Los obispos confían en que esta vez el viaje de Francisco se va a concretar

Tras visitar a Francisco en Roma, volvieron convencidos de que el Pontífice está pensando en una visita a la Argentina; optimismo en la Iglesia
Tras visitar a Francisco en Roma, volvieron convencidos de que el Pontífice está pensando en una visita a la Argentina; optimismo en la Iglesia
Mariano De Vedia
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7 de julio de 2019  

Los obispos ejercitan con más intensidad desde hace unos meses el modo potencial. Cada vez que se plantea en una conversación el tema de una probable visita de Francisco al país, el diálogo transcurre en el terreno de las hipótesis.

Pese a ello, todos regresaron de la visita ad limina realizada al Papa en Roma -en tres grupos, entre abril y mayo- con la convicción de que Francisco expresa en confianza su deseo de venir a la Argentina.

"Está pensando en hacerlo" es la afirmación más arriesgada que dejan trascender en la Conferencia Episcopal Argentina, aunque otras voces más audaces que pudo recoger LA NACION pronostican "a fines de 2020" como el momento más probable.

El propio presidente del organismo colegiado, el obispo Oscar Ojea -fiel intérprete del pensamiento y las decisiones de Francisco-, fue más allá hace tres semanas en una entrevista con la agencia Télam y estimó que la visita podría concretarse entre "fines de 2020 o durante 2021".

Aseguró, para despejar dudas y especulaciones, que "el Papa ya está pensando en una visita a la Argentina".

Fuentes cercanas a la conducción episcopal resaltaron que la posibilidad de esa fecha tiene que manejarse con los matices del "tal vez", ya que la agenda del Papa -especialmente en torno a una hipotética visita a la Argentina- solo la define él.

En algún momento, incluso, se había especulado con que el viaje podría coincidir con la celebración de los 500 años de la primera misa en lo que hoy es el territorio argentino, celebrada el 1º de abril de 1520 por el sacerdote español Pedro de Valderrama, en la ciudad de Puerto San Julián, en Santa Cruz. Pero el aniversario de esa fecha no coincide con los plazos posibles que hoy se manejan.

Un viaje histórico

Sería, en definitiva, el primer viaje del papa Bergoglio a la tierra que lo vio nacer, desde que los cardenales lo eligieron al frente de la Iglesia, en el cónclave de marzo de 2013.

Y se trataría de la tercera visita de un pontífice al país, luego de los dos viajes de Juan Pablo II, que dejaron huellas imborrables en junio de 1982, cuando llegó fugazmente e hizo un fuerte llamado a la paz durante la Guerra de Malvinas, y en abril de 1987, cuando llevó su mensaje pastoral a diez ciudades -desde Salta hasta Viedma- durante seis días, y encabezó la primera Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma, en Buenos Aires, en un multitudinario acto sobre la avenida 9 de Julio.

Entre los obispos argentinos no tienen dudas hoy de que Francisco "quiere que se sepa su deseo de venir", confió un vocero episcopal a LA NACION. La fuente consultada recordó que Jorge Bergoglio estuvo cerca de hacer el viaje en 2017, cuando programó su visita a Chile, que inicialmente estaba prevista para ese año pero que finalmente se postergó para enero de 2018 por las elecciones que se hacían en diciembre en el país trasandino. "Cuando se hizo el cambio, prefirió dejar para más adelante su reencuentro con los argentinos", revelaron en el Episcopado.

"Por el momento no hay ningún trabajo previo, ninguna preparación, porque no hay nada definido", insisten en el Episcopado. Sí se advierte, sin embargo, un énfasis en resaltar el sentido estrictamente pastoral que tendría su viaje, para quitarles sustento a las proyecciones políticas.

El propio Ojea, después de visitarlo y compartir días con el Santo Padre y otros obispos argentinos en Roma, rechazó que "se lo presente al Papa como partidario de una facción, con un estilo mentiroso que se da muchísimo en algunos medios, y busca ponerlo en una contradicción".

En el mismo sentido, el equipo de curas villeros y barrios populares, que tienen una muy cercana llegada a Francisco, advirtieron recientemente sobre "la constante tergiversación de los mensajes del Papa".

En un mensaje que constituye una alerta en medio de la intensidad de la campaña electoral y que es compartido por la mayoría del clero, los curas villeros alejaron su figura de cualquier intencionalidad política, así como de todo intento de manipulación, en un contexto de polarización y grieta. Desestimaron y les quitaron entidad a "algunas voces de comunicadores y voceros autoposicionados que, con mentiras y enfoques tendenciosos, intentan presentar a la persona del Papa involucrado activamente en el armado político".

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