Preocupa a la Casa Rosada cómo jugarán los intendentes en octubre

Los alcaldes bonaerenses amenazan focalizar sus esfuerzos en potenciar las listas locales y desentenderse de las candidaturas nacionales para asegurarse el control territorial; duras críticas de Ishii a la Presidenta
Ramiro Sagasti
Sebastián Lalaurette
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14 de agosto de 2013  

LA PLATA.- El ex intendente de José C. Paz y candidato a senador bonaerense Mario Ishii se transformó ayer en una suerte de vocero de la preocupación central de la dirigencia kirchnerista: la amenaza de que los dirigentes territoriales se desentiendan de la campaña nacional y se dediquen sólo a los candidatos locales para garantizarse el control de su territorio.

"La sociedad está enojada con la gestión de la presidenta Cristina Fernández. Hablando en criollo, fue una cagada a palos tremenda en la provincia de Buenos Aires", reconoció ayer el histórico dirigente peronista. De esta manera, acentuó los temores de la Casa Rosada no sólo de que se profundicen los contactos de los intendentes con Sergio Massa, sino de que adopten una estrategia de mantener en público el apoyo al Gobierno, pero por lo bajo sólo trabajen territorialmente para sus candidatos.

"Medimos a Insaurralde y Massa el día antes de la elección y teníamos 20 puntos de diferencia -contó Ishii en un reportaje con Radio 10-. No porque Insaurralde sea malo; es un excelente compañero, un excelente intendente, pero había un desconocimiento, no estaba instalado como para poder jugar una elección tan importante."

El ex intendente cuestionó la estrategia que puso en práctica el kirchnerismo para las elecciones primarias: colocar como primer candidato a diputado nacional al intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, un candidato espejo para competir con el Frente Renovador del intendente de Tigre, Sergio Massa, y luego nacionalizar la campaña, afiche con el papa Francisco incluido.

El plan -quedó claro el domingo pasado- no salió bien, y ahora muchos dirigentes del Gran Buenos Aires analizan invertir el método para afrontar los comicios de octubre, es decir, fortalecer la imagen de los candidatos locales; sobre todo, porque temen gobernar con un Concejo Deliberante adverso durante los dos años de gobierno que les quedan.

Un candidato kirchnerista del conurbano que compitió en un territorio massista y perdió por menos de diez puntos en el plano local y por el doble en la boleta nacional dijo a LA NACION: "En octubre voy a poner todas las fichas en la boleta del distrito, del resto que se ocupen ellos".

Las declaraciones de Ishii, las llamadas que hicieron algunos intendentes kirchneristas a Massa para limar las asperezas de la campaña y el temor de los jefes comunales a perder la mayoría deliberativa alimentaron los temores. De hecho, Daniel Scioli e Insaurralde dedicaron el día de ayer a reunirse con intendentes de la tercera sección electoral para cerrar filas. También Cristina se dedicó al tema ayer, durante las primeras reuniones de evaluación que mantuvo con algunos funcionarios (ver aparte). Eso demuestra que el temor ya está instalado. De hecho, el intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez, uno de los distritos donde el oficialismo perdió, habló del asunto: afirmó que no habrá "ninguna estampida de intenden­tes" hacia el massismo. "Están en juego sus concejos deliberantes. ¿Qué van a hacer? ¿Van a ir como locos repartiendo tijeras para que voten a éste y no a aquél?", se preguntó Díaz Pérez.

En diálogo con LA NACION, un dirigente del Frente para la Victoria de un distrito del primer cordón del conurbano no opinó lo mismo que Díaz Pérez: "El principal temor de los intendentes es perder la mayoría del Concejo Deliberante, porque les sería muy difícil gobernar los dos años de gestión que quedan. Por eso, son varios los que ya están jugando a dos puntas".

Y añadió: "Otros se mantienen fieles al kirchnerismo, pero ya han decidido privilegiar su posición a nivel local por sobre la de los candidatos nacionales. A los intendentes que fueron candidatos testimoniales no les fue mal". Éste es el caso de tres de los intendentes que conforman el aparato histórico kirchnerista en el Gran Buenos Aires: los jefes comunales de La Matanza, Quilmes y Ezeiza, tres populosos distritos del sur y el oeste del conurbano; también en Ensenada, el intendente hizo la misma apuesta y ganó.

A Alejandro Granados, en Ezeiza, le rindió presentarse como candidato a concejal: allí, el Frente para la Victoria casi duplicó los votos del Frente Renovador en el nivel local (sacó un 44% de los votos contra un 23% del massismo), en tanto que la contienda para el Congreso Nacional fue un poco más reñida, con menos del 40% para el oficialismo y un 30% para los opositores.

También en La Matanza, el kirchnerismo ganó fácilmente. Pero allí el resultado fue parejo: como candidato testimonial, el intendente Fernando Espinoza sacó apenas unas décimas más para la lista local y en ambos casos el porcentaje del FPV fue del 41%, aproximadamente.

Otro intendente oficialista se postuló a concejal es Francisco "Barba" Gutiérrez, de Quilmes. Pero en su caso logró un porcentaje mucho menor de votos que los obtenidos por Insaurralde. En la contienda para el Congreso, el partido alcanzó casi un 34% de los sufragios, en tanto que la lista encabezada por Gutiérrez apenas superó el 22%. Claro que tuvo competencia: en Quilmes también el Frente Social, el partido del ministro Florencio Randazzo, presentó postulantes a concejales y se llevó un vital 7,4%.

En Ensenada, Mario Secco puede ostentar el mérito de haber sido el que más diferencia sacó respecto de la lista kirchnerista para diputados nacionales como precandidato testimonial: superó al Frente Renovador por casi 44% de los votos contra menos del 12%, mientras que la boleta de Insaurralde alcanzó el 32% en ese distrito, contra casi un 30% del massismo.

Del editor: qué significa.

El reacomodamiento del kirchnerismo después de la derrota de las primarias era inevitable. El armado para octubre mostrará diferencias.

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