Menos tensa, la Presidenta bajó el tono de sus críticas

En un acto en Ezeiza, aludió al discurso de su hijo Máximo en Argentinos Juniors
Mariana Verón
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3 de octubre de 2014  

Borrón y cuenta nueva. Cristina Kirchner se mostró ayer como si nada hubiera pasado tras la crisis que se desató a partir de su encendido discurso del martes, que obligó al entonces presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, a dejar su cargo ante las acusaciones que le dedicó la Presidenta.

Sonaba el clásico "Avanti morocha", los papelitos celestes y blancos caían sobre el escenario y Cristina bailaba junto a Dulce Granados, la mujer del ministro de Seguridad bonaerense y mandamás de Ezeiza, Alejandro Granados.

En ese clima de distensión tras un día caliente en los mercados, la Presidenta bajó el tono de sus críticas y jugó con la interna política, tanto nacional como bonaerense.

De paso, envió un guiño a su hijo, Máximo Kirchner, a quien sin mencionar, aludió por primera vez desde que el fundador de La Cámpora se presentó en público hace dos semanas en su estreno como líder político de la juventud en el estadio de Argentinos Juniors.

"Solamente sirve crecer en economía cuando se crece con la gente adentro, como dice uno que yo sé", resaltó, y enseguida debió aclarar: "El de sanseacabó ". Era en referencia a la ya famosa frase de su hijo cuando apuró a la oposición a que compitiera con Cristina en 2015.

El que entendió rápidamente, antes de que la Presidenta diera la pista central sobre su hijo, había sido el diputado Eduardo Wado de Pedro, quien sonrió apenas escuchó la alusión presidencial. Estaba en primera fila, junto a 27 intendentes bonaerenses. Integrante de la mesa chica de la quinta de Olivos, la idea económica del hijo de la Presidenta no lo tomó por sorpresa.

Lejos del tono encendido de su última presentación, Cristina Kirchner optó por un discurso corto y conciso, de apenas 20 minutos, durante la inauguración de un complejo de 216 casas y una escuela en Ezeiza.

Retomó la idea planteada por su hijo de focalizar el discurso electoral en el proyecto político del kirchnerismo, más allá de nombres y candidaturas anticipadas. "Tenemos la decisión, la voluntad y la fuerza para defender los intereses de un proyecto que es el proyecto de Nación, que no es de un partido, que no es de un sector ni de una persona", abundó.

Aunque esta vez dejó a un lado las críticas, no abandonó las consignas épicas. Dijo que su Gobierno representaba la generación del Bicentenario que hizo "honor a aquella otra generación que fundó la patria cuando le tocó pelear por la independencia nacional".

Ni Thomas Griesa ni los fondos buitre ocuparon su mensaje. Sólo mencionó la deuda externa previa a 2003 como una "torta amarga, de hiel" y solapadas críticas al sector agropecuario.

"Les llenan la cabeza a los productores de que queremos apropiarnos de sus cosas", planteó, mientras resaltaba la inversión de $ 260 millones que haría el magnate George Soros en Pehuajó para la producción de girasol confitado, desembolso que se trajo Cristina tras su reunión con el empresario en Nueva York.

Más allá del repaso de gestión, la interna bonaerense jugó su propio partido ayer desde Ezeiza. La Presidenta sentó en el acto al intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, además de Wado de Pedro. Por teleconferencia apareció el intendente de Berazategui, Juan Patricio Mussi, bendecido por el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, como aspirante a la gobernación. Como suele hacer en tiempos preelectorales, la Presidenta repartió el apoyo. La sorpresa de la tarde, al menos para los intendentes -siempre proclives a analizar la política de los gestos-, fue la inesperada presencia del ministro del Interior, Florencio Randazzo, poco afecto a los actos oficiales.

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