Luis Majul: "¿Con qué autoridad habla Máximo Kirchner?"

Luis Majul, en LN+

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Luis Majul
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1 de diciembre de 2020  • 21:53

En las últimas horas, el diputado nacional Máximo Kirchner volvió a usar la ventajita de hablar en último término no solo para argumentar por qué le quieren quitar fondos al gobierno de la Ciudad sino para agredir, de manera desusada, a Horacio Rodríguez Larreta.

Hace unos pocos años, cuando muchos de nuestros colegas describían a Máximo Kirchner como un niño obeso y haragán, que lo único que hacía era jugar a la play station y mirar a Racing Club, nosotros advertíamos que ya estaba demasiado crecido.

Entendíamos, entonces, igual que entendemos ahora, que no había que subestimarlo. Decíamos, porque contábamos con la información, que tanto su padre como su madre, pero especialmente ella, lo estaban preparando y ayudando para ser "el heredero", sin ningún mérito visible.

En nuestro caso, nos preocupamos desde siempre. ¿Por qué? Porque nos consta que fue él, junto con los más encumbrados dirigentes de La Cámpora, quienes dispusieron una fuerte pero solapada persecución de periodistas a través de distintos mecanismos.

Dos de los más habituales: las falsas denuncias de evasión desde la AFIP, el quite de la publicidad oficial y la distribución discrecional solo para "los del palo". Y no solo contra nosotros. También contra otros medios y otros colegas. De nuevo: detrás de cada una de esas "maldades", nos consta, estuvo Máximo Kirchner. Solo que fue lo suficientemente astuto para no dejar los dedos marcados.

El mismo Máximo Kirchner que, según Mariana Zuvic, fue quien habría ordenado un atentado contra uno de los hipermercados de su marido, Eduardo Costa, en Caleta Olivia.

¿Se podría considerar a Máximo Kirchner un dirigente tan vengativo como su madre? Quienes trabajan para él están haciendo lo imposible para mostrarlo como una persona amable y moderada.

Otros que lo conocen bien dicen que es más frío y rencoroso que Cristina, y que, cuando se propone algo, es capaz de hacer cualquier cosa para conseguirlo. Muchos se sorprendieron al verlo sonriendo, en una foto, junto a Santiago Cúneo, un dirigente peronista filo nazi que vendría a representar todo lo opuesto a lo que pregonan los jóvenes/viejos de La Cámpora.

Santiago Cúneo y Máximo Kirchner
Santiago Cúneo y Máximo Kirchner Crédito: Twitter

Pero resulta que la foto no había sido trucada. No era vieja ni era casual. Fue tomada el 13 de junio del año pasado, en plena campaña electoral. Están sonriendo. Y esa imagen disparó miles de tuits.

Un usuario, Ignacio de La Torre, escribió: "CFK fue asesorada para aparecer poco y hablar menos. Bueno: Máximo se saca fotos con el nazi, misógino y adulterador de combustibles de Cúneo". Otro usuario, Maximiliano Javier, publicó una imagen con la famosa frase "Salí de ahí Maravilla".

Pero él no salió de ahí. Al contrario: ni lerdo no perezoso, sabía que, para ganar en la provincia, el Frente de Todos debía recolectar votos por derecha. Aunque fuera lo peor y más repugnante de la derecha.

La otra pregunta que hay que hacerse urgente, antes de que el diputado siga levantando el dedo con esa presunta autoridad es: ¿Desde dónde habla Máximo Kirchner? ¿Qué méritos políticos o de gestión acumula para colocarse en semejante lugar? A menos que tenga una parte de su biografía oculta bajo siete llaves sabemos que:

  • Terminó el secundario completo, pero no culminó ninguna de las dos carreras universitarias que empezó: ni la de periodismo ni la de derecho.
  • No se le conoce otro trabajo, fuera del Estado, que su participación en una inmobiliaria a la que ingresó gracias al pedido de su padre Néstor Kirchner.
  • Fundó La Cámpora en 2006, cuando tenía 29 años y no había militado en ninguna agrupación estudiantil.
  • En 2008 se fue a vivir con la odontóloga Virginia García y tuvieron dos hijos: Iván y Emilia.
  • Se separó diez años después.
  • Habló por primera vez en público el 14 de septiembre de 2014, en homenaje a la última aparición pública de Néstor Kirchner.
  • Compitió por primera vez por un cargo electivo en 2015, como diputado nacional por Santa Cruz. Lo hizo por ese distrito porque sabía que no corría riesgos.
  • Fue reelecto como diputado en 2019 por la provincia de Buenos Aires. Lo pusieron en quinto lugar, detrás de Sergio Massa, Luana Volnovich, Leonardo Grosso y Cristina Alvarez Rodríguez.

¿Saben por qué? Porque su imagen negativa y su nivel de rechazo eran muy altos. Y siguen siendo muy altos. Es más: Máximo Kirchner es el dirigente nacional con más imagen negativa, junto con Aníbal Fernández, Luis D'Elía y Hugo Moyano. Por eso, entre otras cosas, no podría presentarse (no todavía) como candidato a gobernador o a presidente. Si las elecciones fueran hoy, perdería, casi, contra cualquiera.

Por lo demás, no estaríamos faltando a la verdad si dijéramos que si no fuera porque su apellido es Kirchner, y porque su madre es Cristina, hoy podría ser considerado un dirigente del montón. Uno como la decena que cohabitan en la Cámara de Diputados.

Es que a veces, Máximo Kirchner se autoconfiere una autoridad moral que no se corresponde con sus verdaderos méritos. Y suele dar clases sobre lo que está bien o lo que está mal y sobre con quién se deberían juntar los representantes de los trabajadores.

El último 5 de agosto, uno de los cosecretarios de la CGT, Carlos Acuña, se hartó y comentó: "Este muchacho no laburó en su vida y nos viene a decir a nosotros cómo tenemos que manejar la CGT". Maniqueísta y sesgado como pocos, algunos de sus discursos podrían ser considerados, incluso, peligrosos.

En el primero que dio sobre el Covid, se puso a él del lado del bien absoluto y colocó a quienes se atrevían a cuestionar la cuarentena eterna del lado de la muerte. Como si fueran asesinos.

Ahora intenta hacer lo mismo con Horacio Rodríguez Larreta. Y sus argumentos son de terror. Porque la idea de que todos los jefes de gobierno que se transforman en presidentes a través del voto, como De la Rúa, Macri o Rodríguez Larreta, terminan siendo un desastre, parece tan tirada de los pelos como la de suponer que todos los miembros de la familia Kirchner podrían estar contagiados por el virus de la corrupción.

Por: Luis Majul

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