Regresan al llano dos hombres que fueron vitales para Menem

Corach y Bauzá dejarán su banca en el Senado, pero no sus cargos en el partido
Corach y Bauzá dejarán su banca en el Senado, pero no sus cargos en el partido
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27 de agosto de 2001  

Fueron los dos operadores políticos con más poder durante la década del gobierno de Carlos Menem. En diciembre próximo dejarán el cargo que tienen: los senadores Eduardo Bauzá y Carlos Corach decidieron no buscar la reelección en octubre y planean su futuro en el "llano", eufemismo que usan los políticos cuando se quedan sin ningún puesto.

El menemismo comenzó a prepararse para la retirada del poder cuando el ex presidente había perdido las posibilidades de forzar una segunda reelección, que le prohibía la Constitución.

Bauzá era senador (había dejado la línea de fuego en la jefatura de Gabinete años atrás por un problema de salud), pero aún en el Senado seguía al frente de las principales operaciones políticas que le pedía su "amigo Carlos". Corach era ministro del Interior y disfrutaba cada mañana -y lo hizo hasta el último día que estuvo en el poder- de las conferencias de prensa a las que convocaba en la puerta de su casa para fijar la agenda de los temas del gobierno y salir a defender a la administración menemista de cualquier denuncia.

Cuando Menem dejó la Casa Rosada, el caluroso mediodía del 10 de diciembre de 1999, Bauzá sabía que aún conservaría una cuota de protagonismo en el Senado: el PJ era mayoría y la Alianza iba a tener que negociar las leyes con la bancada justicialista. Corach había decidido ir al Senado a ocupar la banca que estaba libre del peronismo porteño. La idea no le gustaba demasiado, y desde que asumió advirtió que iba a ser un "senador raso" hasta el final.

Todavía no imaginaban que, un año y medio después, Menem iba a quedar preso en una quinta de Don Torcuato, acusado de liderar una asociación ilícita que traficó armas a Ecuador y a Croacia.

Bauzá tampoco sabía que su par Antonio Cafiero lo iba a involucrar en la causa de la coimas en el Senado, en la que el Flaco (como le dicen todos al mendocino) está imputado con falta de mérito; esto significa que no hay pruebas suficientes ni para procesarlo ni para desvincularlo de la causa que está en manos del juez federal Gabriel Cavallo.

"Ex ministro, con conocimiento de computación, inglés y francés. Disponible." Así, bromea Corach, podría ser el aviso clasificado que publicará el año próximo después de unas largas vacaciones.

Volver...

"Me estoy preparando hace años para volver a casa. Uno tiene que tener bien en claro que cuando ocupa un puesto de gobierno es transitorio", dice Corach a LA NACION. Admite que el ex presidente, cuando en 1998 buscaba un artilugio jurídico para reinterpretar la Constitución, pensaba que podía perpetuarse en el poder.

Existe un dicho que repiten los políticos, aunque recurren más a él los que superan los 60 años: "Los políticos nunca dejan la política porque es la política la que nos deja a nosotros".

Por esa razón, Carlos Vladimiro Corach asegura que seguirá trabajando para el partido. Es el apoderado del PJ desde 1983 y mantendrá ese puesto partidario para no perder la costumbre de hacer política, que comenzó cuando tenía quince años.

Antes de irse del gobierno, el ex ministro del Interior más emblemático del menemismo comenzó a afianzar la relación política que mantenía con varios de los entonces futuros ministros de Fernando de la Rúa. Sigue siendo uno de los principales dirigentes del justicialismo que tienen diálogo permanente con hombres de la Alianza, aunque hoy su poder de acción es escaso.

Pese a que, como todos los políticos, asegura que seguirá en la actividad, Corach aclara que no quiere más cargos y sólo desempeñará un papel más que secundario en los próximos años. "Hace un año que volví al estudio jurídico que tengo con mis hijos. Eso es lo que tengo pensado hacer", agrega. Quiere estudiar otro idioma (tal vez italiano o alemán) y leer.

Cuenta, además, que hace un año pensó en que después del Senado iba a volver a la actividad privada. "Pensé que una cosa buena era saber todo de computación antes de dejar la banca en el Senado", dice, y se jacta de su aprendizaje, porque sostiene que son muchos los políticos que se llevan mal con la computación.

El más bajo perfil

En su despacho del Senado, Bauzá admite que no tiene interés en seguir en el ámbito legislativo. Sólo delante de sus colaboradores más cercanos confiesa que no tiene "vocación legislativa" y que el desgaste que le produjo el caso de las presuntas coimas por la reforma laboral lo llevará a dejar su cargo. Bauzá y Corach advierten que los diez años de menemismo, el desprestigio total que tienen los políticos ante la gente y la edad (tienen más de 60 años) los llevaron a no revalidar títulos en las urnas.

El Flaco, uno de los pocos dirigentes del PJ que tienen diálogo con todos los sectores internos, mantendrá, como Corach, su cargo en el partido. Es secretario general del justicialismo y piensa en jugar algún papel en la definición del nuevo liderazgo en el peronismo cuando, en septiembre del año próximo, se pongan en juego la presidencial del PJ y la candidatura para 2003.

"Me gustaría intentar organizar en el partido una especie de foro y debates para formar cuadros políticos", dijo el senador mendocino a LA NACION. No tiene muy claro cómo podrá instrumentar una especie de escuela en el PJ, pero se imagina dando clases de política, porque sostiene que no existen dirigentes capacitados para administrar ni legislar.

"No quiero ningún puesto. Voy a seguir en política desde mi cargo en el partido y también quiero cuidar al PJ de Mendoza para que el peronismo vuelva al gobierno en las próximas elecciones", señaló a LA NACION. En realidad, el senador se alejará bastante de la política y bajará su perfil aún más de lo que hoy exhibe desde su amplio despacho del Senado, donde a veces va los sábados en jogging para mantener reuniones políticas reservadas.

Bauzá negó a LA NACION que fuera a integrar un virtual gobierno de unidad con la Alianza. No cree en esa alternativa y, además, considera que algunos funcionarios del Gobierno lanzaron esa idea sólo para ver cómo iba a ser recibida por la gente.

En los meses que les quedan en el Senado, Corach y Bauzá prometen endurecer la postura conciliadora que tuvo el justicialismo con el Gobierno.

Ambos afirman que no tienen miedo de perder los fueros ni de volver al "llano". Si Menem sigue preso después de diciembre, seguirán con la rutina de visitarlo todas las semanas en la quinta de Don Torcuato.

Resistir en el partido es lo que les queda a los dos ex funcionarios de Menem que más poder tuvieron durante los diez años de menemismo.

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