Massa, el intendente que no puede dejar de reír

En las primarias obtuvo el 64,8% y le sacó 60 puntos al segundo
Marcelo Veneranda
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20 de septiembre de 2011  

Sergio Massa viaja en su camioneta con los vidrios bajos. Mientras señala la fila de camiones cargados con materiales de construcción que van de un lado a otro por Tigre, las nuevas avenidas con las que se formará un anillo vial en el partido y los polideportivos que inauguró en los últimos meses, se deja ver por los vecinos. A veces, se muestra deliberadamente. Desde una ferretería, un joven le pide que pare; le cuenta que no lo votó en las primarias, pero que lo hará en octubre. "Por las cámaras de seguridad", le explica. A Massa, la sonrisa no le cabe en el rostro.

Con ese optimismo se mueve el intendente de Tigre tanto por los countries como por los barrios más pobres de su partido, luego de obtener el 64,8 por ciento de los sufragios en las internas del 14 de agosto pasado, con lo que fue el segundo jefe municipal más votado del conurbano, apenas superado por Darío Giustozzi, de Almirante Brown, que obtuvo el 65,18 por ciento.

Massa evita decirlo abiertamente, pero está convencido de que sus números mejorarán en octubre, cuando reciba los votos que en las primarias fueron para sus rivales dentro del Frente para la Victoria, de que en Tigre hizo la mejor elección de toda la provincia, con el 71,6% de los sufragios, y arrasó con la oposición: el partido vecinal Acción Comunal obtuvo el 5,5%; la Udeso de Ricardo Alfonsín y Francisco de Narváez, el 5,22; el Frente Popular de Eduardo Duhalde, el 4,7 por ciento.

Con 2200 industrias, la oferta hotelera en alza y un boom de la construcción que atrae inversiones constantes al municipio (en los últimos dos años se construyeron 2,5 millones de metros cuadrados), no son pocos los intendentes que confiesan cierta envidia por las "condiciones naturales" de Tigre, eufemismo con el que intentan explicar la suerte electoral de Massa.

Frente a la computadora de su despacho, donde recibió a LA NACION, Massa prefiere hablar de "gestión", mientras señala el informe, detallado por día y rubro, de los ingresos municipales. Son 700 millones de pesos anuales, sin contar los fondos coparticipados; más un detalle: un ahorro en plazo fijo de 110 millones de pesos para asegurar el pago de sueldos en caso de que las partidas de la provincia o la Nación llegaran a escasear.

Es la experiencia "de estar parado todos los días sobre los números", que, según dice, adquirió durante su paso por la Anses más que en el tiempo que fue jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, cargo que abandonó tras la derrota en las elecciones legislativas de 2009, cuando quedó en la cornisa del kirchnerismo.

Blindado a las críticas

A pesar del corte de boleta que en 2009 benefició a la candidatura de su mujer, Malena Galmarini, por sobre la boleta del Frente para la Victoria, Massa insiste en que el kirchnerismo siempre obtuvo en Tigre mejores números que en el resto de la primera sección electoral, en el norte del conurbano. "Acá se frenó el «Denarvazo» en 2009 y el «Duhaldazo» en 2011", dice, para explicar que el éxito del Gobierno en las internas tuvo que ver con que "sólo Cristina expresó un proyecto nacional", mientras que la oposición padeció sus incoherencias: "De Narváez se separó de la esposa para casarse con la suegra", dice con picardía, en alusión a la alianza con la UCR.

Los opositores consultados por LA NACION casi no tienen críticas directas a la gestión de Massa. Hablan de que "todo es perfectible", pero hoy se enfocan en crecer a partir del voto en blanco, que rondó el 12%, con una consigna central: que Massa no se quede con los doce cargos de concejales en juego.

Para explicar por qué lo votaron casi siete de diez tigrenses, Massa prefiere salir a la calle. La primera parada es en uno de los 13 polideportivos que inauguró en los últimos dos años, con canchas de fútbol, básquet, bochas, juegos para niños y pileta climatizada. "Los vecinos sólo pagan ocho pesos mensuales", destaca, mientras una jubilada se acerca para reclamarle por goteras en el quincho. Massa traga saliva, pero vuelve a sonreír cuando la vecina le explica que, en realidad, quiere que el quincho sea "más" lindo. "¿Viste? Elevamos el umbral de las necesidades de la gente", dice el intendente.

La segunda parada es en el Centro de Operaciones de Tigre (COT), donde medio centenar de jóvenes analizan las imágenes de las 619 cámaras de seguridad del municipio, monitorean si patrulleros y colectivos circulan normalmente y se reciben las llamadas de Alerta Tigre, el sistema de botones de pánico que funcionan en escuelas, ómnibus y hasta en las casas de las manzaneras. Antes de fin de año, habrá 800 cámaras que también empezarán a fijar multas de tránsito. "Después de las elecciones de octubre", admite el intendente.

La tercera parada es en la escuela René Favaloro para niños discapacitados y el Jardín Hugo Midón, construidos a la entrada de la villa Las Tunas, uno de los sectores menos favorecidos de Tigre. Aunque dependen de la provincia, fueron levantados con fondos del municipio y por empresas privadas, a cambio de la autorización para construir countries y centros comerciales. El baño de popularidad se repite. "¡Massa!", le grita un niña en silla de ruedas. Otro le pide un beso. Lo reconocen por "la tele", por los carteles o por el club de fútbol Tigre. Las maestras también se acercan: quieren una foto con el intendente. Una, de hecho, le pregunta cómo conseguir uno de los carteles con las letras "+ a" que los militantes cuelgan frente a sus casas. La sonrisa vuelve al rostro de Massa.

Habilitarían a Pepe Scioli

José Scioli está más cerca de ver rehabilitada su candidatura a senador nacional por Udeso. El juez Manuel Blanco entendió que no cumplía con los dos años de residencia. El aliado de Francisco de Narváez apeló y el fiscal Jorge Di Lello apoyó su postulación. Ahora resolverá la Cámara Electoral.

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