No hubo mala praxis, hubo un falso positivo, ¿y?

Adrián R. Cameron
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13 de enero de 2012  

El seguimiento de los eventos que giraron alrededor de la salud de la señora presidenta de la Nación, la cobertura mediática y las distintas opiniones vertidas por diversas personas sin experiencia demostrable en las especialidades médicas involucradas generaron en mí una profunda preocupación.

Considero importante el trato serio, objetivo, responsable y ético de cualquier tema que se pretenda informar a la población a través de los medios, pero, no menos importante, creo que aquellas personas entrevistadas o que opinen al respecto también tienen que ser éticas y responsables, conscientes del peso y la repercusión de sus dichos.

Digo esto porque a pocos días de la noticia ya veo cómo influye en mi práctica diaria. Como médico, evito opinar sobre temas o indicaciones de otra especialidad salvo que crea necesaria la segunda opinión de un colega de mi confianza. Estamos acostumbrándonos a escuchar a cualquier persona que cree poder opinar hasta de física cuántica sin pensar en las consecuencias de ello.

Quiero, por otro lado, contribuir humildemente a aclarar ciertos hechos. En primer lugar, ¿qué es un falso positivo? Es un resultado de un evento que luego es descartado por una instancia posterior. Una punción aspiración con aguja fina (PAAF) es un estudio diagnóstico cuyo resultado luego es cotejado con el estudio patológico definitivo. La situación que se presentó con la Presidenta es excepcional, y como tal no es la regla. La medicina actual en nuestro país y en los grandes centros mundiales se rige por guías, protocolos y reglas, científicamente demostradas y estadísticamente reproducibles, obviamente influenciada por el criterio clínico y la experiencia propia, y considerando el medio y los recursos de los que se dispone.

Para la toma de decisiones, lo excepcional se tiene en cuenta, pero, repito, se basa en lo estadísticamente demostrado. ¿Qué quiere decir esto? Que si el resultado de una PAAF de tiroides tiene un valor predictivo positivo superior a 98%, difícilmente no sea un cáncer cuando se informa compatible con un "carcinoma papilar de tiroides, Bethesda VI". No puedo dejar de confiar, descreer lo informado y modificar mi practica diaria habitual, considerando que trabajo en un centro de similares características y excelencia al Hospital Austral, con la asistencia y apoyo de colegas expertos como los que acompañan diariamente al Dr. Pedro Saco y equipo.

En similar situación y medios, no hubiese dudado de intervenir quirúrgicamente y efectuar la misma operación a la señora Presidenta que la efectuada. Cualquier opinión diferente es una conjetura con el diario del lunes, sin sustento de la realidad diaria.

A una paciente con un bocio polinodular y punción compatible con carcinoma papilar se le hubiese efectuado una tiroidectomía total con vaciamiento ganglionar pretraqueal y recurrencial homolateral en manos expertas. ¿Por qué?, simplemente porque el valor predictivo positivo de la PAAF es superior a la biopsia por congelación, es decir, más confiable. Hay ocasiones donde las lesiones llegan a medir pocos milímetros, lo cual es difícil de ver en un corte por congelación y se diagnostican en el estudio diferido.

"Hubiesen extirpado la mitad y esperar la biopsia diferida", es decir, efectuar una hemitiroidectomía, se conjeturó. No, porque, como fue dicho, la Presidenta tenía enfermedad polinodular bilateral, por lo cual la indicación correcta era una tiroidectomía total. Llevado a la práctica médica diaria tener que esperar el informe definitivo, haría que al 99% de pacientes hubiera que reoperarlos, si ponemos en tela de juicio la confiabilidad de los informes citológicos.

La objetividad

Una consecuencia probable de las repercusiones y los dichos de estos últimos días podría afectar la objetividad de los informes de los citólogos de ahora en adelante, evitando ser concluyentes en una lesión que tiene todo el aspecto de ser un carcinoma papilar de tiroides.

"En el momento, el cirujano, de acuerdo con lo que ve, corta un pedacito y se lo da al patólogo", se dijo en estos días. Durante un acto quirúrgico, ningún cirujano de cabeza y cuello va a hacer un cortecito a la tiroides que no sea la extirpación de un lóbulo o de la glándula entera para enviársela al patólogo, para evitar la diseminación de células tumorales en el campo quirúrgico.

"Hubo mala praxis", se dijo por allí. NO, y en mayúsculas lo planteo. Se atendió, diagnosticó y se trató a la señora Presidenta de acuerdo con el buen arte de la práctica médica.

Un falso positivo no es ni un desprestigio ni un fracaso de la medicina argentina. Todo estudio diagnóstico tiene su índice de falsos positivos, ningún estudio es 100% categórico. Por lo tanto, situaciones como la vivida recientemente son posibles, aunque excepcionales.

El autor es médico especialista de Cirugía de Cabeza y Cuello en el Hospital Británico de Buenos Aires

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