Menem da un giro agresivo a su campaña

Por Paola Juárez De la Redacción de LA NACION
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10 de mayo de 2003  

Carlos Menem dio hace 48 horas otro vuelco en su campaña. De mostrarse con sus equipos técnicos para intentar borrar la imagen del menemismo de la última década pasó a liderar una catarata de denuncias de alto impacto: contra el Presidente, su gobierno y su candidato, Néstor Kirchner.

Se puso agresivo y no tiene pensado detenerse. En el primer piso del hotel Presidente, su búnker, analizó en las últimas horas una ofensiva publicitaria dura en la que se hablará del "Chirolita" de Duhalde, con referencia al padrinazgo político que el jefe del Estado ejerce sobre Kirchner, y de la "prepotencia bonaerense" del Presidente, a quien volverá a acusar de haber provocado la caída de Fernando de la Rúa.

Después de haber "elaborado el duelo" por el ajustado triunfo del 27 de abril último, que incluyó una profunda crisis en el entorno menemista, el ex presidente habíaoptado por un perfil "más realista" y mesurado. Empezó a hablar de "errores del pasado", admitió que podía perder las elecciones (algo que años atrás jamás se hubiera permitido) y quiso mostrar una imagen de acción frente a las versiones sobre que se bajaría de la candidatura y a lo que él define como "la ausencia deliberada" de su rival.

Menem estaba decidido a dar la pelea, pese al complejo panorama que tiene para el ballottage, irreversible para los encuestadores. Se puso mal cuando se habló el lunes último de su eventual renuncia. Después se calmó y ni se inmutó cuando Kirchner lo denunció por buscar un "golpe institucional encubierto".

Pero lo que lo llevó a dar un vuelco en la campaña y volverse agresivo fue un desafío público de su eterno enemigo: Duhalde. El Presidente dijo, en medio de versiones de que Menem se bajaría de su candidatura ante una segura derrota, que al ex presidente le quedaban dos posibilidades: perder por knock out o por abandono.

"Le tocó el amor propio", dijo ayer a LA NACION una fuente con ingreso irrestricto al primer piso del hotel Presidente. Menem no toleró el nuevo ingreso del Presidente en la campaña y contraatacó: dijo que el Gobierno compró votos (aunque no hubo denuncia alguna de fraude en la Justicia), que se enfrenta a un "aparato infernal", que si gana Kirchner no terminará su mandato, y hasta el empresario Francisco de Narváez, su hombre en el área social, dijo ayer que hubo "manejos electorales" con los planes Trabajar.

El único gesto que está fuera de la ofensiva agresiva de Menem y los suyos fue que ayer admitió que estaba 10 puntos por debajo de Kirchner en las encuestas. "Las encuestas nos están dando un poco por debajo, entre 10 o 12 puntos, pero estamos pensando en remontarlo", dijo el ex presidente.

Su compañero de fórmula, Juan Carlos Romero, dijo a LA NACION que esa definición se hizo porque el menemismo maneja datos que se contradicen con los sondeos que maneja el Gobierno, en los que la diferencia que obtendría el gobernador de Santa Cruz sobre el ex presidente sería cercana a los 40 puntos de ventaja.

La estrategia

Menem intenta actuar rápido y escucha a pocos hombres: a Eduardo Bauzá, que sigue a su lado pese al alejamiento público, a Alberto Kohan, a Romero, que tiene a su cargo contactos políticos y los equipos técnicos, a su hermano Eduardo, el senador, y a veces a Carlos Corach. A ese grupo se sumó el empresario Francisco de Narváez, que en poco tiempo se ganó su lugar en el círculo íntimo.

De Narváez está al frente, además del área social, de toda la campaña publicitaria. Y en esa área es donde el ex presidente piensa atacar de nuevo: en los avisos y afiches de la vía pública se concentrará la ofensiva.

A esto se sumarán las declaraciones de Menem que en los días que le quedan de campaña se dedicará a aparecer en los medios, tener encuentros políticos, visitar distritos de la provincia de Buenos Aires y reforzar la explicación de su plan de gobierno. Mañana citó a su potencial gabinete a un reunión como si ya todos estuvieran en sus cargos.

La publicidad de Menem tendrá slogans del tipo "Si votas a Kirchner, votas a Duhalde", "Kirchner es el De la Rúa de Duhalde y Duhalde hizo caer a De la Rúa". En uno de los avisos, una voz en off dice "Si gana Kirchner, vuelve Duhalde. Si gana Menem, vuelven todos", y aparecerán imágenes de varios políticos; entre ellos se verá a Ricardo López Murphy.

Una fuente del círculo íntimo del ex presidente afirmó a LA NACION que será el último golpe de efecto de la campaña de Menem, y que será reforzado por los ataques constantes del candidato presidencial hacia su rival y, más que nada, hacia el Presidente.

La estrategia de Menem es atacar a Duhalde y sólo menospreciar a su rival con su frase de que Kirchner es el De la Rúa de Duhalde. La agresividad de Menem es analizada en la intimidad de Kirchner como "actos desesperados" ante la segura derrota.

Todavía quedan sospechas, sólo cerca de Duhalde, de que el ex presidente podría hacer alguna maniobra para no presentarse al ballottage. Por esa razón, el Presidente buscó provocarlo con su declaración sobre el abandono y el knock out. El Gobierno teme que Menem no compita en el ballottage y deje a Kirchner en una extrema debilidad: sería presidente con menos del 25 % de los votos.

Entre los hombres de confianza de Menem juran que su jefe irá a la elección. Se enfurecen cuando se los consulta sobre la posibilidad de que Menem no compita. Sólo una fuente, en absoluta reserva, admitió que hay un sector que impulsa la idea y que en las próximas horas se tomaría una decisión, después de leer las últimas encuestas.

A sólo ocho días de la pelea final, la historia podría cambiar de golpe.

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