Luis Majul: "Alberto Fernández, Cristina y Máximo Kirchner en tiempo de descuento"

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6 de octubre de 2020  • 21:46

  • Aunque no parecen muy conscientes del momento que atraviesa al país, la presente etapa del gobierno de Alberto Fernández, de la vicepresidenta Cristina Fernández y de su hijo, Máximo Kirchner, parece estar ingresando en tiempo de descuento. O el Presidente pega un volantazo urgente, mientras intenta contener la presión sobre la demanda de dólares, o la administración entrará en una dinámica de alto riesgo y de resultados inciertos.
  • ¿De verdad Cristina Fernández, la de la agenda tóxica, tiene ganas de seguir con el plan de impunidad y venganza sin tener la más mínima conciencia del desastre en que se ha convertido este país?

  • ¿De verdad todavía siente que tiene la autoridad moral para señalar con el dedo a la Corte Suprema de Justicia? Ella sola está procesada en una decena de causas distintas. La mayoría, por graves delitos de corrupción. ¿No sería más lógico defenderse en los respectivos tribunales, en vez de atacar a quienes la pueden absolver o condenar? Pero si Cristina no tiene la autoridad moral mínima, los dirigentes a quienes manda a patotear y a provocar todavía la tienen menos. Porque, sinceramente, enviar al diputado Leopoldo Moreau a descalificar a la Corte Suprema de Justicia no solo parece un chiste, también revela el estado de desesperación y debilidad del cristinismo. Constituye el último manotazo de ahogado para intentar que se pudra todo.
  • Unas breves líneas sobre Moreau, para no perder demasiado tiempo. Fue expulsado de la Unión Cívica Radical por tránsfuga, por correr hacia los brazos de lo peor del kirchnerismo. Le adjudicó una conducta "antiética e inmoral". Hace casi 40 años que vive del Estado. Fue el peor candidato a presidente que tuvo el radicalismo. Sucedió durante las elecciones de 2003. Apenas superó el 2 por ciento de los votos. Justificó el ataque que recibió nuestro colega Julio Bazán, mientras cubría las protestas de diciembre de 2017 en el marco de la aprobación de la fórmula previsional que impulsó el gobierno de Macri. Y lo hizo con el agravante de que ostentaba la presidencia de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados.

  • Eso no es todo. El diputado dictaminó que el de Alberto Nisman había sido un suicidio. Acusó al fiscal de ser un agente del Mossad. Moreau se quedó dormido en su banca y acusó falsamente al gobierno de Macri de haber infiltrado a un policía en una manifestación, hasta que se comprobó que la foto era de un año atrás. En fin, Moreau es por lo menos un cachivache. Pero es el cachivache al que Cristina le mandó a decir:
  • Que la Corte "está agotada. Institucionalmente muy degradada".
  • Que "aceptar el per saltum fue una aberración".
  • Descalificó al presidente Carlos Rosenkrantz, a quien no le llega ni a los talones. A Horacio Rosatti, el juez de la Corte que en su momento renunció, escandalizado, por los negocios que pretendía hacer Néstor Kirchner con la fabricación de cárceles. Ninguneó a Elena Highton de Nolasco y le adjudicó el pecado de ser mayor de edad. Y zamarreó a Juan Carlos Maqueda, de quien dijo, se mueve dentro de su zona de confort.
  • Hay algo de lo que estoy completamente seguro. Moreau jamás saldría a decir esta sarta de pavadas si no fuera por orden de Cristina. Y eso demuestra, también, que se le están acabando, a la vicepresidenta, los incondicionales presentables.
  • Pensemos juntos. Rodolfo Tailhade, Gregorio Dalbón, Oscar Parrilli, Hebe de Bonafini, Dady Brieva, Roberto Navarro, Tomás Méndez, Ezequiel Guazzora. Y siguen las firmas. Pero el Frente de Todos tiene un problema más grave todavía. Un problema de rumbo. ¿Quién manda en el Gobierno? ¿Alberto o Cristina?

  • La cancillería, tarde y mal, ha salido a apoyar el informe de Michelle Bachelet sobre las violaciones de los derechos humanos en Venezuela. ¿Pero por qué Carlos Raimundi sigue siendo el representante argentino en la OEA después de opinar todo lo contrario? ¿Qué hace la exembajadora Alicia Castro apoyando a Raimundi en el medio de tanta conmoción?
  • ¿Cuáles son las verdaderas señales que la emite la Argentina hacia el mundo y hacia el sector productivo de su propio país?
  • ¿Está de acuerdo o condena, de manera explícita, las tomas de tierras en Guernica, en Mascardi y a lo largo y a lo ancho del país?
  • ¿Considera que a los delincuentes hay que castigarlos o que, antes y principalmente, son víctimas a las que se debe contener y perdonar?

  • ¿Están de acuerdo o no con la especie de suelta de presos que se produjo gracias al Covid-19 y la presión de algunas organizaciones vinculadas al oficialismo?
  • Y todo lo que sucede con la política, en general, se reproduce y repercute en la política económica. Desde hace días que los principales especialistas se preguntan hacia adónde se va a disparar este Gobierno si no consigue los dólares que necesita. Son, por lo menos, y en una primera etapa, 5 mil millones de dólares.
  • Pero los dólares no aparecen. ¿Qué va a hacer Fernández si no los consigue? ¿Permitir una nueva devaluación en el medio de la crisis económica y social más grave de la historia? ¿O cerrar el grifo de la importación hasta terminar como Venezuela?
  • Una parte del Gobierno, la que responde al Presidente, apuesta a ir abriendo la economía de a poco, para enviar al mundo la señal que sirva para atraer inversiones. La otra, la que responde a Cristina, apuesta a profundizar las restricciones. El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, observa la disputa como si fuera una exhibición de tenis entre Peque Schwatzman y Nadie Podoroska. Máximo lo propone como nuevo Jefe de Gabinete. Y Alberto duda entre atravesar la tormenta con este equipo económico o designar a otro, con más peso y más volumen para presentar un plan integral, aunque no le guste hablar de planes.
  • Estamos en tiempo de descuento. Y todavía faltan más de tres años para que termine el partido.

Por: Luis Majul

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