Nunca un ganador renunció a la segunda vuelta

Especialistas en sistemas electorales dicen que no hay antecedentes en el mundo de un caso como el de Menem
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14 de mayo de 2003  

Con su renuncia, Carlos Menem al menos conseguirá un récord: no se registran antecedentes en los que un candidato a presidente que haya ganado en la primera vuelta se niegue a participar en el ballottage.

Abundan, en cambio, los precedentes en los que llegó a ser jefe de Estado un candidato que, como Néstor Kirchner, había quedado segundo en la primera ronda electoral.

Ocurrió en Perú en 1990, cuando el entonces ignoto candidato Alberto Fujimori se impuso en el ballottage al escritor Mario Vargas Llosa, que había ganado en la primera vuelta por sólo dos puntos de diferencia.

Por el mismo camino arribó al poder en Ecuador Abdalá Bucaram, segundo en la primera vuelta de 1996 y ganador en la segunda, aunque siete meses después fue destituido por "incapacidad mental".

El presidente uruguayo, Jorge Batlle, también llegó al gobierno en 1999 luego de haber quedado detrás de Tabaré Vázquez, en la primera vuelta electoral.

"No recuerdo en toda la historia institucional del mundo alguien que haya ganado en la primera vuelta y renunciado a competir en la segunda", dijo el abogado Daniel Sabsay, profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y autor de un libro sobre el ballottage en América latina.

Sabsay diferenció la posible renuncia de Menem de la del radical Ricardo Balbín, que desistió de participar en la segunda vuelta electoral porque su adversario, Héctor Cámpora (Frejuli), había obtenido en las elecciones del 11 de marzo de 1973 el 49,6 por ciento de los sufragios, sólo cuatro décimas menos que el porcentaje exigido entonces para consagrar ganadora a una fórmula en la primera vuelta. Además, Balbín no había ganado la elección (como Menem) sino que había quedado segundo con más de 20 puntos de diferencia de Cámpora.

"Yo no tengo ningún registro de un caso similar al actual. Estoy seguro de que ello no ocurrió en el último siglo ni en Europa ni en América", coincidió Emilio Saguir, director de la carrera de Ciencia Política y profesor titular de Sistemas Políticos y Regímenes Electorales de la Maestría en Comunicación Política de la Universidad del Salvador.

Antonio Hernández, presidente de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional, tampoco recordó un ejemplo similar. "La doble vuelta era un sistema electoral bueno para darle mayor posibilidad de gobernabilidad al ganador", se lamentó el constitucionalista. Kirchner obtuvo en la primera vuelta electoral del 27 de abril, el 22,24 por ciento de los votos.

El ballottage, que significa "votar con bolillas", nació en Francia en 1852, cuando el emperador Napoleón III lo instaló para una elección legislativa.

En la Argentina, el sistema fue impuesto por decreto en 1972 durante el gobierno de facto del teniente general Alejandro Lanusse y 22 años después fue reinstaurado mediante la reforma constitucional que acordaron Carlos Menem (PJ) y Raúl Alfonsín (UCR) en el llamado Pacto de Olivos.

El sistema de doble vuelta electoral estuvo vigente en cuatro elecciones presidenciales, aunque jamás hizo falta aplicarlo: las dos de 1973, en las que ganaron los justicialistas Cámpora y Juan Domingo Perón; la de 1995, en la que Menem fue reelegido, y la de 1999, que consagró a Fernando de la Rúa (Alianza).

El ballottage iba a debutar, por fin, el próximo domingo. Menem lo evitará si es que renuncia.

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