Los riesgos que abre el debate ideológico

Alfredo Leuco
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6 de junio de 2007  

Francis Fukuyama equivocó el diagnóstico cuando vaticinó la muerte de las ideologías.

Si hubiera analizado las elecciones porteñas tal vez habría conseguido mayor precisión en el diagnóstico: este domingo pudimos ver que la ideología no murió, pero está gravemente enferma. Sufre de ideologitis, es decir: una fuerte inflamación.

Hay una importante porción de los habitantes de esta ciudad y también del país que demostraron -por lo menos coyunturalmente- su hartazgo frente a esa exageración de los intelectuales que es la ideologitis.

Se cansaron de escuchar interminables discusiones sobre las causas más profundas del delito -por citar un ejemplo- mientras los delincuentes se multiplicaban y nos robaban el espacio público. Más educación para incluir o más mano dura para excluir fueron algunas de las espadas más utilizadas en semejante esgrima ideológica.

Y la mayoría de la gente con un sentido común inapelable decía: dejen de discutir y resuelvan el problema con profesionalismo y sensatez. Y así con muchísimos otros problemas de calidad de vida y convivencia pacífica que nos trae la modernidad subdesarrollada. El infierno del transporte público para los más pobres y del tránsito enloquecido para los menos pobres, por ejemplo.

Mauricio Macri fue el que mejor supo leer ese estado de ánimo social. Algo debe de tener que ver su formación de ingeniero y su falta de formación ideológica.

Fue tan contundente ese aterrizaje del pragmatismo que hubo peronistas y radicales en las tres listas que arribaron a los primeros lugares. Hubo socialistas en dos. Gente que viene de la centroizquierda, como Gabriela Michetti o Narodowski, se estacionó con Macri y otros que vienen de la centroderecha cavallista, como Alberto Fernández, o menemista, como Daniel Scioli, sostuvieron a Filmus.

* * *

La sociedad mediática trajo muchos cambios. Algunos insolentes dicen que ahora la política es la continuación de la televisión por otros medios. Exageran. Pero no tanto. Es claro que hoy se votan trayectorias personales, sensaciones, carismas, gestos, confianzas, actitudes, y también algunas ideas y soluciones.

De todas maneras los dos ganadores fueron los que definieron sus posturas con menos espacio para la ambigüedad: Macri, que es la contracara del kirchnerismo, y Filmus, que es kirchnerismo en estado puro. Dos modelos, como dice el Presidente.

Sin embargo, recién arranca la segunda vuelta y Kirchner insiste tozudamente en llevar la pelea al terreno ideológico, donde ya perdió en tres oportunidades en esta ciudad maldita para el kirchnerismo. Se arriesga así a perder por cuarta vez el 24 de junio.

¿Por qué lo hace? Suicida no es. Y tonto tampoco. Lo hace porque no tiene otro remedio. Si Macri pierde la ciudad, el 28 de octubre el Frente para la Victoria ganará en el país sin transpirar la camiseta. Kirchner no necesitaría ni a Cristina: podría llevar a su hijo Máximo como candidato. Daría igual.

Frenar el avance de Macri y dejar a la oposición sin el mínimo liderazgo es ahora el objetivo de máxima. Pero también sería un logro si llevaran el magro 23 por ciento de Filmus a un 45 por ciento, por ejemplo. Estaría algo más cerca de la imagen positiva que dicen que tiene el Presidente en la ciudad de Buenos Aires. No hay que olvidar que Filmus sacó más o menos la misma cantidad de votos que Rafael Bielsa, a quien le atribuyeron un fracaso, y no recibió como el ministro de Educación el apoyo de todo el aparato político y económico del oficialismo, con la pareja presidencial incluida.

* * *

El gran riesgo de Kirchner es consolidar a Macri como un líder nacional de una oposición de centroderecha vigorosa que todavía no existe, con una cosecha de alrededor del 60 por ciento de los votos en la ciudad vidriera del país.

Y el otro gran riesgo es que la lucha ideológica, además de estar bastante lejos de las preocupaciones de las grandes mayorías y de tener un componente tan subjetivo y elástico, pueda transformarse en un pantano tanto para Macri como para Kirchner.

¿Quién esta más vinculado a la década del 90 y a sus demonios neoliberales? ¿Mauricio en nombre de Franco y sus cloacas con Rousselot o Néstor y la privatización de YPF con Oscar Parrilli como miembro informante? ¿Quién aparece más en fotos afectuosas con Carlos Saúl Menem? ¿Mauricio y la cuenta bancaria que engrosó con los negocios de su empresa familiar con el Estado o Néstor, que compartió siete veces la misma boleta y muchos actos en donde incluso dijo que desde Perón no había un presidente que se preocupara tanto como Menem por el interior del país?

Las segundas vueltas las carga el diablo. Pero la memoria tiene dos ojos.

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