Preocupa el ingreso de fondos especulativos

El ministro dijo que seguirá induciendo una baja de tasas y no descartó imponer controles a los capitales Teme que la persistente baja del dólar vuelva a afectar la competitividad de la economía El fenómeno fue analizado junto a los ministros de Brasil y de Chile Aumentará la emisión monetaria
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11 de mayo de 2003  

La persistente caída de la cotización del dólar tiene preocupados no sólo al gobierno argentino, sino también a los de Brasil y Chile, según pudo comprobar Roberto Lavagna en su último viaje por esos países junto al candidato Néstor Kirchner. El temor tiene varios argumentos: de mantenerse la tendencia podría perderse la ganancia de competitividad que la devaluación le aportó a la economía nacional; si caen las exportaciones también se reducirán las retenciones que deben pagar las ventas externas, con la consiguiente pérdida de recursos fiscales.

Pero además, el fortalecimiento del peso, el real y el peso chileno reconoce un origen común: el regreso de capitales especulativos, que ingresan en estos mercados con el fin de aprovechar las altas tasas de interés locales. El análisis que compartieron Lavagna y sus pares Antonio Palocci, de Brasil, y Nicolás Eyzaguirre, de Chile, es cómo enfrentar los perjuicios que ocasionaría una retirada masiva de esos fondos, como ya ocurrió en el pasado.

-La gente no entiende por qué el Gobierno está preocupado porque el dólar baje e incluso hace esfuerzos para que no pase de cierto nivel. ¿Cuál es su visión?

-La gente está preocupada, pero intuye, o ha empezado a comprender, que el proceso de desindustrialización, desempleo, endeudamiento y empobrecimiento tuvo que ver precisamente con un dólar que era muy bajo o un peso que en teoría tenía un valor mucho mayor a su valor real durante diez años. Por otro lado, no es un tema sólo de la Argentina. Hablando estos días con los ministros Palocci, en Brasil, y Eyzaguirre, en Chile, uno de los temas centrales fue que se nota en las últimas semanas una vuelta masiva de capitales especulativos a toda América latina. Se están revalorizando el peso mexicano, el chileno, el real, el peso argentino, y una vez más, con un movimiento en manada, como lo llamaba el ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker. Es un tema que habrá que administrar para no volver a afectar la producción.

-Hay dos vías por las cuales atacar el problema: limitar el negocio de esos fondos mediante una baja de las tasas de interés o poniendo controles al movimiento de capitales, como hizo Chile. ¿Cuál será la elegida?

-Todos los instrumentos son válidos. De hecho, ya estamos induciendo bajas de tasas, aunque es cierto que el margen para el negocio todavía es grande. Pero no hay que precipitarse tomando movimientos de cuatro, cinco días o una semana como si fueran definitivos. Como en la medicina, aquí hay que ver cuál es la evolución. Lo vamos a seguir, pero sin renunciar a ninguna medida.

-¿Podría haber requisitos de permanencia de esos fondos de seis meses a un año para controlar sus movimientos?

-Yo no renuncio a ningún instrumento si la tendencia que podría crear un problema, y que todavía no lo ha hecho, se mantuviera. Pero no hay nada inminente ni mucho menos, porque, insisto, hay que ver cómo evoluciona la situación.

-En este contexto, ¿cuál es el margen para emitir moneda para sostener el dólar sin que eso genere inflación, como temen algunos analistas?

-Bueno, hay algunos economistas que parecen brujos, porque no les oí hacer ningún análisis sobre algo que muestra síntomas evidentes, como la reaparición de los capitales especulativos, pero se ponen a hablar sobre algo que no presenta ningún síntoma. ¿Cuál es el síntoma que hay en materia de inflación? El último dato es 0,1% mensual en el nivel minorista y negativo en precios mayoristas. Es más, se está produciendo en la Argentina un fenómeno ideal en cuanto a los objetivos que uno se puede plantear en materia de devaluación exitosa. Al inicio del proceso hubo una suba muy fuerte de precios mayoristas, pero en lugar de que los minoristas converjan hacia arriba, los mayoristas llevan ya dos meses de caídas muy fuertes convergiendo hacia una inflación menor. Tanto es así que cuando firmamos el acuerdo los pronósticos del FMI sobre inflación no bajaban de 35 o 40 por ciento para este año y ahora hablan de 15 o 20, y nosotros pensamos en menos que eso. Llevamos 2,5 en el primer cuatrimestre.

-¿Hay al mismo tiempo una preferencia del público por el peso? ¿A qué se debe?

-Sí, hay también una fuerte demanda de pesos que está ligada, desde antes de que empezara este proceso de ingreso de capitales, a la reactivación económica. Ahora bien, como los críticos no se permiten aceptar la reactivación, entonces les cuesta analizarla. Nosotros insistimos en que hay que ver las dos partes, oferta y demanda, y con el Fondo hemos avanzado mucho en la comprensión del fenómeno. Por eso hay una expansión adicional de las metas monetarias. Hace seis meses el Fondo estaba preocupado por el exceso de oferta monetaria, y ahora admite que hay un aumento de la demanda genuina de pesos y que hay que atenderla.

-Por el contrario, ¿no ve riesgos de deflación?

-Salvo que hiciéramos una política monetaria incorrecta, no veo por qué tienen que existir esos riesgos. Si hay un aumento genuino de la demanda, la política monetaria tiene que incorporar ese dato, y por eso negociamos esta expansión de las metas.

-¿Ya se le puso número?

-Sí, y será difundido el lunes (por mañana), cuando anunciemos las nuevas metas.

El pase a Cancillería "no tiene asidero"

  • El eventual cambio de cartera no está entre los objetivos de corto plazo de Roberto Lavagna. "No tiene sentido ni discutirlo, porque incluso si alguien lo hiciera yo no me ocuparía en seguirla", sostuvo, para descartar que piense en mudarse del Palacio de Hacienda a la Cancillería, como indican algunos rumores en los últimos días. Según Lavagna, "hay muchas cosas por resolver en estos próximos meses antes que ponerse a jugar con lo que va a pasar dentro de ocho o nueve meses en términos de posiciones en el Gobierno. No tiene asidero", concluyó.
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