Macri explicó su plan económico en EE.UU.

Se diferenció del peronismo y buscó dar signos de previsibilidad a los inversores
Se diferenció del peronismo y buscó dar signos de previsibilidad a los inversores
Rafael Mathus Ruiz
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21 de marzo de 2014  

NUEVA YORK.- Antes de despedirse con la promesa de volver, Mauricio Macri volvió a mencionar la palabra "cambio" al hablar del escenario político de la Argentina, pero, esta vez, lo hizo con un toque bíblico. "Nuestro trabajo es el del casi profeta que va buscando un cambio, que la gente asuma que depende de nosotros. No está escrito que tengan que gobernar siempre los mismos. Lo que está escrito es lo que vamos a hacer. Hay que hacerlo", pronosticó el jefe de gobierno porteño , sobre el final de una rueda de prensa en la sede del Consejo de las Américas.

Macri cerró ayer una agitada gira de dos días en Nueva York en la que mantuvo tres reuniones con inversores, analistas y ejecutivos de Wall Street. El último encuentro fue un almuerzo a puertas cerradas que se realizó ayer en el Consejo de las Américas, del que participaron empresas financieras, como Citigroup, HSBC, JP Morgan Chase, Credit Suisse, BBVA y Grupo Santander.

En Nueva York, Macri mostró pinceladas de sus preferencias en política económica, mucho más amistosas con el paladar del mercado que las del kirchnerismo, pero sobre todo se preocupó por mostrar convicción de que será el próximo presidente y convertirá el país en un imán para los inversores.

Macri dijo aquí casi todo lo que un inversor quiere escuchar: que respetará la independencia del Banco Central, que controlará la inflación, que quiere diálogo y consenso, que promoverá la innovación y la creatividad, que el subsidio tiene que ser sólo para el que lo necesita y que impondrá pragmatismo al vínculo del Estado con el sector privado.

"Sólo justificamos privatizar o estatizar en función de que eso beneficia a la gente, que eso le garantiza un mejor servicio a la gente, en calidad y en precio. No hacemos las cosas por cuestiones dogmáticas", afirmó. En el almuerzo en el Consejo de las Américas había abogados que siguen la pelea que la Argentina mantiene con los fondos buitre, liderados por el fondo Elliot Management, del magnate de Wall Street Paul Singer. Pero Macri se escudó en la decisión pendiente de la Corte Suprema de Estados Unidos y eludió el tema. Pero, con todo, dijo que quiere resolver los temas pendientes, y que la Argentina va a tener reglas claras, estables y va a generar un espacio para la inversión y la innovación y va a arrancar, con ellos o con otros inversores.

"Ellos tendrán que tomar la decisión de si lo creen o no. Yo les digo que nosotros vamos a gobernar desde 2015 y vamos a transformar a la Argentina en el país más demandado de los próximos 10 años", lanzó.

Pero por sobre todas las cosas Macri enfatizó aquí que quiere fortalecer la institucionalidad y acabar con la arbitrariedad, y promover el diálogo y el consenso como forma de hacer política. Dijo que la gente no quiere más "liderazgos personalistas, mesiánicos", y se mostró esperanzado con la posibilidad de cerrar un acuerdo entre todos los candidatos presidenciales antes de las elecciones del año próximo sobre algunas políticas de Estado. En su equipo hablan, incluso, de un "presidencialismo de coalición".

Esa búsqueda de consensos fue una de las marcas que intentó dejar aquí, en lo que comenzó como una invitación a una cena de gala de Jack Rosen, uno de los líderes de la comunidad judía de Estados Unidos, y terminó por convertirse en su primer viaje a Estados Unidos como candidato presidencial.

Macri se diferenció del gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, y de su otro gran rival peronista, Sergio Massa, que estará en Nueva York la semana próxima. "Nosotros tenemos la coherencia de que somos diferentes por lo que hicimos. Ellos tienen que arrancar por una enorme autocrítica porque avalaron todas esas políticas que ahora dicen que van a cambiar", afirmó.

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