Naturaleza de una tensa relación

Por Alejandro Di Lázzaro De la Redacción de LA NACION
Por Alejandro Di Lázzaro De la Redacción de LA NACION
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23 de abril de 2004  

Cuenta la fábula que un escorpión le pidió a una rana que lo llevara sobre sus espaldas para cruzar un caudaloso río. La rana accedió porque el escorpión argumentó que si le inoculaba su mortal veneno durante la travesía ambos se ahogarían. El escorpión, sin embargo, picó a la rana y ésta lo interpeló: "¿Por qué has provocado tu muerte al morderme?". El escorpión respondió: "No lo he podido evitar. Es mi naturaleza".

***

La decisión de Néstor Kirchner de castigar al hombre que, con su poderoso aparato político, lo colocó en el umbral de la Casa Rosada hace casi un año es una muestra más de que el Presidente no teme romper lazos ni aun con sus principales aliados.

No es que Kirchner le deba por siempre su ascenso a Duhalde, pero asestar semejante golpe en la decisión más sensible de la gestión del ex presidente dista de ser una gentileza.

Más vale se asemeja a una reacción temperamental que pudo haber terminado de desatar el apoyo público que Duhalde y su esposa, Hilda González, brindaron al ex presidente Carlos Menem en su interminable round con la Justicia cuando, cada uno por su lado, observaron que Menem "pide garantías [en el proceso judicial] como cualquier ciudadano" y que da la sensación de que en este caso particular [el pedido de captura dictado por el juez Jorge Urso] puede haber un exceso".

Según dicen los que lo conocen a Kirchner en profundidad, la manera en que Duhalde devaluó, en 2002, nunca fue aprobada por el Presidente. Más bien es una de las más fuertes críticas que le hace a su "mecenas" político.

Duhalde, como un viejo gladiador, levanta los hombros y dice, en privado, que no será la última vez que él y el Presidente disientan en un tema. Ni la primera, claro: la política sobre los piqueteros y el más o menos reciente apoyo a Felipe Solá en la batalla política de la coparticipación federal, los mostró en las antípodas.

Desde ambos sectores rechazan de plano que esta disputa en particular ponga en juego la gobernabilidad. Tampoco será gratuito el comentario presidencial: en el Congreso todavía retumban las palabras de Kirchner.

Se ve que el Presidente no lo pudo evitar. O no quiso. ¿Estará en su naturaleza?

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