Puerta: el país no tiene vicepresidente

Le transmitió confianza a De la Rúa
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5 de diciembre de 2001  

Hubo muchos nervios iniciales, pero a la salida las caras eran otras. El primer encuentro entre Fernando de la Rúa y el hombre que lo reemplazará en la Casa de Gobierno cada vez que viaje al exterior, el senador peronista Ramón Puerta, fue mucho más cordial de lo que esperaban ambas partes.

Así lo confirmaron a LA NACION voceros oficiales y del designado presidente provisional del Senado. De todas formas, esta vez la labor de los voceros pareció innecesaria: el alivio se hizo evidente en las propias declaraciones de De la Rúa y de Puerta.

Así, el Presidente afirmó a los periodistas que Puerta le planteó su llegada a la presidencia del Senado como un “fortalecimiento de las instituciones”. Sonriente, dijo que la reunión, de 50 minutos, fue “muy cordial”, y que Puerta y Juan Carlos Maqueda, vicepresidente primero del Senado, que también participó del encuentro, fueron a saludarlo “y a ratificar su voluntad de cooperación, de ayuda, de apoyo al gobierno nacional”.

Con el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini a sus espaldas, el jefe del Estado fue más allá y aseguró que la designación de Puerta contribuirá a mejorar la “comunicación” entre los poderes “para la sanción y trámite de las leyes que hagan falta en estos problemas del país”. Pero señaló que “es evidente que el gobierno lo ejerce el presidente de la República”.

Puerta siguió con el mensaje conciliador que ya había transmitido personalmente a De la Rúa. “El Gobierno ya lleva dos años, tiene las leyes y los decretos para funcionar perfectamente con los ministros sin ninguna injerencia del presidente del Senado”.

Después, repitió las palabras que más le había gustado escuchar a De la Rúa, que tendrá que dejar el poder en manos de Puerta cuando viaje a la Cumbre del Mercosur, en Montevideo, el 20 del actual. “Si algún decreto hace falta firmar, al regreso del Presidente éste lo firmará. El país no tiene vicepresidente”, dijo.

Atrás parecía haber quedado su malestar por la “ruptura de la tradición parlamentaria” que establece que el vicepresidente debe ser del mismo color político que el jefe del Estado. Y los comentarios de sus principales colaboradores, que habían afirmado que la llegada de Puerta era “de enorme gravedad institucional”.

Por caso, el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo, que suele reflejar en sus dichos lo que piensa el Presidente, había dicho a LA NACION que la designación del senador misionero era “un abuso de poder de la mayoría”. Los ministros de Trabajo, José Gabriel Dumón, y del Interior, Ramón Mestre, calificaron de “efecto Puerta” la suba del riesgo país y la caída de la Bolsa la semana última.

Ayer todo pareció quedar en el olvido. Durante la reunión, de la que también participó el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, De la Rúa hizo llamar a Mestre. Este acudió presuroso y tomó nota del pedido del Presidente: que anotara los principales temas que el Gobierno incluiría en el llamado a sesiones extraordinarias.

Pero más allá de las expresiones de cortesía, ¿qué fue lo que cedió cada una de las partes en el encuentro del primer piso de la Casa de Gobierno?

Concesiones

En rigor, hubo importantes concesiones de ambos. De la Rúa aceptó:

  • El pedido para que firme un decreto de necesidad y urgencia según el cual el pacto fiscal acordado con las provincias comenzará a regir hasta que el Congreso lo ratifique por ley.
  • Analizar la creación del seguro de desempleo impulsado por el PJ.
  • Estudiar el pedido de Puerta para que las provincias se conviertan en recaudadoras de impuestos.
  • Incluir en el temario de las sesiones extraordinarias varios temas exigidos por el PJ, que tienden a favorecer con más recursos a las provincias.
  • Puerta cedió:

  • Aceptar que el Poder Ejecutivo convoque a sesiones extraordinarias, en lugar de prorrogar las ordinarias, como él quería. Así, el PJ pierde la posibilidad de definir la agenda de temas, que establecerá el Gobierno.
  • En el encuentro hubo bromas y gestos de simpatía. Cuando Puerta llegó al despacho, un viejo reloj de madera marcó las 15. “Mire qué puntual he sido”, le dijo al Presidente, señalando su reloj de pulsera. Y rompió el hielo.

    De la Rúa buscó un papel en su escritorio. Era una encuesta de Analogías, según la cual el 55% de la gente no considera la llegada de Puerta como un golpe institucional. Y el 62% considera “lógica” su designación al frente del Senado luego de las elecciones del 14 de octubre.

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