Elecciones 2019: preocupación por el escenario poselectoral

Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
Los más destacados académicos coinciden en que, más allá del resultado, lo más acuciante es la situación económica
Hugo Alconada Mon
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27 de octubre de 2019  

El ganador de estas elecciones presidenciales, no importa quién sea, afrontará tiempos bravos. Deberá recorrer un estrechísimo sendero si quiere evitar un desmadre institucional acaso comparable al de la gran crisis de fines de 2001, cuyos coletazos aún se sienten en la Argentina. Un abismo generado por la complicadísima situación económica y social del país, un contexto internacional que poco ayuda y las excesivas expectativas de los votantes, que se ilusionan con que sus respectivos candidatos podrán solucionarlo todo (o casi).

Esa es la visión que, con diferentes matices entre sí, comparten el politólogo de la Universidad de Lisboa Andrés Malamud; el director de la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Luis Tonelli; la profesora de la Universidad Nacional de Río Negro María Esperanza Casullo, y el director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, Marcos Novaro.

Los cuatro, también con matices, vislumbran un escenario poselectoral con dos espacios identitarios muy marcados, que no coinciden de por sí con adscripciones partidarias. Dos grupos que pueden encuadrarse como incluidos y excluidos, populistas e institucionalistas, peronistas y no peronistas, y otras denominaciones que ellos mismos aclaran que son incompletas e imprecisas.

"Esos espacios están y si en efecto sale derrotado, como anticipan las encuestas, Juntos por el Cambio tiene una excelente oportunidad y un gran desafío para representar uno de esos espacios porque, a pesar de la economía, abarcaría un piso mínimo de un tercio del electorado", remarca Casullo, que también ve dilemas y desafíos en el otro espacio. "El peronismo se unió, en parte, para estas elecciones, pero también lleva años dividido y habrá que ver qué ocurre", subraya.

El Congreso es un ejemplo elocuente de esas divisiones internas, dice Novaro. "Para la elección, el peronismo logró unirse, pero no como estructura. Por eso hay distintos bloques de legisladores que se presentan como peronistas y que, como mucho, podrían llegar a aliarse en un 'interbloque', pero no ir más allá. Y lo mismo corre para Cambiemos. Aunque Mauricio Macri quiera seguir como líder de esa coalición, hay que ver si los radicales no aprovechan la eventual derrota para dar un portazo", anticipa.

A esos dos grandes espacios identitarios se suma, alerta Malamud, "que el deterioro económico de las últimas décadas ha fragmentado a la sociedad y hoy existen tres grandes sectores: las clases medias, los trabajadores formales y las masas excluidas, constituidas por generaciones de personas que nunca trabajaron en blanco o simplemente nunca trabajaron. Juan Carlos Torre y Rodrigo Zarazaga describieron el desgarro del voto peronista entre los últimos dos sectores: de un lado el 'moyanismo social', representado por Sergio Massa y los gobernadores; del otro, las organizaciones sociales, reflejado en La Cámpora y Juan Grabois", abunda. "Cristina logró articularlos mediante la generación de expectativas de gobierno que generó su paso atrás, pero si la economía se hunde, sea por default o hiperinflación, los acuerdos se romperán y la paz social quedará comprometida", anticipa.

Y en ese caso, ¿qué? "En términos futboleros, si Alberto Fernández no la 'emboca' de entrada, vamos camino a un posible incendio, con creciente desestabilización y con Cristina en el banco de suplentes", grafica Tonelli. Por eso la pregunta, completa, "es de dónde saldrá el dinero necesario para todo lo que viene cuando afrontamos problemas por el agotamiento de un sistema".

El escenario aparece tan complicado, con un cóctel de pobreza, inflación, desempleo y recesión tan complicado, que llama la atención que la Argentina no haya seguido los pasos recientes de Venezuela, Ecuador, Bolivia o Chile. O quizá no tanto, según Malamud. "El trauma de 2001 parece haber inoculado a Argentina contra la violencia, pero ¿hasta cuándo? Si la dirigencia no actúa con responsabilidad, los payasos de los extremos ideológicos pronto podrían liderar las instituciones del centro. A Jair Bolsonaro le gusta esto".

La propia campaña ha servido como una válvula para la presión, según recordó días atrás la politóloga de la Universidad de Columbia Victoria Murillo, lo cual a su vez puede derivar en un verdadero dolor de cabeza, según Novaro. "El problema es que se ha dado una situación, si se quiere de gran engaño, en la que muchos argentinos van a las urnas pensando que todo se tranquilizará después de las elecciones. ¡No es así! En realidad, las elecciones están conteniendo un panorama muy complicado en el que el que gane no tendrá tiempo para maniobrar".

"Estamos al borde de un abismo, sí. Pero hay que ver qué ocurre", contemporiza Tonelli. "Si Alberto Fernández gana, como parece que será, habrá que ver cómo se mueve. El contexto a menudo nos define. Nos dicta mucho. O dicho de otro modo: el dinero define la ideología. Cuando hay dinero, somos populistas. Cuando solo hay deudas, somos liberales. Habrá que ver cómo se mueve".

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