Aliados en tensión: cómo son los vínculos detrás de las duplas que movilizan la política

Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta
Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta Crédito: Alfredo Sabat
Jaime Rosemberg
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16 de agosto de 2020  • 03:14

  • Fernández y Larreta, unidos en el "negocio del centro"

Alberto, decime, ¿cambió la onda? Avisame así veo que hago.

- Tranquilo, Horacio, sigue todo bien.

El diálogo, palabras más o menos, se dio la semana pasada, luego de que el presidente Alberto Fernández afirmara que la ciudad descuidaba a los adultos mayores contagiados de coronavirus y que muchos se iban "a atender a los hospitales de la provincia". El intercambio, promovido por Horacio Rodríguez Larreta, fue uno de los escasos momentos críticos de una relación de "colaboración" y dependencia mutua entre el Presidente y el jefe de gobierno porteño, una alianza táctica que se renovó el viernes y que es mirada con recelo por Cristina Kirchner y Mauricio Macri, pero que ellos creen necesaria y conveniente, más allá de la pelea contra el coronavirus.

Comunicados casi diariamente vía WhatsApp, Fernández y Rodríguez Larreta tejieron un vínculo sólido más allá de alguna disidencia, como la que protagonizaron en la reunión tripartita, hace 15 días, antes de las críticas del Gobierno a la situación de las camas en la ciudad. "Con él está todo bien, cumple con los acuerdos. El tema es cuando los gurkas de su espacio le llenan la cabeza en nuestra contra", afirman cerca del jefe de gobierno, dónde distinguen entre "Alberto" y su vicepresidenta. "Ella no nos quiere y no se molesta en disimularlo", dicen cerca del dirigente de Pro.

"No hay una decisión de pegarle a Larreta, sí hay discusiones puntuales y le decimos lo que pensamos", afirma un vocero del Presidente, que minimiza la influencia de Cristina en ese vínculo, más allá de las críticas que la propia vicepresidenta suele hacerle a la gestión porteña. "No se mete. El que gobierna es Alberto", aseguran desde un despacho importante.

Cerca de ambos aseguran que hay ya negociaciones de proyectos compartidos, una "agenda hacia el futuro", económica y sanitaria. "La avenida del medio reditúa para los dos. Veremos hasta cuándo dura", afirman en el grupo de los incondicionales de Rodríguez Larreta, que tiene -quizás más que Fernández- a 2023 en el horizonte.

  • Máximo y Massa, el "pacto de no agresión" entre dos presidenciables

Máximo Kirchner y Sergio Massa
Máximo Kirchner y Sergio Massa Crédito: Alfredo Sabat

"Sergio siente que durante mucho tiempo pensó solo en el futuro. Hoy se enfoca en la gestión y está contento, siente que lo escuchan y lo respetan". La reflexión surge muy cerca de Sergio Massa, el titular de la Cámara de Diputados que parece haber encontrado en el Frente de Todos su lugar en el mundo. Como parte de esa nueva realidad, Massa comparte el día a día con Máximo Kirchner, el jefe del bloque oficialista en la Cámara baja y siempre candidato, como él, a suceder a Alberto Fernández en la Casa Rosada, en el hoy remoto 2023.

El vínculo, que cerca de Massa definen como "de laburo cotidiano, de gestión, y político" tiene, claro, sus reglas. En la Cámara baja, el jefe de La Cámpora maneja la Secretaría Administrativa a través de Rodrigo "Rodra" Rodríguez, la "caja" a través de la cual se manejan gastos y nombramientos. Massa, en tanto, se quedó con la Secretaría Parlamentaria, a cargo de Eduardo Cergnul. "Trabajan en conjunto, pero la gente de Máximo controla lo que se gasta y a quienes se nombran. Nadie más se entera", afirma una informada fuente parlamentaria. La estrategia compartida incluye, cada uno por su lado, mantener lazos con la oposición, un esfuerzo que Cristina Kirchner no parece estar dispuesta a hacer en el Senado. "Hay algún diálogo en el Congreso. Y el pibe trata de ser educado", describe a Máximo -hoy de 43 años, cinco menos que Massa- una importante espada legislativa de Juntos por el Cambio.

"Articular política lo hizo siempre. Ahora está empezando a salir de los confines de La Cámpora", afirma un integrante del espacio que comanda Máximo. Con la confianza de Massa, el hijo mayor de Néstor y Cristina Kirchner da sus primeros pasos en la política grande, mientras su agrupación espera, expectante, ese salto de calidad que lo transforme a mediano plazo en un líder a escala nacional.

  • Máximo y Kicillof, la disputa por la "bendición" de Cristina

Axel Kicillof y Máximo Kirchner
Axel Kicillof y Máximo Kirchner Crédito: Alfredo Sabat

Desde la gobernación de La Plata aseguran que el diálogo entre ellos es "permanente" y que incluso los actos compartidos -como el de fines de mayo, en Bernal, junto al presidente Alberto Fernández- son una muestra de ese intercambio constante. A pesar de no ser parte de la "orga", La Cámpora, y de gobernar con mayoría de hombres y mujeres ajenos a esa estructura, Axel Kicillof es uno de los niños mimados de Cristina Kirchner, a quien consulta "en cada decisión importante", sostienen a su lado. Lo mismo dicen cerca de Máximo, a quien sus incondicionales ven en condiciones de jugar por el trofeo más importante cuando Fernández termine su mandato. "No está claro a quién elegirá Cristina", coinciden desde el Frente de Todos, donde también señalan que no hay margen para que el elegido por ella sea un tercero. "De Axel y Máximo no sale", dicen en referencia al delfín que pretende ungir Cristina como sucesor de su legado en la política argentina.

