Massa: ante el desafío de quebrar la polarización

Tras el bajón de los últimos meses, el diputado dio un vuelco a su campaña y apostó a mostrar sus ideas y equipos
Marcelo Veneranda
(0)
9 de agosto de 2015  

"¿Qué pasó? ¿Inventé la vacuna contra el sida?", le preguntó Sergio Massa a un encuestador del kirchnerismo que lo llamó esta semana para avisarle que había subido 6 puntos. El diputado y precandidato presidencial de UNA llega a este domingo con ganas de tomarse revancha de las consultoras que lo dieron por muerto en los últimos meses y ahora, sugestivamente, habrían comenzado a mejorar sus cifras.

Pese a ese ánimo, ni siquiera el ex intendente de Tigre se anima a aventurar cuál será su suerte hoy ni, mucho menos, si logrará su objetivo: evitar una polarización entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, y acercarse lo más posible al líder de Pro, para intentar entrar al ballottage en octubre.

Ya en 2013, cuando derrotó al kirchnerismo en Buenos Aires, al Massa de 41 años que se llevaba el mundo por delante le habían anticipado que iba a ser difícil mantenerse en el centro del ring durante dos años más, frente a dos rivales con poder de fuego estatal y con años en la misma carrera.

Massa llegó a la cúspide de popularidad en 2014, al denunciar y frenar la reforma penal. Allí, en su mejor momento, empezó a flaquear. Se enredó en alianzas que le restaron (Raúl Othacehé) o fracasaron (Martín Insaurralde) o eran incompatibles sin el calor de las encuestas (Darío Giustozzi y Francisco De Narváez). Sin una gestión para mostrar, dependía enteramente de su discurso, pero le quitó profundidad.

Se manejó mejor en la adversidad que en la prosperidad. Este año, luego de perder la interna del radicalismo con Pro y sufrir una sangría de aliados, Massa se dedicó a difundir propuestas y mostrar a sus equipos, dos de sus mejores argumentos. El tercero es el cuerpo a cuerpo de la campaña, en la que se mueve con la naturalidad que les falta a sus rivales. Tras el sacudón de los últimos meses, Massa escucha más a quienes permanecieron a su lado. A su mujer, a los intendentes, a Graciela Camaño, a Felipe Solá, a Roberto Lavagna. En estos últimos días, su teléfono volvió a sonar como antes. ¿Le alcanzará?

Entrenados en combate

Rodearse de un equipo económico "probado en combate" fue una de las prioridades de Sergio Massa, que colocó a Roberto Lavagna al frente de un staff que reúne a dos ex presidentes del Banco Central, Martín Redrado (plan antiinflacionario) y Aldo Pignanelli (sistema de créditos para vivienda); a Ricardo Delgado (infraestructura energética, transporte y telecomunicaciones), Guillermo Nielsen (finanzas), Marco Lavagna (economías regionales) e Ignacio De Mendiguren (industria).

El equipo agropecuario reúne a Gilberto Alegre, Carlos Garetto (ex titular de Coninagro), Jorge Solmi (vice de la Federación Agraria) y Eduardo Buzzi (ex presidente de esa entidad).

Massa anticipó que si llega a la Presidencia su ministro de Educación será Gustavo Iaies (participó en las reformas educativas de Chile y México); que Daniel Arroyo se ocupará de Desarrollo Social (fue viceministro), y Diego Gorgal recalará en Seguridad (se especializó en Georgetown).

Santiago Cantón, ex titular de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, podría abocarse a esa área o a las relaciones diplomáticas. Pero Massa quiere convertir a las embajadas en oficinas comerciales, y Redrado se ofrece para la tarea.

Los rostros políticos y visibles del staff jurídico son los legisladores Graciela Camaño, Adrián Pérez, Ramiro Gutiérrez y Mauricio D'Alessandro. Mirta Tundis podría tener destino en la Anses. Sergio Federovisky, en la Secretaría de Ambiente.

Del discurso vacío a las propuestas

Positivo

Massa centró su campaña en propuestas. Sus puntos fuertes: 82% móvil para jubilados; reforma educativa y de planes sociales; un Código Penal que endurece penas al narco y la corrupción; eliminación de Ganancias para trabajadores y pymes que reinviertan y de las retenciones a economías regionales, cereales y carne, y un plan de vivienda y empleo.

Negativo

Massa falló cuando quiso ser a la vez candidato, jefe de campaña y de prensa, mientras armaba un partido nacional en sólo dos años. No infundió confianza para sumar más aliados y apoyos económicos, que lo vieron impredecible y se esfumaron cuando cayó en las encuestas. Transitó meses con un discurso superficial, que corrigió este año.

"Yo respeté a los votantes con propuestas y puedo mostrar a mis equipos con orgullo. Scioli y Macri no pueden decir lo que quieren hacer"

"Voy a barrer a los «ñoquis» de La Cámpora que nos quieren dejar"

MÁS LEÍDAS DE Politica

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.