¿Puede caer Hugo Moyano?

Nicolás Balinotti
Nicolás Balinotti LA NACION
(0)
24 de enero de 2018  • 22:01

La escalada del enfrentamiento entre el Gobierno y los sindicatos abrió un interrogante: ¿puede caer realmente Hugo Moyano? La respuesta es por ahora incierta.

Los primeros coletazos de un enero caliente indican que la situación judicial del jefe camionero se complicó a partir de la acumulación de expedientes, cuyas sospechas, en general, apuntan hacia un mismo lado: su crecimiento patrimonial a partir de operaciones cruzadas entre el sindicato y un holding de empresas vinculado a su esposa y dos hijastros. Es válido, entonces, otro interrogante: ¿por qué la Justicia agilizaría ahora las causas si algunas de ellas llevan casi diez años paralizadas?

De los tres procesos judiciales que se le abrieron a Moyano en lo que va de 2018, el que más lo inquieta sería la causa donde se lo investiga por integrar una asociación ilícita y utilizar al Club Independiente, del que es presidente, para lavar dinero. No le preocupan las pruebas que puedan surgir, sino que se trata de la única causa en la que su hijo Pablo está demasiado expuesto en calidad de imputado. Pablo Moyano es vicepresidente primero del club y fue uno de los tantos directivos que mantenía trato con la barrabrava, cuyo jefe, Pablo “Bebote” Álvarez, involucró desde la cárcel a los referentes camioneros en un presunto circuito ilegal de negocios vinculados con la venta de entradas y de futbolistas.

El entramado judicial se confunde entre la bruma política. La Unidad de Información Financiera (UIF), que depende del Ministerio de Finanzas, divulgó la semana pasada dos informes lapidarios que complican a los Moyano. Vinculó directamente a Hugo en maniobras de presunto lavado de dinero, desvío de fondos del sindicato a las empresas de su familia política y evasión impositiva a partir de las operaciones cruzadas con la empresa postal OCA, a la que el sindicalista considera casi como propia. Se abrieron dos causas judiciales a partir de estas revelaciones.

En el Gobierno intentan tomar distancia del reverdecer judicial. La tensión que guía hoy la relación con los sindicalistas, sumado al escándalo que protagonizó Jorge Triaca, no permite distinguir a un interlocutor sindical claro. Hay desconfianzas mutuas con el triunvirato de mando de la CGT a partir de la frustrada reforma laboral y da la sensación de que Mauricio Macri no está más dispuesto a privilegiar a Moyano y Luis Barrionuevo con charlas exclusivas y en privado.

El Gobierno construye así un nuevo mapa sindical, en el que identifica “aliados” (el sector de “los Gordos” e “independientes” de la CGT), “adversarios circunstanciales” (Moyano y Barrionuevo), y “enemigos” ( la CTA y los gremios vinculados al kirchnerismo y la izquierda).

En este mapa imaginario, el oficialismo ubica a Pablo Moyano, a quien su padre a veces dice no poder controlar, entre los “enemigos”. Lo diferencian de Hugo a pesar de que ambos dieron ayer una señal de tregua al postergar para fines de febrero una protesta de camioneros que, si se hubiera activado como estaba previsto, habría alterado las vacaciones de miles de argentinos. La presión judicial y política comienza a dejar sus huellas.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.