Proponen a un hombre de Boudou en lugar de Righi

Cristina Kirchner eligió como procurador a Daniel Reposo, titular de la Sigen; debe ser aprobado por el Senado; dura carta del renunciante, denunciado por el vicepresidente por tráfico de influencias
Mariana Verón
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11 de abril de 2012  

El caso Ciccone se cobró ayer la primera baja dentro del oficialismo. La presidenta Cristina Kirchner aceptó la renuncia del procurador general Esteban Righi, involucrado por el vicepresidente Amado Boudou en una denuncia por tráfico de influencias, y eligió para reemplazarlo a Daniel Reposo, un hombre de estrecha relación con el ex ministro de Economía.

Después de tres horas de presentada formalmente la renuncia de Righi, histórico abogado peronista que fue ministro del Interior de Héctor J. Cámpora, la Casa Rosada anunció que Reposo, actual titular de la Sindicatura General de la Nación (Sigen), será propuesto para reemplazarlo, trámite que deberá contar con la aprobación del Senado.

Amigo de Boudou, Reposo se ganó la simpatía presidencial por su desempeño en el conflicto por Papel Prensa, y desde la Sigen protagonizó una fuerte disputa de poder con el otro organismo de control de la función pública, la Auditoría General de la Nación (AGN), a cargo del radical Leandro Despouy.

En el entorno del vicepresidente festejaban anoche la decisión presidencial. Fue Boudou el que impulsó a Reposo para la Sigen después de que fuera gerente de Prestaciones durante su gestión en la Anses. Ya como síndico, Reposo avaló la compra de 19 autos de alta gama, hecha por Boudou, sin licitación, cuando era ministro de Economía. Uno de esos coches fue para la Sigen, pero una vez abierta la investigación judicial Reposo debió devolverlo. La operación está en manos de la Justicia.

La salida de Righi se produjo horas después de que Boudou denunciara a los abogados del estudio familiar, entre ellos a su mujer, de ejercer tráfico de influencias en el ámbito de la justicia

federal. Con una dura carta de tres páginas, Righi se fue del Gobierno redoblando la apuesta. Sostuvo que en la Justicia se determinará la "falsedad de las afirmaciones e imputaciones" con las que, consideró, fue agraviado por el vicepresidente, a quien nunca nombró en su misiva.

"No dudo en renunciar porque nada tengo que ocultar", agregó el ahora ex procurador, a pesar de que por su cargo gozaba de fueros como funcionario público.

El texto, divulgado a los medios poco después de las 17, fue la única comunicación que recibió de él la Presidenta. Righi nunca pasó por la Casa Rosada a dejar el escrito. Tampoco lo habló con Boudou. Quien se encargó de hacer las gestiones por parte del Gobierno para organizar su salida fue el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, por instrucción de la jefa del Estado.

Cristina Kirchner decidió así poner un cerco sobre su vicepresidente en la causa que investiga si benefició a Alejandro Vandenbroele para que se quedara con la imprenta Ciccone Calcográfica. En los despachos oficiales ya hablaban ayer de "una mala predisposición" de Righi a colaborar con la investigación. Y algunos funcionarios directamente lo acusaban de "traidor".

Aunque no habló públicamente, Righi transmitió a sus allegados un fuerte malestar con la Casa Rosada y así lo dejó claro en su renuncia. "No creo posible desempeñar honrosamente una alta función pública si al hacerlo se compromete el propio honor o la honra familiar", escribió el procurador al inicio de su carta de dimisión.

Sobre la denuncia de Boudou en contra del estudio que lleva su nombre se excusó de dar precisiones, pero pareció apuntar directo contra el vicepresidente: "Lo que corresponde es que cada protagonista explique su comportamiento en el ámbito previsto en el derecho vigente, donde inexorablemente se demostrará la falsedad de las afirmaciones e imputaciones con las que se me ha agraviado".

En medio de la crisis política generada con la salida forzada del procurador general, ayer Cristina Kirchner se mostró junto a Boudou en un acto en la Casa Rosada. Sonrientes, ambos se dispensaron gestos de calidez en público. Por la noche, le dio la mejor noticia al proponer para reemplazar a Righi a su amigo Reposo.

En su renuncia, el procurador, que había sido nombrado por Néstor Kirchner en junio de 2004, sostuvo que no pretendía polemizar con el vicepresidente. Pero igual envió varios mensajes de malestar. "Considero que es mi deber no polemizar con relación a los hechos que son de dominio público, toda vez que su única consecuencia sería afectar las instituciones republicanas y causar daño a las políticas públicas desarrolladas desde el año 2003", apuntó.

Boudou había denunciado anteayer en la Justicia que Ana García, esposa de Righi, lo había ido a ver a su despacho tanto cuando fue director de la Anses como cuando ocupaba el Ministerio de Economía, en dos oportunidades junto a otra abogada, la mujer del ministro porteño Guillermo Montenegro, María José Labat, para "aceitar" la relación con los jueces.

Ayer, allegados al vicepresidente explicaron a LA NACION el trasfondo de la denuncia. Argumentaron que como Boudou se había negado a contratar al estudio, Righi había tomado represalia en su contra por medio de la investigación del caso Ciccone.

El mayor malestar del vicepresidente fue no haberse enterado del allanamiento que el miércoles pasado dispuso el juzgado de Daniel Rafecas, a cargo de la causa, en el departamento de Puerto Madero que Boudou le alquilaba a Fabián Carosso Donatiello. Allí se descubrió que Alejandro Vandenbroele, quien se quedó con la empresa Ciccone, había pagado las expensas del inmueble y tenía contratado a su nombre el servicio de televisión por cable. Boudou siempre sostuvo que no conocía a Vandenbroele.

Desde el lado del ahora ex procurador, en cambio, sostienen que las reuniones con las letradas habían sido pedidas por el vicepresidente.

Aunque la jefa del Estado no habló del tema, altas fuentes oficiales contaron a este diario que Cristina cree que la causa que investiga a Boudou es contra ella y que por eso lo respaldó sin fisuras. "Una cosa es un funcionario y otra un vicepresidente elegido por voto popular", planteaban en la Casa Rosada.

"Esto es una situación extorsiva-mediática", sintetizó el pensamiento de la Presidenta un hombre de su confianza.

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