Preludio de un nuevo mapa político

Jorge Rosales
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23 de octubre de 2011  

Por primera vez en décadas, los argentinos votarán hoy con la certeza casi absoluta de saber quién será el próximo presidente, pero también con la incertidumbre de cuál será el perfil del gobierno que emergerá de las urnas.

De repetirse el escenario que entregó la experiencia de las elecciones primarias -nadie duda de que será muy similar-, Cristina Kirchner obtendrá esta noche un triunfo abrumador y estará en condiciones de gobernar hasta 2013 -habrá renovación parlamentaria- con una concentración de poder que registra pocos precedentes. Será la resultante de la percepción social de sus aciertos, combinada con la acumulación de errores en la dirigencia opositora.

Las elecciones terminarán de configurar un nuevo mapa político, que se ha ido gestando en los últimos meses y que tendrá como actor central al cristinismo, una evolución del kirchnerismo clásico.

Los partidos de la oposición crujirán, como será el caso de la UCR y de otros que nacieron empujados por el brote antikirchnerista de 2008 se diluirán en alquimias inciertas. El frente progresista que lidera el socialista Hermes Binner , la única sorpresa de los comicios, será desafiado a diario a demostrar que sus actos no son funcionales al Gobierno si es que pretende ser algo más que una estrella fugaz.

¿La Argentina que llega a las urnas hoy es tan diferente a la de un año atrás, cuando Cristina Kirchner se aprestaba a recorrer sus últimos meses de mandato con la impresión generalizada de que se estaba ante un fin de ciclo?

Poco o nada ha cambiado desde entonces en el rumbo impuesto por la Casa Rosada. Al contrario, se agudizaron viejos vicios del kirchnerismo que podrían ser, en el segundo mandato de Cristina, distintivos de la profundización del modelo. Basta con observar el poder ilimitado otorgado a Guillermo Moreno.

Pero un factor inesperado, un año atrás, marcó el punto de quiebre de aquel escenario y alumbró una nueva realidad. La muerte de Néstor Kirchner puso a prueba la fortaleza de la Presidenta y le dio la inesperada oportunidad de reinventar su gobierno. Sin su principal sostén a su lado, Cristina inauguró un nuevo vínculo con la sociedad, clave para desembocar en este presente.

Los efectos del resultado de hoy marcarán también el inicio de una nueva etapa en el mundo sindical, después de siete años en los que Hugo Moyano fue el gran aliado del Gobierno y mandamás de la CGT. El futuro de Moyano se vislumbra lejos del calor oficial al que estaba acostumbrado.

La oposición no tuvo reacción frente al vuelco político que protagonizó Cristina Kirchner. No generó expectativas de cambio y renunció a disputarle el poder a la Presidenta el día que sus dirigentes buscaron atajos de alianzas coyunturales, contrarias a la historia de sus partidos, y optaron por el "consenso" de unos pocos en lugar del efecto movilizador de las internas.

La legitimación del poder kirchnerista por una diferencia de abismo con los candidatos opositores colocará a la Argentina ante el riesgo de una nueva tentación hegemónica. La ausencia de un contrapeso estimula a los ideólogos K a imaginar la eternización de la Presidenta en el poder. Esto forma parte de la incertidumbre sobre la Argentina, igual que el perfil del futuro gobierno.

Desde el inicio de la jornada electoral, el menú más completo para seguir la información:

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