Los inversores tratan de descifrar a Alberto mientras se juega el alargue

Florencia Donovan
Florencia Donovan LA NACION
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12 de agosto de 2019  

Los mercados se equivocan, y últimamente parece que seguido. Se equivocaron con el Brexit, con la elección de Donald Trump y ahora con el resultado de las elecciones primarias en la Argentina. La falta de visión no es solo un fenómeno de los encuestadores. Tras semanas de sostener una apuesta errada -estaba descontada una probabilidad de victoria del oficialismo del orden del 60%-, es de esperar que en la jornada de hoy los inversores recojan las pérdidas del caso.

Emmanuel Álvarez Agis, un economista que podría ocupar un rol preponderante en un eventual gabinete de Alberto Fernández, advertía el viernes por WhatsApp a clientes que, dadas las expectativas generadas, una diferencia de entre 3 y 5 puntos "podría implicar un lunes negro que complicará las chances electorales del oficialismo". Difícilmente el mercado esté preparado para una de 15 puntos o más.

Anoche, apenas se conoció el resultado de las PASO, los mensajes y las conferencias telefónicas entre gestores de fondos de Wall Street, bancos y analistas económicos adquirieron un ritmo frenético. Cuál es el poder de fuego del Banco Central para frenar una corrida cambiaria, quiénes conforman el equipo económico del Frente de Todos, qué nivel de pragmatismo tienen los economistas del kirchnerismo eran algunas de las preguntas que hacían. La ilusión a la que se aferran los inversores es que el famoso teorema de Baglini -que sugiere que el discurso de los candidatos gana pragmatismo a medida que sus chances de llegar al poder se agrandan- empiece a operar desde ahora en la oposición. "El margen de maniobra es estrecho y el incentivo a actuar responsablemente con semejante diferencia es alto", aseveraba un hombre de los bancos desde EE.UU.

Para todos ellos, Alberto Fernández es una incógnita. Incluso dentro del propio círculo que rodea al candidato en los últimos días algunos se planteaban la misma duda: "Economistas como Álvarez Agis [ex viceministro de Axel Kicillof] en su momento estaban convencidos de la necesidad de una fuerte intervención en la economía. De hecho, idearon el esquema de intervención de los directorios de las empresas en las que la Anses tenía participación", recordaron. "Hoy públicamente se muestran más moderados. Pero ¿quién sabe de verdad qué piensan?", deslizaba con cierto cinismo un economista que participó del gobierno kirchnerista.

Hasta ayer, de las conversaciones entre el Banco Central y el FMI se desprendía un acuerdo tácito: la autoridad monetaria intervendría vendiendo reservas en el mercado siempre que el resultado fuera reversible. Quedaba fuera de discusión cualquier intervención ante algún cimbronazo internacional o si el resultado de las PASO era "catastrófico". Pero, una vez más, este último escenario no figuraba en los pronósticos de los burócratas del FMI. "El Fondo es 'datadependiente'", afirmaba anoche una fuente del equipo económico. "Irá viendo qué pasa y cómo se resuelve". La decisión se tomará a primera hora entre Mauricio Macri y el titular del BCRA, Guido Sandleris, previa consulta del número uno del FMI, David Lipton.

Anoche, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, fue el primero en irse desencajado del búnker de Cambiemos. Lejos, muy lejos quedan sus planes de reforma, como su intención de crear -tal como anunció el viernes en el Boletín Oficial- una comisión para avanzar con la reforma tributaria. No lo esperan horas fáciles. Las primeras ruedas serán duras: el mercado suele hacer un overshooting para luego encontrar un equilibrio.

El BCRA tiene la posibilidad de vender futuros por US$3600 millones, según lo acordado con el FMI. Pero además, tiene unos US$1000 millones que compró en las semanas de paz cambiaria. A esto se suman reservas por unos US$20.000 millones de las que, estiman economistas privados, podría disponer. La duda es si las usará.

Llamada de Washington

Se descuenta que por estas horas delegados del FMI tomen contacto con economistas del entorno de Alberto. Ya la misión del Fondo tenía previsto un viaje a la Argentina para la tercera semana de agosto. Cerca del candidato del Frente de Todos el batacazo electoral generó sorpresa, pero también encendió alertas. Las chances de una victoria de la oposición en octubre son grandes, lo que plantea el desafío de gestión para las próximas semanas. ¿Habrá una suerte de cogobierno en las decisiones económicas? Por ahora, los economistas de Alberto se mantienen en silencio.

El problema de la Argentina no es solo financiero: también a la luz de los números de la elección parece difícil que los actores económicos se inclinen por tomar grandes decisiones. Los niveles de actividad se harán eco.

"Si gana Macri, será un escenario de optimismo, porque se descuenta que se harán las reformas pendientes. Y si gana Alberto no habrá algarabía, pero tampoco será Venezuela. Será un gobierno peronista más", resumía, antes de ver el resultado de las PASO, un importante hombre de negocios. Pero no hay en el empresariado consenso al respecto.

Para los inversores, lo que diga el candidato del Frente de Todos cobra ahora más relevancia. Estaba en marcha la organización de un viaje de Fernández a EE.UU., que habrá que ver si se concreta. Lo mismo si acepta la invitación de la Amcham, la cámara que reúne a las empresas norteamericanas, para presentarse ante sus socios; es el único candidato que todavía no aceptó el convite. Son señales que podrían ayudar a mantener la serenidad de los inversores.

Cuando el gobierno de Macri asumió, en 2015, afirmaba que parte de su estrategia de conservación del poder pasaría por mejorar la situación personal de cada argentino. "Cuando uno mire su metro cuadrado y vea que está mejor, no va a haber relato que valga", solían repetir en la Jefatura de Gabinete, mientras aplicaban aumentos de tarifas y justificaban temblores en diversos sectores de la economía real. Abiertas las urnas, es evidente que no pudieron lograrlo. Si por impericia de sus propios gestores o por factores externos -herencia, clima internacional- o ambos, poco importa.

Parece difícil que el Gobierno pueda achicar la diferencia con la oposición en las elecciones de octubre si no mejora la percepción que cada argentino tiene de su realidad económica. No será fácil. Lo más probable es que siga teniendo que hacerles frente a estadísticas que no le son favorables. La empresa Equifax dejó hace un tiempo de ser solo una central de deudores (dueña de la marca Veraz) para transformarse en una compañía de big data. Con información que a diario le proveen bancos, empresas de retail y de servicios públicos, la empresa tiene un indicador que en gran medida permite predecir luego el resultado del Estimador Mensual de Actividad (EMAE) del Indec; lo hizo con gran exactitud en ocho de las últimas 10 mediciones. Para junio prevé una caída interanual de la actividad del 3,4%, y para julio, de 4,6%.

La industria también será fuente de malas nuevas. La automotriz Honda analiza por estas horas dejar de producir autos en el país y mantener solo la fabricación local de motos. Los directivos de la empresa se lo hicieron saber al ministro Dante Sica.

No mucho mejor es la situación de aquellas entidades que financian el consumo y que apuntan a los niveles socioeconómicos medios y medios bajos. Con niveles de morosidad cercanos al 25% (uno de cada cuatro créditos) y sin la originación de nuevos negocios, las empresas del sector encaran fuertes procesos de ajuste. Tarshop, la emisora de tarjetas que absorbió el Banco Hipotecario, acaba de desvincular a 400 personas sobre una plantilla de 470.

El Gobierno podría tratar de acelerar cambios económicos en pos de una última batalla electoral. Tal vez sea tarde.

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