Mirtha Legrand admite que se sintió "víctima de la intolerancia"

"En general los gobernantes no quieren ser criticados", aseguró la protagonista de La Dueña, en referencia a las críticas que recibió en los años de gobierno kirchnerista
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1 de mayo de 2012  • 12:29

La actriz y conductora televisiva Mirtha Legrand admitió hoy que "por momentos", durante el gobierno kirchnerista, se sintió víctima de la intolerancia, aunque destacó que el extinto Néstor Kirchner y su mujer, la presidenta Cristina Kirchner, "fueron muy amables" con ella en un primer momento.

En un reportaje por radio Mitre, cuando fue consultada si en la gestión "K" se había sentido "víctima de la intolerancia", respondió: "Sí, por momentos sí, con algunas actitudes, pero no directamente, no he sido prohibida ni nada de eso, pero sí algunas actitudes como 'atención con lo que está diciendo'".

Pero enseguida recordó que "los Kirchner fueron muy amables conmigo, inclusive un programa en El Calafate, siendo (Néstor) presidente en ejercicio; y a los pocos días recibí un cordero patagónico en mi casa que no sabíamos cómo cocinarlo porque era enorme".

Dijo que al principio tuvo "gestos de simpatía" por parte del matrimonio presidencial, al que entrevistó antes de asumir, en el canal América, y por segunda vez en Santa Cruz, "pero después, con el correr del tiempo, había cosas que no me gustaban y las comentaba, o invitaba a algunas personas oficialistas y les hacía comentarios que eran adversos, y mucho no gustaba".

Legrand reconoció que le gustaría hacer "un año de despedida" con los clásicos almuerzos en televisión, pero aclaró que "no lo haría de política". "Hay gente que se ha molestado, mis colegas también, algunos no han sido muy agradables ni muy simpáticos, no lo haría más", explicó.

Al respecto, abundó: "Me dolió muchísimo, me dolió la ingratitud, pero ya ha pasado, nada ni nadie puede empañar este momento que estoy viviendo", con su vuelta a la actuación tras 46 años con el exitoso programa "La Dueña" , por Telefé.

Indicó además que "los almuerzos, si bien no tenían un nivel de audiencia muy alto, se veían muchísimo, y a veces he molestado, pero no sólo a este gobierno, a muchos gobiernos". "Los almuerzos no pasaban desapercibidos, porque llevaba gente conocida y de pronto se emitían opiniones que caían mal a las autoridades. En general los gobernantes no quieren ser criticados", sostuvo.

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