Luis Majul: "A Cristina Fernández le vendría bien un buen psicoanalista"

Luis Majul
Luis Majul LA NACION

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26 de octubre de 2020  • 20:58

  • En una extensa carta, con motivo de los 10 años de la muerte de su esposo, Cristina Kirchner no hizo más que tirarse flores, no reconoció ni un solo error propio, y atribuyó la escalada del dólar a los ataques de los grupos concentrados. Además, en una clara crítica al presidente Alberto Fernández opinó que este Gobierno tiene "desaciertos" y "funcionarios y funcionarias, que no funcionan".
  • El dato político y psicológico es que Cristina volvió a dirigirse a los argentinos, igual que lo hace Máximo Kirchner, desde el pedestal de superioridad moral al que un día se subió, y nunca se terminó de bajar. Como si no fuera parte de este Gobierno. Como si viviera en otra galaxia. Como si no asumiera la más mínima responsabilidad.
  • Al iniciar el texto, ella anticipó que no concurrirá a ningún homenaje, ensayó una explicación, y dio por sentado que la audiencia ya sabe que la psicología no es su fuerte. "Como todos y todas saben, no concurro a actividades públicas u homenajes que tengan que ver con aquel 27 de octubre. Tal vez sea un mecanismo inconsciente de no aceptación ante lo irreversible. No sé. Ya saben que la psicología no es mi fuerte", dijo.

  • Sin embargo, la vice usó la fecha para recordar que también hace un año que el Frente de Todos ganó las elecciones. Además, aprovechó para volver a destacar como un acto de desprendimiento y generosidad la oferta de la candidatura presidencial al hombre al que definió como uno de los que más la criticó. A partir de ese momento intentó imponer el nuevo relato.
  • El nuevo relato dice: el derrumbe que provocó el gobierno de Macri más la pandemia son las únicas dos razones por las que estamos como estamos, con esta incertidumbre y esta "situación agobiante". Sin embargo, con mucha habilidad se colocó fuera de cualquier responsabilidad al hablar de "funcionarios y funcionarios que no funcionan".
  • A propósito, en la city hoy se manejó la idea que el precio del dólar blue bajó de 195 a 187 pesos gracias a la ayudita de algunos amigos, que a veces están dispuestos a dar una mano, cuando las papas queman.

  • Según escribió Mariano Gorodisch, en El Cronista, el dólar bajó gracias a "manos amigas". En la jerga del sistema financiero se llama "manos amigas" cuando alguien, vinculado al gobierno, interviene y sale a vender dólares en bloque para bajar el precio del billete.
  • La primera "oferta en bloque" fue de 200 mil dólares. Enseguida apareció otra del mismo valor. Luego una tercera y más tarde una cuarta y una quinta. Es decir, una "mano amiga" de un millón de dólares que habría provocado una baja de 195 hasta 187 pesos en la cotización del dólar blue que se vende al público.
  • En su artículo, Gorodisch recordó que, en la época de Guillermo Moreno, también se recurría a "manos amigas". Y atribuyó a dos fuentes independientes el dato de que se lo habría hecho a través de un tercero para que no se conociera el origen de la operación. Estas manos amigas poseerían dólares baratos, porque pertenecerían a un sector de la economía que todavía puede comprar a precio oficial y vender a precio blue.

  • El mercado del blue apenas mueve 6 millones de dólares diarios. Pero volvamos a la cartita de Cristina. Porque enseguida parece defender a Fernández, pero en el fondo le baja el precio. En efecto, en vez de considerarlo víctima de ella, de Cristina, por el nivel de presión que ejerce sobre él, lo coloca como la víctima de empresarios, periodistas, medios y grupos de interés a los que, por supuesto, nunca identifica.
  • Cristina, ni lerda ni perezosa, puso como ejemplo de maltrato el chat en el coloquio de IDEA, en el que hombres de negocios lo criticaban mientras exponía, lo que fue considerado una emboscada por el propio jefe de Estado. Su doble es sorprendente. Ella pasó, no concurrió a la entrega de mando cuando Macri asumió. Fue una manera brutal de intentar deslegitimar a su sucesor desde el principio. Y ahora pone el grito en el cielo por unas cuantas críticas, en un chat que estaba para eso, más allá de la conducta fuera de lugar de algún empresario.

  • Pero el otro gran elemento revelador de la carta y también de la psicología de Cristina Fernández es que, al negar que Alberto sea un títere o que no gobierne, o que lo haga de acuerdo a sus caprichos y sugerencias, lo que está haciendo es cargándolo con toda la responsabilidad como presidente de la Nación. Como si ella no tuviera ninguna.
  • Por supuesto, en el medio aprovecha para defenderse de las acusaciones de querer imponer su agenda de venganza e impunidad. Lo hace de una manera muy ambigua, abstracta y grandilocuente. Y, agitando la teoría berreta del lawfare.
  • "Resulta insoslayable señalar que utilizan el eufemismo "problemas judiciales" para ocultar lo que hicieron en Argentina y en la región con el Estado de Derecho: se lo llevaron puesto para proscribir a los líderes populares. Con la articulación de sectores del Poder Judicial, los medios de comunicación hegemónicos y distintas agencias del Estado durante el gobierno macrista se perpetró una persecución sin precedentes contra mi persona, mi familia y contra muchos dirigentes de nuestro espacio político. De ello hoy dan cuenta las escandalosas revelaciones y el hallazgo de pruebas a la luz del día acerca de las conductas de periodistas, fiscales, jueces, agentes de inteligencia, dirigentes políticos y hasta del mismísimo presidente Macri involucrado personalmente en los mecanismos de espionaje, extorsión y persecución".
  • Señora vicepresidenta, conozco bien su estrategia porque me quiso meter en ella por la ventana, aunque el tiro le salió por la culata. Aprovecho para recordarle que la llamaré a declarar cuando avance el juico por daños que ya inicié contra su abogado y el de Cristóbal López, Carlos Beraldi, Daniel Llermanos, Oscar Parrilli, Rodolfo Tailhade y un periodista procesado por extorsión y condenado varias veces por publicar información falsa.
  • Quizá usted estaba demasiado ocupada y no se enteró que dieron por cierto que me apodaban Pirincho, y que trabajaba con espías de la AFI. Por si todavía no se lo dijeron: Pirincho no era yo. Así le dicen a un movilero y productor de América. Avíseles a sus colaboradores que, además de acusarme falsamente, adulteraron mi identidad.

  • Pero en los videítos que editó para inflar las causas por espionaje, usted también me incluyó, así que seguro formaba parte o estaba al tanto de la operación. Como sea, Cristina Fernández debe responder en una decena de juicios donde se la acusa de graves hechos de corrupción. De liderar una asociación ilícita para robarle dinero negro al Estado, tratar de introducirlo en el circuito legal, y darle apariencia de legalidad, a través del negocio de los hoteles y el alquiler de departamentos.
  • Dos perlitas finales, contenidas en la carta de conmemoración.
  • Una: a pesar de las fuentes que sostienen que Cristina no se mete en las decisiones de política económica de Alberto, en determinado momento habló como si fuera, casi, una ministra de economía.
  • Y dos: a los que le prestamos atención a la psicología, no se nos escapa que esta cartita puede ser considerada el primer acto del operativo despegue.
  • ¿Estará Cristina, la que no se equivoca nunca, la víctima de los grupos hegemónicos preparando un plan B por si a Alberto se le pudre todo? No somos paranoicos. Solo interpretamos la psicología del personaje. Una figura a la que, de hecho, le vendría muy bien un buen psicoanalista.

Por: Luis Majul

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