Luis Barrionuevo, líder de la CGT Azul y Blanca, ocupado por estas horas en el armado político de cara a octubre dentro del peronismo no kirchnerista.

También el jefe de la CGT afín a la Casa Rosada, Antonio Caló, siguió la movilización a la distancia. Desde el martes pasado está en Mar del Plata, donde encabeza un congreso de su gremio, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).

Hay un diagnóstico en el que el atomizado mundo sindical coincide: parte del malestar que ayer volvió a hacerse oír en la calle está dirigido a la dirigencia gremial. Aunque esta vez no hayan sido blanco directo de las críticas, el enojo con la conducción política también los interpela a ellos.

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