Los puntanos coparon la Casa Rosada

El fervor y la unidad del peronismo contrastaron con la sobriedad del delarruismo
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24 de diciembre de 2001  

La marcha peronista resonó en todos los rincones del Salón Blanco como si Adolfo Rodríguez Saá hubiera asumido la presidencia por una abrumadora mayoría de votos.

A las 11.42, el misionero Ramón Puerta le entregó a su colega justicialista los atributos del mando. El puntano acomodó el cuerpo para recibir la banda presidencial y estiró los brazos para asir férreamente el bastón de mando.

El Salón Blanco estaba pleno de dirigentes justicialistas de San Luis que, para dejar en claro de dónde procedían, lucían escudos verdes en sus solapas. Quienes optaron por la indumentaria sport vistieron remeras blancas con una inscripción verde que decía "San Luis somos todos".

Sin vestigios de la administración delarruista, ya que no se vio a ningún ex funcionario nacional, el justicialismo volvió a la escena con el fervor que lo ha caracterizado históricamente.

Como si se hubieran borrado repentinamente las disputas internas, se abrazaron y besaron decenas de dirigentes que, hasta hace pocos días, parecían irremediablemente enfrentados.

Es más, hasta aparecieron por el Salón Blanco personajes que parecían desterrados de la escena política por antiguas denuncias de corrupción y renuncias escandalosas, como la del ex intendente porteño Carlos Grosso.

El clima de fiesta que se percibió en la Casa de Gobierno, con personas recorriendo las instalaciones sin impedimentos, contrastó con la sobriedad del legendario bombista peronista Carlos "el" Tula, que, agolpado en las primeras filas de invitados, apareció vestido de oscuro y sin el estridente instrumento musical.

Buena parte de los invitados que se apretujaron para estrechar en un abrazo a Rodríguez Saá decidieron permanecer en la Casa de Gobierno más de tres horas para asistir también a la asunción de los nuevos colaboradores presidenciales.

Lejos de los protocolares actos de la gestión anterior, ayer volvieron a verse decenas de mujeres de cabello artificialmente rubio y enfundadas en trajes y vestidos de brillosas y coloridas telas.

La medida del aplauso

El ministro de Trabajo, Oraldo Britos, fue el funcionario más aplaudido por toda la concurrencia, seguido muy de cerca por el secretario general de la Presidencia, Luis Lusquiños, y el secretario de Turismo, Daniel Scioli.

Rodríguez Saá tuvo cálidos gestos para felicitar a quienes aceptaron acompañarlo en estos sesenta días de gestión presidencial.

Una desapasionada observación permitió determinar quiénes son sus predilectos dentro del gabinete: Luis Lusquiños, su secretario privado provincial, mereció el más fuerte abrazo tras jurar su cargo.

Y, en materia familiar, supo equilibrar entre su esposa -María Alicia Mazzarino, "Marita", para todos los puntanos-, su madre -Teresa Roca Montenegro, "Teté"-, sus cinco hijos y su hermano, el ex senador Alberto.

El abrazo de los hermanos Rodríguez Saá fue el más extenso y sorprendió a más de un porteño que no conoce en profundidad la relación de ambos. Cuando en el fondo del Salón Blanco un asistente admitió su impresión, una simpática puntana lo miró y le contestó contundente: "El Adolfo (como le decían y le seguirán diciendo en su tierra natal) y Alberto son simbióticos".

Cansados

La mayoría de los presentes, entre funcionarios, dirigentes, periodistas y efectivos de seguridad, compartía un sentimiento generalizado de cansancio por la cantidad de horas que llevaban en pie.

El canciller, e interinamente a cargo de Defensa, José María Vernet, no pudo negar que necesitaba dormir un par de horas. Cuando se lo consultó sobre los primeros pasos que daría, admitió que pensaba ir a ver a su señora y a sus hijos -"hace dos días que no los veo y que no duermo", confesó- y que, después de las 19, regresaría a la Casa de Gobierno para la primera reunión de gabinete nacional.

Sin internas

También al borde del agotamiento se veía a los custodios oficiales, entre quienes había una gran preocupación porque no sólo llevaban muchas horas sin dormir, sino que compulsaban entre ellos para saber quién encabezaba el rating de no comer desde que, el miércoles último, se desató la crisis institucional que derivó en la renuncia del ministro de Economía Domingo Cavallo, primero, y del presidente Fernando de la Rúa, después.

"Lo último que comí fue ayer (por anteayer) una porción de pizza", le contó un efectivo de civil a otro, sin darse cuenta de que tenía cerca un periodista. "No te quejes, peor me fue a mí que cuando tuve la pizza en la mano, me tuve que ir a acompañar al auto para acompañar al presidente (en alusión al presidente provisional del Senado, Ramón Puerta, que estuvo 47 horas a cargo de la presidencia)", le retrucó. Un tercero que pasaba por ahí se sumó al comentario y, mirando el reloj -eran más de las 16.30-, no pudo más que deslizar "si seguimos así hasta llegamos tarde para la merienda de hoy".

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