Por qué este es el peor momento desde las PASO

Sergio Suppo
Sergio Suppo LA NACION

Análisis de Sergio Suppo

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30 de agosto de 2019  • 23:12

Estamos en el momento más tenso desde las PASO. Desde distintos planos. Porque está quebrado el diálogo entre el Gobierno y el kirchnerismo. Porque el Gobierno no termina de encontrar una solución a la intranquilidad cambiaria derivada del resultado de aquellas elecciones. Y porque las declaraciones de esta semana del candidato Alberto Fernández, más la marcha macrista del sábado, más las declaraciones de Mauricio Macri complicaron y quebraron el diálogo y el posible consenso entre el Gobierno y la oposición. Acto seguido, cayeron los bonos y el valor de las empresas argentinas, además de aumentar el dólar.

Un resultado político puso sobre la mesa la endeblez de la situación de desconfianza de los mercados a la Argentina. Y colocó al dólar nuevamente en el centro de la escena. El desencuentro político se trasladó a la realidad tangible, poniendo en riesgo la gobernabilidad de Macri e intranquilizando a Alberto Fernández, que ganó las elecciones pero no se consagró presidente. Además, esta semana parece haberse quebrado la idea de moderación que había tratado de transmitir la semana anterior el candidato del Frente de Todos.

El quiebre de la moderación se manifiesta en tres circunstancias: la primera es cuando se negó a definir a Venezuela como una dictadura, la segunda, es el comunicado muy duro que sacó luego de la reunión con el FMI, donde les advierte a las autoridades del Fondo que, según su criterio, están violando sus propias normativas al prestarle dinero a la Argentina; esa declaración derivó en un recrudecimiento de la cotización del dólar; la tercera, fueron las declaraciones de Fernández a The Wall Street Journal, un diario especialmente importante e influyente en los mercados internacionales. Le dijo que él considera que la Argentina está en un default virtual. Y dijo además que no apoyará las medidas tomadas por el ministro Lacunza.

Otro problema que resurgió esta semana es el regreso de los movimientos piqueteros, en gran parte controlados por el kirchnerismo. Juan Grabois, durante la campaña, había dicho que ya no era necesario hacer manifestaciones públicas porque las urnas iban a hablar en representación de los marginados. Sin embargo, las urnas hablaron, y luego produjo dos movilizaciones significativas. La primera incluyó cortes de la 9 de Julio para dar una imagen de caos.

Hay dos datos que habilitan a pensar cuáles son las razones de este cambio de la moderación a la radicalización. Uno tiene que ver con la marcha del sábado, convocada por redes sociales, no desde lo alto del macrismo. Ese es un dato: que Macri todavía estaba en carrera. Segundo dato, las declaraciones que hizo aquí en LA NACION el ministro Lacunza, que no iba a aceptar un "dólar barrilete" y que, para controlar el dólar, estaban las reservas del Banco Central

Alberto Fernández viene planteando que al dólar hay que controlarlo por "vías alternativas" que no sean necesariamente dichas reservas. Alberto le había pedido al presidente Macri, en su conversación telefónica, que cuidara las reservas. Fernández busca presionar al Gobierno para que deba bajar esa bandera económica, que era la liberación del precio del dólar.

Esta tensión, esta falta de diálogo entre los actores principales en medio de una crisis de credibilidad de todo el país, está poniendo en riesgo no solo la situación económica sino la estabilidad política del Gobierno y del país. El país está en manos de un par de dirigentes que deben decidir si profundizan la situación crítica o acuerdan una solución que reponga la calma política y reduzca la incertidumbre cambiaria.

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