Norma Aleandro: "El Gobierno vive una realidad opuesta a la nuestra"

Norma Aleandro: "Hay generaciones que están tiradas a la basura por nuestros gobiernos"
Norma Aleandro: "Hay generaciones que están tiradas a la basura por nuestros gobiernos" Fuente: LANACION.com - Crédito: Martín Turnes
En una entrevista con lanacion.com, la actriz consideró que el país está en su infancia democrática y que el pueblo argentino es "extremadamente paciente" con su clase política
Carlos Sanzol
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21 de diciembre de 2009  • 09:27

Se fue del país empujada. Se llevó consigo la sensación de haber sido desterrada y el recuerdo de dos bombas que estallaron muy cerca suyo: en el teatro donde actuaba y en su casa. Después vino un llamada telefónica, una amenaza: 24 horas para salir o sino la mataban. Era abril de 1976. Y Norma Aleandro se fue junto a su pareja de entonces y a su hijo. Se exilió. Primero, buscó refugio en Uruguay y luego, en España.

En 1981 regresó. Aquí le dio la bienvenida el hostigamiento: otra vez, las promesas de más bombas y la presencia de la policía que lo revisaba todo en la entrada del lugar donde protagonizaba la obra que trajo desde el destierro, La señorita de Tacna, de Mario Vargas Llosa.

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"Viví en dictaduras la mayor parte de mi vida", dice a lanacion.com. En esa frase, resume su biografía la actriz que pasó su infancia jugando en la plaza del Congreso. Se deslizaba por las rampas del Parlamento cerrado y se preguntaba para qué servía ese edificio clausurado por algún que otro instinto autoritario de la época. "Era un lugar vacío. Una casa enorme, cerrada", recuerda. En ese aspecto, para ella, las cosas no han cambiado. "Cuesta explicarle a alguien hoy para qué sirve. Nos cuesta mucho entender qué tendrían que estar haciendo [los legisladores]", critica.

La visión que tiene del presente del país, bromea, "no es muy alentadora de cara al Bicentenario". Sin embargo, confiesa que aún no perdió la esperanza. "No han logrado quitármela y hacen todo para conseguirlo", cuenta.

Para la protagonista de La historia oficial, el único film nacional en ganar un Oscar en 1986, los argentinos somos infantes democráticos. "Lo somos con razón. Sabemos poco de ella porque no la hemos vivido. Estos años de democracia en la historia no significan nada, ni siquiera media página", repasa en el marco de la serie de entrevistas que lanacion.com realiza de cara al Bicentenario.

-¿Qué problemas le preocupan del país?

- Desgraciadamente, muchos. Pero los hay más urgentes que otros.

- ¿Cuáles son los que revisten más urgencia?

- La educación. Se enseña con esquemas profundamente antiguos, en los que se cierra la mente del niño. Tenemos una justicia que también se maneja de forma casi primitiva. Los expedientes se acumulan; es algo kafkiano. Nadie encuentra nada, se pierden las cosas que deben perderse. Y algunas no las encuentran porque debe ser dificilísimo hacerlo en ese bosque de papeles. Los forenses se manejan con ciencias de hace 50 años, perimidas. Pareciera que las neurociencias no existieran. O sea, todo eso que hace a la base de una república del siglo XXI nos falla. Pero lo peor de todo y lo más grave es que hay mucha gente que se está muriendo de hambre. Lo que asusta es que va llevar mucho tiempo para poder mínimamente enderezarla. Son generaciones que están tiradas a la basura por nuestros gobiernos, que si uno los escucha hablar tienen las mejores intenciones, pero cuando llega el momento de pasar de los discursos a los hechos, uno ve la utilización de la pobre gente.

- ¿Se refiere al clientelismo?

- El peor de los clientelismos, por un pedazo de pan para sobrevivir. Es terrible porque este es un país rico. Se ha hecho un vaciamiento de la atención del ciudadano. Estamos llenos de obligaciones, pero no se recibe nada a cambio. Cuando uno paga puntualmente los impuestos, ya ni siquiera se pregunta a dónde van. Hace muchos años que nadie se pregunta eso, porque sería inútil.

- ¿Plantea que hay una falta de control del ciudadano hacia las autoridades?

- Exactamente. Hay una falta absoluta de control. El que podríamos tener lo vamos perdiendo día a día. Te empezás a dar cuenta que todo el entramado social está enfermo de enfermedades provocadas hace mucho, pero con salvatajes hechos de curitas. No ves políticas que busquen solucionar estos gravísimos problemas. Estamos francamente mal.

- ¿Le preocupa la inseguridad?

- Es otro grave problema. Ha pasado de ser "la inseguridad" a ser crímenes permanentes, diarios. Es grave porque desde los gobiernos, y este en especial, siguen diciendo que esto no es inseguridad.

- ¿Una negación?

- Total. Tenemos precios distintos a los que ellos miden y vidas distintas a las que viven. Viven otra realidad absolutamente opuesta. Si alguien desde las jerarquías monárquicas que se arman, en nuestro país, con las presidencias, reconociera mínimamente algo, ayudaría a tranquilizar porque empezarían a hacer. Pero no lo reconocen porque no piensan hacer nada.

- Con la conformación del nuevo Congreso, ¿tiene esperanzas de que la realidad se modifique?

- Cuando vi la tapa de LA NACION [N.d.R.: el 4 de diciembre pasado, este diario publicó en su portada: "La oposición le infligió una dura derrota al oficialismo en Diputados"] me dio un ataque de alegría. Después uno va bajando, ya es grande y no piensa en que todo va a salir bien. No va a ser tan fácil que arrollen la Constitución y la democracia. Por lo menos alguien va a presentar una idea coordinada. Nuestra oposición no es algo frente al que alguien se sacara el sombrero. Es triste decirlo, pero es así. Hay mucha gente valiosa, pero que cuando se mete en política no llega a lugares de poder realmente, porque a esos espacios llegan personas con menos moral, menos ética. En fin, más dispuestos a transar con cualquier cosa con tal de retener el poder. Aquí tenemos la sensación exacta de que el Gobierno trabajar, no trabaja. Trabajan para sí, para retener el poder necesitan mucho dinero y lo sacan de donde sea, sobre todo de nosotros. No es una visión muy alegre para el Bicentenario.

- ¿Considera que puede haber una reconciliación del pueblo argentino con la clase política?

- El pueblo argentino es extremadamente paciente. Y que esté harto de la clase política, habla bien de él. Somos infantes democráticos con razón, sabemos poco de la democracia porque no la hemos vivido. Este poco tiempo de democracia en la historia no significa nada, ni siquiera media página.

¿Qué significa el Bicentenario para los argentinos? La conmemoración de los 200 años de la Revolución de Mayo invita a reflexionar sobre las materias pendientes que tiene el país; ¿cuáles son, en su parecer, las mayores deudas que tiene la nación?; comparta su opinión

Con motivo del Bicentenario, lanacion.com entrevistará a 30 personalidades de nuestro país. Ya fueron publicados los reportajes a Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema, a Fernando de la Rúa, ex presidente de la Nación, a Emanuel Ginóbili, jugador de básquet de la selección nacional, al piquetero oficialista Luis D´Elía, al periodista y escritor Jorge Lanata, al ex presidente Eduardo Duhalde y al ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao.

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