Malestar de los marinos de la Fragata antes de la partida

Hubo quejas por la forma en que la Presidenta se refirió al buque escuela y por la decisión de evacuarlos; llegarán hoy a Buenos Aires
Elisabetta Piqué
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24 de octubre de 2012  

TEMA, Ghana.– Sopla viento, el mar está movido, el cielo nublado y no hace tanto calor en la última tarde africana de 281 tripulantes de la Fragata Libertad. " Nos mató lo que dijo Cristina ", dice Ivana González mordiéndose el labio inferior.

Junto con otros 280 marinos, González abandonará hoy el emblemático buque escuela argentino para partir en un vuelo de Air France fletado por el Gobierno, que llegará a Buenos Aires, a las 20. Para todos ellos, ya golpeados por la orden de abandonar el buque, algo contranatura para cualquier marino, la frase pronunciada anteanoche por la Presidenta –"Se podrán quedar con la Fragata, pero con la libertad, la soberanía y la dignidad de este país no se va a quedar ningún fondo buitre ni nadie"– fue como una última estocada.

"No, no, no... No me pareció bien lo que dijo. Me dolió mucho", se quejó González. Sus palabras resumen el sentimiento generalizado del resto de los tripulantes del buque escuela en las horas previas a la partida.

"Ella no navegó en este barco y no sabe lo que se siente... Se me pone la piel de gallina. Puede haber otros que piensen distinto, pero me parece que patriotismo es querer recuperar como sea algo nuestro. Me siento patriota no dejando algo que me pertenece, sino agotando hasta la última posibilidad para recuperarlo", agrega González, mientras aguanta las ganas de estallar en lágrimas.

Apodada "Jujeña Gaviera" porque trabaja en las maniobras de vela y está entre aquellos marinos que se suben a los palos, vestidos de fiesta, cuando llegan a un puerto –una de las características más amadas de la Fragata–, la cabo González es una de las siete mujeres suboficiales del buque. No tiene miedo de revelar su nombre. "Seguro que me van a decir algo, pero ya no me importa nada."

Y añade: "Ya nos vamos, ya hicimos lo que tuvimos que hacer y el consuelo para mí va a ser volver a ver a mi familia".

Pelo recogido morocho, ojos negros brillosos, esta jujeña de 23 años está haciendo su última guardia al lado de la planchada, debajo de una sombrilla blanca. En la última jornada antes de la gran evacuación, el ritmo es intenso. Entre silbidos, campanadas y anuncios desde el altavoz, vienen a despedirse representantes de las embajadas a las que pertenecen los 36 marinos extranjeros presentes en el buque escuela (de Chile, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Brasil, Perú, Surinam y Sudáfrica), que se quedará con una dotación reducida de 44 tripulantes más el capitán.

La embajadora argentina en Nigeria, Susana Pataro, que se ha desplazado hasta Ghana porque aquí no hay legación diplomática, también se encuentra en la nave, alistando los últimos trámites junto a los altos oficiales. Van y vienen directivos de la autoridad del puerto de Ghana, que finalmente han recibido la notificación de la salida de los marinos, por lo que comenzaron a implementar los trámites migratorios.

Por segundo día consecutivo, no hay picadito de fútbol en la explanada del muelle frente a la Fragata. De vez en cuando bajan algunos tripulantes para ir a hacer las últimas compras –algún bolso, algún suvenir–, aunque ya nadie puede desplazarse hasta Accra, la capital, que queda a unos 30 kilómetros de este puerto comercial de lo más transitado, donde la Fragata es considerada un estorbo. Con 104 metros de eslora, la nave argentina le está haciendo perder plata al puerto de Tema: ocupa un lugar que debería servir a otros buques comerciales para descargar y cargar mercadería y por eso pronto deberá cambiar de lugar, según se informó.

Sopla el viento, el cielo está nublado y en este último día antes de una evacuación no querida por nadie la sensación es que los marinos –hasta ahora muy cautos– necesitan descargar bronca, pena, lástima, indignación. La "gaviera jujeña" no es la única que se sintió herida por las palabras de la Presidenta.

"Nos dolió bastante. Nosotros estamos acá para defender nuestra soberanía y lo que dijo quiere decir que no le importa lo que es nuestro", denuncia otro marinero muy joven, que prefiere el anonimato. "Nuestra función es servir a la patria, no abandonar lo que es nuestro. La Fragata representa a la Argentina, a nuestro país, en todo el mundo... Que la dejen en un lugar como éste, o en cualquiera, aunque sea Francia, Inglaterra o donde sea, que la abandonen y que la Presidenta diga lo que dijo fue una puñalada", agrega, muy serio.

"Un acuerdo diplomático era imposible, eso lo sabíamos, pero todos esperábamos que el Gobierno pagara la fianza para poder volver nosotros con la Fragata, como corresponde, y no dejarla acá. Hasta ayer teníamos la esperanza de que se decidieran a pagar, pero con lo que dijo la Presidenta... Nos dolió mucho, es verdad... Ésta era nuestra casa, la cuidamos, la poníamos linda y presentable cuando llegábamos a los puertos, para cada uno de nosotros el buque representaba el país".

Apoyados en la baranda del buque, hablando a los gritos con esta enviada, en el muelle, otros marinos coinciden. "Si estamos mal es porque este barco es Argentina, acá hay gente de todas las provincias, nadie entiende lo que vive el marino acá arriba. Para nosotros no es lo material, es la Fragata Libertad", dice uno, golpeándose el pecho, en un gesto como para que quede claro el golpe recibido con la frase de la Presidenta.

"Nosotros cuando zarpamos llevamos un pedazo de Argentina en este barco a cada lugar. Jamás nos sentimos lejos de nuestra patria porque todas las mañanas cantamos el himno nuestro y el de Ghana e izamos nuestro pabellón, junto al de Ghana. Esto es como que te digan que te tenés que ir de tu casa", dice otro, vestido de remera blanca, shorts y zapatillas azules, el uniforme deportivo del barco.

El viento y el ruido de los motores de las grúas que utiliza el pesquero amarrado al lado de la Fragata, que se la pasa sacando atunes de sus redes, dificultan la conversación.

Pero otros marinos se suman a esta suerte de última catarsis colectiva. "Nadie va a entender el signficado que tiene este barco para cada uno de nosotros. Lo va a entender solamente quien vive acá", asegura un tripulante, también enojado por la falta de información absoluta a la que han sido sometidos, según denuncia. "Nos enteramos de que nos vamos mañana porque leemos los diarios o nos llaman las familias, acá no nos dicen nada, no sabemos a qué hora nos vamos, cómo nos vamos, si es un vuelo directo, si podemos llevar dos valijas, qué podemos llevar... ¡Es una incertidumbre de las pelotas!"

Comienza a atardecer, corre una brisa agradable, no hace ese calor pegajoso de los días anteriores y la cabo González, nacida en el interior de Jujuy, tiene un nudo en la garganta. "Al embarcar yo tenía un sueño, navegar en la Fragata, trabajando en las maniobras de vela, llegando a Buenos Aires como gaviera. Mi sueño era llegar y que mi familia me recibiera allí, en el puerto de Buenos Aires... Esto es algo que quedó demorado, una traba para mi sueño, para mi objetivo. Y dejar el barco, que es un barco muy valioso, único, es un dolor muy grande."

Del editor: qué significa.

La bronca de los marineros les pone rostro humano a los fracasos que encadenó el Gobierno en el caso de la Fragata, de la elección del itinerario a las herméticas y vanas negociaciones.

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