Por las diferencias entre el juez y el fiscal, el testimonio estuvo cerca de quedar en la nada

Para el fiscal, Ciccone se autoincriminaba y la declaración testimonial debía ser indagatoria
Hernán Cappiello
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6 de diciembre de 2013  

La explosiva declaración testimonial de Nicolás Ciccone, uno de los ex dueños de la imprenta dedicada a imprimir billetes que acusó al vicepresidente Amado Boudou de quedarse con la empresa, estuvo a punto de abortarse y quedar en la nada.

El cortocircuito ocurrió cuando el fiscal federal Jorge Di Lello interrumpió el relato que Ciccone prestaba bajo juramento para advertir que se estaba autoincriminando, lo que está vedado para un testigo, y le pidió al juez Ariel Lijo que se lo explicara.

La interrupción ocurrió cuando Ciccone relataba su segunda reunión con Amado Boudou, en el I Fresh Market, un local de Puerto Madero en el que su hermano Héctor Ciccone se convenció de la seriedad del negocio que le proponían. Por eso accedió a firmar el contrato para cederle el 70% de las acciones de la imprenta a José María Nuñez Carmona, el socio de Boudou.

Ante el planteo de Di Lello, el juez le pidió al fiscal que precisara los hechos ilícitos y las personas que participaron. En el apuro de tener que argumentar sobre la marcha y en plena audiencia por qué debía convertir la audiencia en una indagatoria -y, por tanto, trazar una acusación formal contra Boudou-, Di Lello respondió que los hechos sobre los que declaraba Ciccone "podrían tener consecuencias de cargo". Lijo resolvió ahí mismo rechazar su pedido, "atento a la indiscriminación del objeto".

El contrapunto entre el juez y el fiscal se basa en el ordenamiento legal, que establece que los testigos declaran bajo juramento de decir la verdad. También que nadie está obligado a declarar en contra de sí mismo y que en todo caso si alguien confiesa un delito durante una declaración como testigo, ésta debe interrumpirse y convertirse en una declaración indagatoria. Pero debe ser con asistencia de un abogado defensor y no se jura decir la verdad.

La escena ante Ciccone fue el desenlace de una pelea que mantienen desde hace dos días Lijo y Di Lello sobre los roles de los Ciccone y Guillermo Reinwick, el intermediario entre Boudou y los Ciccone. En sintonía con la defensa de Boudou, el fiscal le recordó al juez que las personas que estaban citando como testigos están imputadas en la causa, y que por tanto debían declarar como imputados con asistencia de abogado. El impacto en el expediente en un caso u otro es muy diferente.

Ese no fue el primer contratiempo entre ambos. Antes, Di Lello presentó un escrito en el juzgado en el que señaló que Lijo debía tener presente su planteo sobre las testimoniales en curso y pidió además que fuera citado, también como testigo, el banquero Jorge Brito, mencionado en varios tramos del caso Ciccone como parte de la ingeniería financiera que permitió la llegada de dinero para salvar la imprenta.

Lijo primero incorporó el escrito al expediente, lo despacho con un sucinto "téngase presente" y le puso un número de foja, pero luego lo extrajo de la causa y se lo devolvió al fiscal para que explicara por qué correspondía citar a Brito y por qué entendía que los testigos eran imputados.

Di Lello contestó ayer con otro escrito en el que insistió con que Ciccone figuraba entre los acusados y que fue denunciado por lavado de dinero. Pero que aún así, le adelantó el fiscal, se presentaría en la declaración para garantizar los derechos de Ciccone. "Los términos de su declaración podrían ser nulificantes", escribió.

Sus palabras sonaron como música en los oídos de Diego Pirota, el abogado de Boudou que ya planteó que la declaración de Reinwick de anteayer era nula por este motivo y hoy hará otro tanto para fulminar el testimonio de Nicolás Ciccone.

Di Lello entendió ayer que el relato de Nicolás Ciccone quedó a salvo de ser nulificado y puede servir de prueba para fundar una eventual acusación contra el vicepresidente.

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