Poder de persuasión

Aplausómetro. Nueva generación. Papelito. Estoico. Documento.
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24 de diciembre de 2001  

  • Aplausómetro. La jura de Adolfo Rodríguez Saá empezó entre el júbilo de sus admiradores, llegados de San Luis, que colmaban los palcos del recinto de la Cámara de Diputados. Al entrar, los diputados y senadores del PJ explotaron en aplausos, ante la indiferencia del resto de los bloques. La situación cambió en la medida en que avanzaba el discurso. Cuando dijo que se suspenderían los pagos de la deuda consiguió que se pusieran de pie las diputadas María América González (Frepaso) y Alicia Castro (FPC), que se habían opuesto a su designación. Los hombres del cavallismo, que lo habían votado, se quedaron de piedra. Luego, reivindicó a las Madres de Plaza de Mayo y se sumaron al aplauso algunos radicales y diputados de centroizquierda. No lo hicieron los tucumanos de Fuerza Republicana, el partido del ex general Domingo Bussi, que también ayudaron a que ganara el justicialismo.
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  • Nueva generación. Rodríguez Saá promediaba su alocución y lanzó una de las frases que más festejaron sus compañeros de partido. "Llega al gobierno una nueva generación", enfatizó. Amontonados, detrás de él, aplaudían a rabiar varios dirigentes que se habían sumado a los festejos poco antes de la votación de la Asamblea Legislativa: el veterano Antonio Cafiero, el ex intendente porteño Carlos Grosso y el titular del gremio de la construcción (Uocra), Gerardo Martínez, entre otros.
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  • Papelito. El diputado Carlos Soria (PJ-Buenos Aires) no cesaba de castigar en su discurso a la Alianza por la situación heredada. También a los bloques legislativos que apoyaban su postura de rechazar la realización de elecciones generales por medio del sistema de lemas. Entonces, de repente, alguien le tocó el hombro. El legislador detuvo por un segundo su discurso para leer un papelito que le alcanzaban. "¡Ojo que ya arreglamos con los cavallistas!", decía. Soria siguió adelante con sus críticas, pero los legisladores del partido Acción por la República -que, curiosamente (o no tanto) apoyaron la postura del justicialismo- salieron indemnes.
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  • Estoico. Digno de elogio fue el conductor de la Asamblea Legislativa, el cordobés Juan Carlos Maqueda (PJ), vicepresidente de la Cámara de Senadores. Casi sin moverse, resistió sentado en el máximo sillón del recinto casi 12 horas de debate continuado. Y, pese al cansancio, su voz permanecía firme cuando había que encauzar la discusión.
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  • Documento. Los diputados y senadores estaban a punto de designarlo presidente de la Nación, y Rodríguez Saá esperaba junto con sus familiares en el despacho del titular del Senado, Ramón Puerta. Mientras esperaba el resultado del recinto, tomó un papel y escribió: "En este momento, junto a mi familia, vivo intensamente, voto a voto el momento más importante de mi vida". Se los mostró y lo guardó en un bolsillo, como un tesoro.
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