Ponerse la gorra ante la corrupción

Daniel Santa Cruz
Daniel Santa Cruz PARA LA NACION
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19 de septiembre de 2020  • 15:22

"Los peronistas no andamos con gorra o uniforme soplándole a la Justicia infracciones o delitos de nuestros oponentes, a quienes les damos pelea en la discusión de ideas y en las urnas". Esta frase, que aparece en el comunicado oficial del Partido Justicialista bonaerense que pretendió aclarar que no fue responsabilidad de uno de los suyos denunciar la violación del aislamiento social del expresidente Mauricio Macri y que terminó en un allanamiento en su domicilio de parte de la justicia, no pasó inadvertida en la opinión pública.

Más allá que, horas después, la misma Justicia desmintió el enunciado, deberíamos detenernos en esta parte, que tuvo mucha repercusión, además, porque fue la propia Cristina Kirchner quien lo difundió en su cuenta de Twitter bajo el título "Fake allanamiento".

En la jerga delictiva, que suele ser apropiada por los jóvenes que la utilizan para mostrar cierta rebeldía ante la autoridad, "ponerse la gorra" significa ponerse "en botón, ponerse en lugar de un policía, acusar, ser muy inflexible". Es como figurar a un policía o a alguien con cierta autoridad, que lleva la gorra cuando se trata de ponerse serio y hacer su trabajo.

Podríamos tomarlo con humor o con ironía, si no fuera porque quienes lo afirman y adhieren son miembros del oficialismo con el aval de la actual vicepresidenta. Literalmente en el texto mencionado, las autoridades del PJ de la provincia de Buenos Aires reconocen que no denunciarían hechos delictivos realizados por opositores y, se entiende, tampoco por sus propios miembros.

Ese enunciado tiene una gravedad institucional descomunal. Parece que no le importó al PJ bonaerense transmitir complicidad con quienes incumplen con la ley al asumir, con jerigonza mafiosa, ser impasibles ante los delitos. ¿Qué garantía ofrecen a la sociedad y a sus propios votantes de ejercer un gobierno con transparencia si asumen públicamente mirar para otro lado ante cualquier delito cometido por propios o ajenos?

En un momento político donde se desvaloriza la palabra, donde se relativizan todos los errores de los dirigentes políticos, donde las generaciones más jóvenes comienzan a mostrarse como desentendidos y recelosos ante la palabra de alguien que pretende representarlos, publicar un comunicado de esta índole, asumiendo el rol de "cómplice" que prefiere desconocer a quien incumple con la ley, no hace más que abonar al desinterés colectivo que muestran muchos dirigentes por una República y un sistema más transparente y justo.

De algún modo, este texto sarcástico publicado por un grupo de militantes oficialistas traduce ciertas acciones que está llevando adelante el gobierno que integran, como la reciente anulación del traslado de jueces con actuación en causas de corrupción que comprometen a la propia vicepresidenta o en el mismo despotismo que muchos avizoran encierra el proyecto de Reforma Judicial.

Es fácil de comprender, como lo supo decir Joan Baez: "La impunidad es la forma más elocuente de mirar para otro lado". En ese sentido, y jugando con sus propias metáforas, todo indica que, ante la corrupción, el Partido Justicialista bonaerense asume no tener ninguna intención de "ponerse la gorra".

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