Más allá de la cordialidad, el diputado y el gobernador muestran estilos políticos diferentes. En la relación con los intendentes, no son pocos los jefes comunales peronistas que hablan del "carácter difícil" del gobernador y le adjudican "prejuicios" para con ellos; entre ellos, quienes participaron en la videoconferencia del jueves, previa a la nueva prórroga de la cuarentena. Kicillof tampoco estuvo en la reunión -de la que sí fue protagonista Máximo Kirchner- con varios de los principales empresarios del país, a fines de junio pasado, a la que el líder de La Cámpora llegó junto a Sergio Massa.

La reciente incorporación del camporista Andrés "Cuervo" Larroque al gabinete de Kicillof-coinciden desde ambos búnkers- acercó más el vínculo, aunque nadie quiera, por el momento, hablar de futuro. "No quiere oír hablar de elecciones hasta que pase la pandemia", dicen cerca del exministro de Economía de Cristina Kirchner. "Máximo es un armador inteligente y más pragmático de lo que se suele decir. Kicillof es el gobernador de la provincia más grande y una cara bonita y visible. Está todo abierto", los distinguen dentro del ala camporista del Frente de Todos.

  • Macri y Larreta, un vínculo atravesado por la reconquista del poder

Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio Macri
Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio Macri Crédito: Alfredo Sabat

Durante mucho tiempo, Mauricio Macri vio a Marcos Peña como su sucesor ideal. Su estilo de vida austero y la falta de proyecto político propio lo convirtieron durante años en el favorito del líder de Pro. Con Horacio Rodríguez Larreta sus caminos se cruzaron hacia 2002; compartieron la fórmula porteña derrotada en 2003 por Aníbal Ibarra y desde allí caminaron juntos, aunque nunca fueron amigos. Macri respeta y valora desde siempre su capacidad de trabajo, aunque hasta hace poco decía que le faltaba carisma. Claro que Rodríguez Larreta -con su apoyo- se convirtió en su sucesor en la ciudad y puso proa en su propio proyecto presidencial. Ahora, si bien cerca del expresidente repiten que están "más unidos de lo que muchos creen", Rodríguez Larreta se transformó en blanco de varias de sus críticas, como la del lunes en el Zoom de Juntos por el Cambio, dónde repitió que el modelo de cuarentena que propone el Gobierno -y que Larreta consensúa día a día con Alberto Fernández- "no va más". Esta vez no repitió, como lo hizo anteriormente según testigos, que "Horacio no se anima" a plantear con fuerza diferencias con la Casa Rosada. También espera de él una defensa más efusiva ante las causas judiciales en su contra.

El jefe de gobierno porteño no respondió -se había ido del Zoom cuando llegaron las críticas-pero cerca suyo tomaron nota. "Es la relación más compleja para Horacio. Mauricio quiere una reivindicación, está haciendo su duelo en el llano y le cuesta ceder poder", susurran cerca del jefe de gobierno porteño, que se aleja -en los hechos, más que en la retórica- del discurso combativo del expresidente en cuanto a la cuarentena y el kirchnerismo. "La suya es una construcción de centro", repiten desde el larretismo, cuya cabeza prefiere hoy la compañía de María Eugenia Vidal, pero también las de Martín Lousteau, Rogelio Frigerio o Emilio Monzó, los tres distantes del círculo de poder de Pro.

"Entre ellos nunca va a correr sangre. Trabajan juntos hace veinte años", define un histórico de Pro que conoce bien a ambos, aunque una eventual candidatura de Macri a legislador el año que viene supone un dolor de cabeza para los planes de su exjefe de gabinete.

  • Alberto y Cristina, diálogos y cuentas pendientes en la cúspide del Gobierno

Cristina Kirchner y Alberto Fernández
Cristina Kirchner y Alberto Fernández Crédito: Alfredo Sabat

La orden es clara: hablar lo estrictamente necesario sobre ella, y negar cualquier cortocircuito importante. "Algún sector de la sociedad y del análisis político está con una atención quizá desmesurada respecto de posibles matices o diferencias", le dijo la semana pasada a LA NACION Alejandro Grimson, miembro del consejo de asesores del presidente Alberto Fernández, en torno a la relación del primer mandatario con la socia mayoritaria del espacio: Cristina Kirchner. "La relación [entre ellos] es muy buena. Siempre hablan y esta semana no fue la excepción", afirman muy cerca del Presidente, y agregan que la producción de la vacuna contra el coronavirus en el país fue, "entre otros temas", parte de la conversación entre ambos, aunque la vicepresidenta no exteriorizara su alegría por el logro. "Cuando habla dicen que interviene mucho, cuando se queda callada es porque no están bien", ironiza un funcionario en torno a la insistencia periodística sobre el vínculo.

Con el mismo énfasis, en el Gobierno niegan la influencia de Cristina hasta en el proyecto de reforma judicial y minimizan sus críticas directas, como las que hizo a la reunión de Fernández con empresarios, el 9 de julio. Más allá de la necesidad de "poner límites" y construir poder, no hay ánimo para cuestionarla, aunque la propia expresidenta susurre en recientes reuniones privadas que el ritmo de trabajo del Gobierno le parece "un poco lento" y hasta proponga soluciones y planes en materia económica para aplicar en la pospandemia. "No tiene oficina en la Rosada, hizo un pacto con Alberto y lo va a cumplir hasta el final. Se concentra en el Senado y acá no se mete", reiteran cerca del Presidente, con una mezcla de convicción y esperanza.

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