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Una marcha multitudinaria, fragmentada y con pocos ciudadanos de a pie

Hugo Moyano logró una convocatoria que, pese al vacío que le hicieron el grueso de los grandes gremios de la CGT, quizás alcanzó las 400 mil personas
Hugo Moyano logró una convocatoria que, pese al vacío que le hicieron el grueso de los grandes gremios de la CGT, quizás alcanzó las 400 mil personas Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Marcelo Veneranda
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21 de febrero de 2018  • 19:21

Multitudinaria, pero desintegrada en sus propios universos. Así como Hugo Moyano logró una convocatoria que, pese al vacío que le hicieron el grueso de los grandes gremios de la CGT, quizás alcanzó las 400 mil personas, el conglomerado que se desplegó a lo largo de la Avenida 9 de Julio dejó en evidencia la disparidad de los grupos involucrados y sus reclamos. Y un dato que probablemente festeje el Gobierno: los ciudadanos de a pie, los que no llegaron de la mano de un sindicato o un partido político, fueron notoria minoría.

“¿Cómo querés que venga la gente con todo lo que macharon con los medios? Antes de venir, hasta mi vieja de 84 años me preguntaba por qué venía a defender a Moyano”, remarcaba Raquel Lopo Tejo, una docente de Morón que llegó para rechazar el techo en las paritarias y “el cierre de escuelas”.

“A mí no me interesa quien convocó a la marcha. Acá somos todos trabajadores en contra de las reformas del Gobierno. Nosotras rondamos los 70 años y nunca vimos tanta destrucción”, coreaban Cristina, Mónica y Nora, jubiladas docentes y de la salud que llegaron desde Ramos Mejía. “Nosotras nunca nos quedamos en casa”, se envalentonaban.

Pero casos como esos fueron excepcionales frente al músculo principal de la convocatoria, que lo aportó Camioneros y sus gremios satélites, por un lado, pero también los estatales agrupados en la CTA, las organizaciones sociales y los partidos de izquierda, por el otro.

La marcha de Moyano contra el Gobierno desde el drone de LA NACION

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Camioneros desplegó todo lo que tenía sobre el carril central de la 9 de Julio, frente al escenario de la Avenida Belgrano. Más atrás, sobre esa misma franja, se ubicaron grupos menos numerosos de Telefónicos, empleados del Peaje, la oposición de la conducción de la Unión Ferroviaria o el Sitraic (rival de la Uocra), entre otros.

A la izquierda del escenario, a lo largo de la calle Lima, predominaron las organizaciones piqueteras: el MTD Aníbal Verón, el Frente Popular Darío Santillán, o el MTL, entre otras. Las que más personas movilizaron fueron la CTEP, Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa.

A la derecha del escenario, sobre Bernardo De Irigoyen, coparon la parada las CTA de Hugo Yasky y Pablo Micheli, pero particularmente los docentes del Suteba de Roberto Baradel. También hubo contingentes importantes del partido Miles; de Nuevo Encuentro y de la Tupac Amaru.

Pablo Miceli:

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El quiebre se notaba a 300 metros del escenario, a partir de la calle Chile. En el centro de la avenida se pararon las columnas del Partido y el Polo Obrero, el PTS y otras organizaciones trotskistas, junto a las banderas de los despedidos del INTI y el Hospital Posadas. A la derecha, sobre Lima, la columna de La Cámpora y de Unidos y Organizados, liderada por Máximo Kirchner, se afincó bien cerca del colectivo que transportaba a las Madres de Plaza de Mayo.

Era un quiebre en el clima y en las consignas, ayudado por el hecho de que los discursos del escenario eran casi inaudibles a esa distancia. Por caso, mientras Moyano cerraba el acto proclamando que no tenía miedo de ir preso, la izquierda coreaba, como lo hizo durante todo el acto, el pedido de un paro general.

“Hay reivindicaciones convergentes en esta marcha, pero esto debe llevar a un paro general. Definido no por Moyano y cuatro tipos más, sino por los trabajadores en asamblea”, señalaba Marcelo Ramal, del PO. A pocos pasos, el legislador porteño Gabriel Solano se lamentaba por el nivel del discurso del camionero y la cantidad de referencias a su situación personal. “Nosotros estamos acá para defender a los trabajadores”, se diferenció.

Aníbal Fernández en la marcha de Moyano contra el Gobierno

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La misma desconexión se vivía bajo las banderas de La Cámpora. La llegada de Máximo Kirchner revolucionó a los militantes, que se arremolinaron en torno al hijo de la expresidenta para conseguir una selfie, y permanecieron ajenos a todo lo demás. “Estamos acá para parar las políticas de ajuste de este Gobierno, que vienen de la mano de persecución política, prisión y muerte”, le dijo a LA NACION el diputado Andrés Larroque. No se mostró optimista respecto a una reacción del Gobierno tras la movilización. “Se van a blindar en los medios hegemónicos”, advirtió.

“Da la sensación que el Gobierno no escucha ni va a recular, sino que va a profundizar el ajuste y que cada vez más sectores de la sociedad van a sufrir”, coincidió Gustavo Menéndez, intendente de Merlo y presidente del PJ bonaerense, que tras la marcha se reunió con sus pares Alberto Descalzo (Ituzaingó), Leo Nardini (Malvinas Argentinas), Ariel Sujarchuk (Escobar) y Santiago Maggiotti (Navarro), en el café del Hotel Scala.

Fue el mismo punto de encuentro que, antes de la marcha, habían elegido el diputado y extitular del PJ Fernando Espinoza y los intendentes Verónica Magario (La Matanza), Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Mario Secco (Ensenada). A diferencia de los anteriores, llegaron a la marcha con columnas de militantes identificadas con sus banderas.

“Yo sí vi a la clase media que votó a Macri en octubre y se volvió a desilusionar con los nuevos tarifazos”, sostuvo Espinoza, para destacar: “Vi a docentes, médicos y trabajadores que además del ajuste y el endeudamiento infernal, ven que la corrupción que supuestamente no estaba en Cambiemos, está”.

En general, las distintas corrientes del peronismo y el kirchnerismo aportaron más dirigentes que manifestantes. Más fotos que aparato. Y algunas postales llamativas, como la del intendente de Tigre, Julio Zamora, rodeado por sus pares del PJ. El resto del massismo, en cambio, prefirió apoyar la marcha desde las redes sociales.

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