Monzó planea dejar su cargo sin esperar a que venza su mandato

En su entorno dicen que se iría a España a mediados del año próximo; el anuncio de su salida generó un cimbronazo en su sector interno, donde temen ser marginados
En su entorno dicen que se iría a España a mediados del año próximo; el anuncio de su salida generó un cimbronazo en su sector interno, donde temen ser marginados Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia
Jaime Rosemberg
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29 de abril de 2018  

Jueves 26, 11.32 de la mañana. Emilio Monzó entra a la Casa Rosada con paso raudo y mirando su teléfono celular. Luego de "relojear" a los periodistas que lo esperan, sube sin hablar las escaleras hacia el primer piso, donde participará del agasajo al presidente de Chile, Sebastián Piñera.

La imagen de soledad de aquella mañana de jueves complementa el final del "tsunami" que vivió el presidente de la Cámara de Diputados, luego de conocida su charla con el presidente Mauricio Macri y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en la que les comunicó que no seguirá en el espacio que ocupa en un eventual segundo mandato de Cambiemos.

Monzó -y también su mesa chica, que lo acompaña desde hace años y que también vivió despedidas del sciolismo y el denarvaísmo- acusaron el golpe y cerraron los teléfonos a la prensa.

No piensan, por cierto, en irse del espacio que desde 2011 ayudaron a construir, pero creen que el futuro y prometido "exilio" de Monzó en la embajada de España se concretará bastante antes de diciembre de 2019 (algunos piensan que ocurriría con la renovación de autoridades de fin de año), y que las consecuencias llegarán a otros rincones del Congreso y la legislatura bonaerense.

Quienes hablaron con Monzó durante esta semana coinciden: lo percibieron "aliviado" luego del blanqueo de la charla con el Presidente, reforzada el lunes luego de un diálogo telefónico con Peña, quien fue finalmente quien anunció su alejamiento del cuarto lugar en la línea presidencial.

Nadie lo escuchó retractarse de sus críticas a Jaime Durán Barba, ni a las políticas del ministro de Energía, Juan José Aranguren, aunque defendiera la política tarifaria del Gobierno en la sesión del miércoles pasado. "Estuvo en un lugar muy importante de decisión, y ya no está más. Se cansó, y no encuentra el camino para criticar y que lo escuchen", describió uno de los miembros del bloque Pro con el que dialogó en los últimos días.

Junto con Monzó, que tendría pensado irse a España a mediados del año que viene, atravesaron una semana complicada dos de sus leales: el presidente del bloque Pro en Diputados, Nicolás Massot, y la secretaria parlamentaria, Silvia Lospennato. Ambos deben renovar sus bancas el año que viene.

"Massot no va a seguir siendo el jefe del bloque, y Silvia no tiene ganas de seguir haciendo lo que hace", apuntó otro miembro de la bancada.

Solo Sebastián de Luca, número dos del ministerio del Interior que encabeza Rogelio Frigerio, parece por el momento a salvo. "Construyó un capital político propio, siempre con bajo perfil", afirmaron desde ese ministerio, y puntualizaron que De Luca acompañó al Presidente en sus últimas salidas al interior, como esta semana a Santa Fe.

En la legislatura bonaerense, Marcelo Daletto (cuyo mandato también vence en 2019) y Guillermo Bardón, dos hombres referenciados directamente con Monzó, practican "vidalismo extremo" para que la "venganza" de las huestes de la gobernadora María Eugenia Vidal tampoco les llegue.

"Él sabe que se equivocó varias veces. Enfrentó a Peña y perdió; enfrentó a Vidal y también perdió. Uno es el conductor político del espacio, y María Eugenia es la gobernadora y política con mejor imagen", definió un funcionario.

De todos modos, su pase a cuarteles de invierno puso en guardia a peronistas del espacio Cambiemos, o dirigentes justicialistas que meditan su pase a esas filas.

"Me preocupa lo de Emilio, un tipo prudente que conoce el interior y la política profunda", dijo en voz baja uno de esos dirigentes peronistas que Frigerio busca seducir para que sean candidatos en las provincias del norte.

En el grupo de preocupados está el exduhaldista Miguel Saredi, que de ser candidato en La Matanza en las últimas dos elecciones pasó a pedir que lo dejen competir en las PASO contra el candidato de la Casa Rosada en ese distrito, el ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro.

"Después de 15 años, soy más de Pro que peronista, y sé que en este espacio las decisiones se toman por consenso", afirmó a LA NACION Diego Santilli, vicejefe de gobierno porteño y "candidato" a reemplazar a Monzó en un eventual segundo mandato de Macri.

"Lo de Emilio es un tema que se explica por lo que pasó en la provincia, cuando él creía que había otras opciones y después María Eugenia ganó", explicó un funcionario cercano al jefe de Gabinete, que el lunes reconoció por televisión sus históricas "diferencias de criterio" con Monzó.

El inicio de las diferencias entre Monzó y el núcleo duro de Pro se produjo cuando después de fomentar la alianza con la UCR y la Coalición Cívica, propuso un acuerdo con Sergio Massa, idea que fue rechazada. Ya en el Gobierno, bregó sin suerte por la captación de gobernadores e intendentes peronistas que estaban dispuestos a cooperar. Cansado de las frustraciones, anunció su paso al costado. Mientras tanto, bajó el perfil y espera pasar el aguacero hasta poder replantear su futuro.

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