Quieren nacionalizar la campaña porteña

Joaquín Morales Solá
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28 de marzo de 2000  

La máxima conducción política del gobierno decidió nacionalizar la campaña por la jefatura del gobierno de la Capital para sacarla del debate local y llevarla a dirimir la fortaleza o la debilidad del gobierno de Fernando de la Rúa.

No hay encuestas de pánico, a pesar de las muchas versiones que circulan en torno de ellas. Tal vez una de las más serias que se hayan hecho, después de la puja interna que consagró la fórmula opositora Cavallo-Beliz, sea la de Hugo Haime.

Con un trabajo de campo que involucró a 500 personas en la Capital Federal, esa medición dio como resultado una intención de voto de 46,2% para Ibarra-Felgueras y de 36,8 % para Cavallo-Beliz. Proyectadas esas cifras con los indecisos (que son muy pocos), dio un resultado final de 49 % a 38 %, en favor de la propuesta aliancista.

Por su parte, el gobierno nacional maneja una encuesta que arroja una proyección del 46 % para la Alianza y el 39 por ciento para la que se perfila como principal fuerza de oposición en la Capital Federal.

A pesar de estar tan cerca de un triunfo en la primera vuelta, Haime aclaró que él no descartaba aún el ballottage. Sólo una victoria por más del 50 por ciento de los votos excluye, en la Capital, la segunda vuelta.

De una manera u otra, el tono de la campaña cambió sustancialmente desde que se formalizó la coalición entre Domingo Cavallo y Gustavo Beliz.

Se le agregó también la decisión política del grueso del peronismo de abroquelarse en torno de esa fórmula, la única alternativa electoral en condiciones de desafiar a la gobernante Alianza en la Capital.

El senador Augusto Alasino, presidente del bloque peronista, expresó incluso a un alto exponente del gobierno federal que su partido estima indispensable el triunfo de la oposición en la Capital para poder aspirar a una victoria justicialista en las elecciones legislativas del próximo año.

Necesidades mutuas Sucede que Cavallo necesita del PJ para aspirar a la victoria en la Capital, pero el justicialismo es, a su vez, el único partido con una estructura nacional en condiciones de someter a la Alianza a una derrota en todo el país en 2001.

En la cresta misma del poder se realizaron en los últimos días varias reuniones para tratar la actitud del gobierno nacional en la campaña.

En casi todos los casos participaron el Presidente; el vicepresidente, Carlos Alvarez; el ministro del Interior, Federico Storani, y legisladores nacionales y dirigentes de la coalición gobernante.

Pero uno de los líderes más preocupados (y al mismo tiempo más entusiasmados con la campaña) es el ex presidente Raúl Alfonsín, que advierte la posibilidad de un quiebre fundamental en la fortaleza del gobierno si lo sorprendiera un traspié en la Capital.

Los exámenes de la administración concluyeron en que las consideraciones sobre una eventual cohabitación de Fernando de la Rúa con Cavallo (si éste terminara ganando la jefatura de la Capital) son ejercicios teóricos, sin conexiones prácticas con la realidad.

Según ese punto de vista, si se produjera la primera derrota de De la Rúa en su propio distrito, se desataría de inmediato la competencia interna en el PJ por las elecciones presidenciales de 2003; esa puja podría involucrar también al frente interno de la Alianza, que ahora da por descontado que su próximo candidato presidencial será otra vez el actual mandatario.

Hipótesis de fracaso Durante esos análisis, en la cumbre se precisó también que, a partir de un potencial fracaso, el gobierno nacional deberá enfrentarse con dos duras oposiciones: la del peronismo en el plano institucional (sobre todo en el Congreso) y la de Cavallo en el escenario mediático.

Concluyeron que un panorama de esa naturaleza le restaría al Presidente el crédito político internacional, con el que cuenta actualmente.

Hay dos miradas sobre los resultados de las próximas elecciones porteñas. Una es la clásica, fundamentada en muy serios antecedentes históricos, que sostiene que ninguna sociedad le niega su apoyo a un presidente a seis meses de haberlo llevado al poder.

El otro punto de vista refiere a una sociedad como la capitalina, sofisticada y cambiante, ansiosa ahora, después de 20 meses de recesión económica, y a punto de hacerse cargo de la parte más grande de la nueva carga tributaria.

Los nuevos impuestos parecen un punto clave del escenario electoral.

Se comenzarán a pagar a principios del mes próximo, cuando se cobre el sueldo de marzo, y el temor del oficialismo consiste en que la sociedad podría canalizar su eventual irritación en las elecciones del 7 de mayo.

El ministro de Economía, José Luis Machinea, aclaró que esos impuestos afectarán sólo al 10 por ciento de la población nacional, pero no precisó de qué manera ese porcentaje se trasladará a la Capital. La nueva carga tributaria caerá, en el 70 por ciento, sobre el distrito federal y el norte de la provincia de Buenos Aires.

Machinea dijo que esperaba que los impuestos se comenzaran a pagar cuanto antes, porque, agregó, "hay mucho más temor que realidad" sobre los efectos sociales de la reforma tributaria.

Otra vez en campaña En aquellas reuniones en la cima se convino que tanto el jefe del Estado como Alvarez (los dos dirigentes más populares de la Capital) saldrán a convocar el voto de la sociedad.

"De la Rúa hará un llamado a la necesidad institucional de defender la fortaleza del Gobierno; la sociedad deberá decidir entre la fortaleza o la debilidad de su presidente", dijeron al lado del primer mandatario.

Un signo de que el Presidente desestimó la idea (si la hubo en algún momento) de apartarse de la campaña fue el pedido expreso que le acaba de hacer a su viejo amigo el senador José María García Arecha, para que éste se incorpore de lleno a la puja electoral.

La presencia de García Arecha es un mensaje al radicalismo sobre el compromiso presidencial con la elección y un síntoma de la dureza que el Presidente proyecta imprimirle a la campaña; el senador es uno de los políticos de verbo más duro en el radicalismo de la Capital.

El anterior dato sobre la importancia que De la Rúa le otorga a esta elección fue la decisión de enviar a Cecilia Felgueras, interventora en el PAMI, como compañera de fórmula de Aníbal Ibarra.

Felgueras está haciendo una meteórica carrera política de la mano del Presidente y los hechos y la Alianza la empujaron a ocupar un lugar sobresaliente en el resto de la campaña.

A ella, precisamente, De la Rúa le prometió que él se jugará en el reclamo del voto social cuando se aproxime el domingo crucial.

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