Macri: del desánimo a la convicción de un triunfo en el ballottage

Macri pasó la mayor parte de las últimas semanas de recorridas por el interior
Macri pasó la mayor parte de las últimas semanas de recorridas por el interior Fuente: Archivo
Encara los últimos días de campaña con un entusiasmo renovado, luego de haberse sentido abatido meses atrás
Maia Jastreblansky
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4 de agosto de 2019  

Mauricio Macri rememoró en los últimos días un viaje que hizo a la ciudad de Atlanta en los 90. Les relató a sus colaboradores que había ido enviado por su padre para una gestión de la empresa Movicom y que había quedado impactado por lo pujante de ese enclave de Giorgia, alejado del epicentro político de los Estados Unidos. El recuerdo lo asaltó de repente, mientras miraba por la ventana de la camioneta oficial durante una gira en una de las provincias más pobres del país.

Cuando se acerca el final de su mandato, Macri reconoce ante su entorno lo lejos que quedaron los modelos que tenía cuando aterrizó en la Casa Rosada y las dificultades que tuvo para combatir la pobreza estructural.

Quienes trabajan cerca suyo aseguran que la crisis económica que se disparó el año pasado -y que sacudió muy fuerte al Gobierno en el primer cuatrimestre de este año-"golpeó duro" el ánimo de Presidente. El optimismo empedernido que lo caracterizaba vivió un súbito baño de frustración. Y cerca suyo comenzaron a ponderar el solo hecho de llegar al 10 de diciembre sin una debacle total.

"Zafamos de un 2001", dijo días atrás el Presidente, haciendo una retrospectiva, según pudo reconstruir LA NACION en diálogos con su entorno más cercano.

Insuflado por el repunte de Juntos por el Cambio que registraron las últimas encuestas, Macri se exhibe entre los suyos de mucho mejor humor. Le queda cómodo el traje de campaña que Pro sabe confeccionar a su medida. "Volvió a hablar de deportes como antes. Está proactivo y positivo. Hace tres meses la estaba pasando mal", dijo en estos días un viejo amigo suyo de la adolescencia. Estuvo con el Presidente en la quinta Los Abrojos, domingos atrás, para ver la final de la Wimbledon entre Novak Djokovic y Roger Federer.

Macri reconoce frente a sus colaboradores de campaña que encarará un duelo muy difícil con el kirchnerismo en las urnas. A diferencia de los más optimistas de su equipo, el Presidente pronostica que será una pelea de tres rounds, con ballottage, con final feliz. También, que empezará la contienda electoral de las PASO peleando de atrás.

"La gran diferencia en esta elección es que Juntos por el Cambio disputa electorado con otras boletas; en cambio, el kirchnerismo y el peronismo cosechan solos", señalaron en el Gobierno a LA NACION.

Macri apostó en los últimos días a que la gobernadora María Eugenia Vidal ganará en la provincia de Buenos Aires. Lo hizo más confiado en que repetirá su performance como candidata que basado en sondeos o en las proyecciones que le acercan los expertos de su laboratorio electoral, encabezado por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y por el asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba.

El Presidente no ignora las principales críticas que le dedican sus rivales en las urnas. "Estos gobiernan para los ricos... ¿Por qué vos los apoyás?", desafió -como en un juego de rol- a una vecina de Vicente López en una reunión de Defensores del Cambio, encuentros cerrados en que los voluntarios del oficialismo ensayan los argumentos para defender al Gobierno en sus grupos de WhatsApp.

Campaña

El equipo de Macri concentrará los últimos esfuerzos de campaña antes de las PASO en los principales centros urbanos de la región centro del país. Tendrá actos en las ciudades de Rosario, Córdoba y la Capital Federal. Terminará junto a Vidal, en la provincia de Buenos Aires.

Peña viene organizando junto con los funcionarios de la Presidencia viajes a las provincias en las que busca el voto "posible". Trata de reconquistar a los desencantados de su gestión o a los que quedaron sin candidato tras el acuerdo de Sergio Massa con el kirchnerismo.

Los viajes combinan actos puramente proselitistas con actividades catalogadas por la Casa Rosada como de "gestión". El Presidente viaja rodeado de un fuerte operativo de seguridad para evitar los escraches, organizados o espontáneos. Los momentos de riesgo son las sesiones de selfies.

El protocolo oficial le da escaso margen a la improvisación. Quienes viajan con él recuerdan que la custodia se enervó cuando el Presidente pidió frenar para saludar a los obreros en una ruta, en San Luis. Es muy difícil que se aparte de la agenda prevista, organizada con reserva por la Casa Rosada.

El Gobierno llega a las PASO mirando de reojo a la City porteña. Asegura que las claves de las elecciones de la próxima semana pasarán por la "interpretación" que hagan los mercados de los porcentajes que arrojen las urnas. Un juego de números muy delicado. Saben que la performance que tenga Juntos por el Cambio marcará a fuego los últimos cuatro meses del mandato que conquistaron en 2015.

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