Propuestas que no dan lugar para la magia

Por Pedro Pou Para LA NACION
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16 de diciembre de 2001  

El Gobierno está instrumentando una propuesta que, de contar con suficiente apoyo político y económico, tanto interno como externo, puede evitar un default desordenado. Central a este plan es el mantenimiento de la convertibilidad, del déficit cero y de la refinanciación de la deuda pública.

Sin embargo, la situación política, económica y social ha llegado a un grado de tensión tal que hace pensar que es posible que la crisis desemboque en un sustancial agravamiento de la situación.

Las medidas de congelamiento de los depósitos y control de cambio, la agudización de la recesión económica y la negativa del Fondo Monetario a tolerar los incumplimientos del programa económico comprometido, hacen necesario analizar las alternativas que pueden evitar un empeoramiento.

Existe consenso sobre la necesidad de lograr un equilibrio fiscal sustentable, así como de lograr una reestructuración de la deuda pública. Por lo tanto, el régimen cambiario ha ganado el centro de la discusión.

Existen dos propuestas alternativas, cada una de ellas con numerosas variantes. La primera consiste en mantener la convertibilidad o profundizarla vía la dolarización de jure. La segunda propone salir de la convertibilidad, flotar la moneda y adoptar una política monetaria restrictiva que, luego de una devaluación, controle la evolución de la inflación.

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Estas propuestas, más allá de significativas diferencias técnicas, tienen diferencias políticas fundamentales. Para ser crudos, podemos calificarlas de "facilistas" o "responsables". Las facilistas son aquellas que, de la mano del Caballo de Troya de la devaluación, nos proponen que, sin "esfuerzo", solucionemos el problema de competitividad al mismo tiempo que se reduce el gasto público.

Ambos fines se alcanzan por la vía de la reducción de los salarios de todos los trabajadores y jubilados, en términos reales, como consecuencia de la devaluación.

Estas políticas terminarán con la poca credibilidad que tiene el Estado argentino, acabarán con la estabilidad de precios, producirán una importante redistribución de riqueza que llevará a un sustancial incremento de la deuda pública (por la necesidad de atenuar ese impacto sobre el sistema financiero, las empresas y las familias) y, muy probablemente, nos volverán a las políticas de décadas pasadas: el cierre de la economía, la intervención estatal en la producción y el descontrol fiscal.

Las políticas "responsables" parten de reconocer la necesidad de conservar los logros de la década de los noventa, profundizándolos en aquellas áreas en las que no se alcanzaron los objetivos deseados, y tomando en cuenta la calidad de las instituciones monetarias y fiscales que poseemos.

La estabilidad de precios, el respeto a los derechos de propiedad, la vigencia de la economía de mercado, la apertura de la economía, un Estado regulador pero no productor, etcétera, son todas herencias que debemos atesorar y proteger.

Para ser más claros, explicitemos el diagnóstico. Ambas propuestas reconocen que el nivel de gasto público no es sostenible y, con mayor o menor énfasis, que existe un problema de competitividad, una sobrevaluación del peso argentino.

Las "propuestas facilistas" atacan ambos problemas por medio de una reducción de los salarios y las jubilaciones en términos reales, al mismo tiempo que aumentan el monto de la deuda pública y, aun en mayor medida, la carga de los servicios de esa deuda.

Las "propuestas responsables" proponen encarar el problema fiscal de frente, por medio de una reorganización profunda del Estado, en todos sus niveles, redefiniendo sus funciones, regionalizando provincias y municipios, y reduciendo sustancialmente el gasto por mejora de la organización y la eliminación de estructuras y programas superpuestos y de una plétora de subsidios.

Esa reducción debe ser lo suficientemente profunda para lograr, no solamente el equilibrio fiscal, sino el superávit necesario para lograr recuperar la credibilidad en la capacidad de la Argentina de honrar su deuda.

De esta forma se estará en condiciones de obtener reducciones sustanciales de la tasa de interés y de los impuestos. Estas reducciones, y no la del salario real, son -en definitiva- la única forma de producir una mejora "sustentable" de la competitividad externa de la Argentina.

Y la experiencia de años y años de devaluaciones, con exportaciones estancadas, frente a la década del noventa en que, con estabilidad de precios, las exportaciones se triplicaron, son evidencia más que contundente.

* * *

Otra diferencia fundamental está en el grado de consensos políticos necesarios para avanzar.

Las facilistas se pueden instrumentar en un fin de semana, escribiendo una decena de decretos (pesificando, derogando la convertibilidad, flotando, indexando, etcétera), y dejando que la inflación haga el trabajo sucio de reducir el salario de todos los trabajadores y, por ende, el gasto público.

Las responsables, al mantener el valor de la moneda y centrar su objetivo en la reducción del gasto público, requieren una amplia discusión y un consenso político sobre cuál es el Estado necesario y posible para la Argentina del siglo XXI.

En estas propuestas no hay lugar para la magia; solamente queda lugar para el compromiso con el país, para el esfuerzo compartido, para la distribución equitativa de las cargas, en pos de las más altas aspiraciones.

En los próximos días se debatirá el presupuesto nacional. Allí veremos, con claridad, qué camino se elige. Si se opta por el responsable, es fundamental que se lo considere sólo como un primer paso de una ardua tarea tendiente a reformular el Estado y se lo acompañe con un compromiso del Congreso y el Poder Ejecutivo para que en un plazo no mayor de 90 días se planteen esas reformas.

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