Luis Majul: "Toma fuerza el operativo demolición de Cristina y Máximo Kirchner contra Horacio Rodríguez Larreta"

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2 de diciembre de 2020  • 21:21

Horacio Rodríguez Larreta se terminó de convencer. Tardó casi un año, pero ahora no tiene ninguna duda: lo quieren quebrar y demoler. Quieren evitar, a toda costa y cueste lo que cueste, que llegue el final del camino que viene pavimentando, desde hace más de veinte años, para transformarse en el presidente de los argentinos.

La primera señal vino de Cristina Fernández de Kirchner, el 19 de diciembre del año pasado, en la ceremonia de asunción de Fernando Espinosa, como intendente de la Matanza, cuando dijo: "En la Capital, hasta los helechos tienen luz y agua, mientras en el conurbano chapotean en agua y barro".

Y de buenas a primeras, agregó: "Vemos cómo un modelo que concentra aún más la riqueza construye un fantástico túnel (el Paseo del Bajo) para que a los vecinos de Puerto Madero no los molesten los camiones, mientras se inunda media (provincia de) Buenos Aires cada vez que llueve". Más hipócrita y cínico no se consigue.

Primero, porque ella vive en Recoleta, y tiene varios departamentos en Puerto Madero, donde -hasta no hace mucho- cobraba 31 mil dólares por mes, del bolsillo gigante de Cristóbal López.

Segundo, porque el Paseo del Bajo tiene cuatro carriles exclusivos para los más de 18 mil camiones y micros de larga distancia, que llegan -por esa vía- al puerto y a la terminal de Retiro. Además, el Paseo del Bajo (que tanto le molesta a Cristina) tiene 8 carriles para vehículos livianos: ocho de ida y ocho de vuelta, cuatro en sentido norte y cuatro en sentido sur. Se trata de más de 25 mil autos por día.

A los camiones les permite hacer en 10 minutos el recorrido que antes les llevaba más de una hora. A los autos, les ahorra hasta cuarenta minutos de tiempo. Es decir que, por vía directa e indirecta, les mejora y alivia la vida a más de 600 mil personas: la mayoría de las cuales vienen desde el conurbano a la Ciudad, y no al revés.

En tercer lugar porque, si bien es cierto que hace como treinta años que muchos vecinos del conurbano profundo chapotean en el barro y en el agua, los responsables son los intendentes y los distintos gobernadores, que -en su abrumadora mayoría- fueron peronistas. Como ella, Espinoza y muchos otros intendentes del conurbano que, dicho sea de paso, tampoco viven ni chapotean en el medio del barrio y del agua.

Son barones del cornurbano peronistas; barones con "b" larga, señor gobernador, Axel Kicillof. Dicen que trabajan para los pobres, y cada vez se vuelven más ricos.

Casi un año tardó el jefe de gobierno de la Ciudad, pero al final le cayó la ficha. Ahora vienen por él. Pero, ¿por qué? Porque, si gana, se va a acrecentar la posibilidad de que Cristina Fernández vaya presa o sea condenada y deba cumplir prisión domiciliaria, y la posibilidad de que Máximo Kirchner sea condenado. Estas probabilidades crecerán. Y mucho.

Además, si empiezan ahora, la militancia y lo más radical del kirchnerismo no va a dudar en destruirlo. Como intentaron hacer con Mauricio Macri y con Elisa Carrió. También trataron de hacerlo con Francisco De Narváez, Sergio Massa, Daniel Scioli, muchas organizaciones y empresas, como el Grupo Clarín, y una decena de periodistas.

El discurso de Máximo Kirchner del martes concentra un odio, un rencor y un veneno poco habituales en la política. Quizá, semejante rencor -que fue un gran motor para Néstor y Cristina Kirchner- tenga una explicación en el fuerte rechazo que reciben de parte de una buena parte de la sociedad.

En su momento, no hace mucho, a principios de octubre, la consultora de Jorge Giacobbe pidió a la gente que definiera con una palabra a Máximo Kirchner, y las que más se repitieron fueron: ladrón y corrupto. Seguidas por vago, parásito e inútil. El nivel de rechazo fue altísimo. Casi del 60 por ciento.

Solo gente como Hugo y Pablo Moyano, Luis D'Elía o Roberto Baradel concentran semejante nivel de repudio.

De todos modos, los analistas clásicos suponen que los ataques de este tipo terminan fortaleciendo a las "víctimas", que así sucedió con la mayoría y que a Larreta lo van a terminar de disparar hacia la estratóstera. Con todo respeto, yo me permito dudar.

Creo que, en cierto contexto, esto podría llegar a pasar; pero que un ataque, de años, sostenido, como los que sufrieron, por ejemplo, Carrió o Macri, siempre terminan haciendo daño.

A Macri, por su parte, lo pudieron llevar a la presidencia. Pero, al mismo tiempo, lo lastimaron desde el minuto uno de su gobierno. Tampoco fue muy feliz la estrategia de no responder, de dejar pasar y de permitir los ataques. Hasta cuando se incluía la violencia política.

Por eso, ahora alrededor de Larreta hay un debate saludable. La pregunta es: hasta cuándo va a poner la otra mejilla, en el nombre de la no agresión y la aversión a llamada grieta.

Es cierto que la embestida de Cristina, Máximo y Alberto no es, en el fondo, contra el jefe de Gobierno, sino contra los 6 millones de argentinos que vienen a la Ciudad todos los días. Pero también es cierto que quienes lo votaron y estarían dispuestos a votarlo para la presidencia de la Nación se preguntan si es justo que la consecuencia del apriete termine en un aumento de impuestos. Al uso de la tarjeta de crédito. O el impuesto a lo que sea.

Por: Luis Majul

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