Respuesta a la solicitada de YPF

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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19 de octubre de 2009  

El siguiente texto es la respuesta del columnista de LA NACION a la solicitada publicada ayer por la empresa YPF en varios diarios.

En la solicitada que publicó ayer YPF se cuestionan seis afirmaciones mías, escritas en cinco notas que aparecieron en enero, mayo, junio y julio de este año. No tengo reparo alguno, por supuesto, en que esa compañía discuta lo que digo. No tengo reparos en que nadie lo haga. De hecho, mis artículos están siempre abiertos a comentarios de los lectores en lanacion.com .

Me llama la atención, eso sí, que YPF haya decidido formular salvedades con tanto retraso: entre tres y nueve meses después de la publicación de esas afirmaciones. También encuentro curioso que, para hacerlo, haya elegido la semana en que la TV oficial divulgó con llamativa insistencia un video-montaje anónimo con agravios contra mi persona, hecho con cámaras ocultas y editado con muy mala fe. En esa burda operación de inteligencia se pretendió poner en tela de juicio la credibilidad de algunos artículos míos sobre YPF y se intentó demostrar que formaban parte de una oscura maniobra.

Estas curiosidades no me eximen de responder a las inquietudes de la empresa y de los lectores. Lamento, en todo caso, que la demora de esas observaciones empobrezca la comprensión de lo que se discute. Las oraciones sueltas seleccionadas en la solicitada fueron escritas en un contexto argumental preciso y se referían a hechos y problemas que pueden haberse perdido en la memoria del lector. Contestar me obliga, en consecuencia, a un esfuerzo de arqueología.

YPF se queja de que el 5 de enero yo haya escrito, basándome en fuentes de la Anses, que en ese organismo estudiaban asistir a la petrolera para el rescate de un bono por US$ 240 millones. Y recuerda que la suma era de US$ 225 millones. Tiene razón en el error del monto. Me equivoqué, efectivamente, en 6,2%.

En cuanto a lo que se afirma sobre la Anses, para comprenderlo habría que reconstruir todo el párrafo ( www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1086990 ). La nota se refería a que la transportadora TGN acababa de entrar en default, provocando un estado de alarma en el Gobierno ante la posibilidad de que se repitieran episodios similares. Consignaba, además, que el Ministerio de Planificación había concedido un aumento de emergencia en la tarifa de Autopistas del Sol para que no entrara en cesación de pagos. Aquí también hay que recordar el contexto: faltaban 15 días para que asumiera Barack Obama, transcurría lo peor de la crisis internacional y el costo del dinero se había vuelto inalcanzable.

El Gobierno –comenzando por Néstor Kirchner– y el mercado estaban inquietos por la tasa que convalidaría YPF para financiarse. En ese momento, los equipos técnicos de la Anses habían recibido la instrucción de analizar los vencimientos privados que fueran inminentes. La Anses asistió en esas circunstancias a muchas empresas de gran porte. Es verdad que, 50 días después de mi nota, YPF pagó su bono con fondos propios. Pero de ningún modo se puede ahora insinuar que, en medio de aquella tormenta, informar que la Anses analizaba auxiliarla era falso o malicioso.

La segunda nota objetada es del pasado 23 de mayo ( www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1131417 ). Se refiere a aquel encuentro de los Kirchner con Hugo Chávez en El Calafate, que precedió, en cuestión de días, a la estatización de empresas de Techint en Venezuela. Toda la prensa –no sólo LA NACION– consignó, en esos días, las especulaciones acerca de lo que se había hablado en aquel encuentro.

En un párrafo enumeré las "versiones delirantes" (así las califiqué) que habían inspirado aquella visita de Chávez; entre otras, que Chávez había traído armamento. Y agregué: "Hubo hipótesis menos afiebradas. La más común, que Pdvsa podría comprar a los Eskenazi la deuda que contrajeron para adquirir su participación en YPF, presume que esa familia kirchnerista quiere alejarse del negocio petrolero, según aseguran algunos empresarios españoles".

Un mes antes de esa publicación me había tocado disertar en un almuerzo del Club del Petróleo, en el que cinco altos ejecutivos de otras tantas empresas del sector me confiaron sus conjeturas sobre un desembarco venezolano en YPF. En aquellos días hubo muchas publicaciones –entre ellas, informes especializados– con esta hipótesis. El 11 de junio, un diario que no es LA NACION publicó que, en el encuentro de El Calafate, Kirchner le había ofrecido a Chávez que entrara en YPF en lugar de los Eskenazi. La empresa nunca produjo una desmentida sobre todo esto. Sólo ayer, cinco meses más tarde, puso la lupa sobre una oración de mi nota.

Queja

La queja de YPF se extiende al hecho de que, en mis notas, he venido relevando las especulaciones que existen respecto de la posibilidad de que la familia Eskenazi venda su participación en la empresa. Esas hipótesis nacen de un dato que está en la propia solicitada: la familia Eskenazi ha comprado acciones de Repsol en YPF, en parte, con un crédito de Repsol, y está pagando gran parte de esa deuda con los dividendos que cobra en la compañía. Al caer la rentabilidad de la empresa –como sucede con todo el sector–, los dividendos ya no serán los mismos. Existen inevitables interrogantes, por lo tanto, sobre cómo se seguirá pagando la deuda.

Sobre la eventualidad de que los Eskenazi abandonen YPF se vienen publicando numerosas informaciones en los últimos tiempos. Por ejemplo, el 2 de julio pasado Repsol informó a la Comisión Nacional de Valores Madrid que tal vez se marcharía de YPF. Ese mismo día la prensa internacional había publicado una oferta de la China National Offshore Oil Corp. Ltd. (Cnooc) y de la China National Petroleum Corp. para comprar YPF en alrededor de US$ 17.000 millones.

Sobre la venta a los chinos se sigue hablando hasta hoy. De hecho, varios legisladores están elaborando proyectos para impedir esa eventualidad. También se especula con una estatización de la compañía. El 15 de junio publiqué al respecto: "Por supuesto, son especulaciones. Pero De Vido creyó necesario despejarlas, el jueves pasado, al aclarar ante la Cámara de Empresas Españolas que no se está pensando en una estatización".

Confieso que me agradaría tener alguna primicia sobre este tema. Pero hasta ahora sólo he podido consignar las hipótesis que buena parte de la prensa y del mercado se formula sobre el destino de YPF. La empresa decidió desmentirme sólo a mí.

YPF interpreta que, como esas conjeturas no se concretan, la información sobre ellas es falsa. Es un argumento absurdo. Decir que en la calle hay gente con paraguas no equivale a asegurar que va a llover.

Dividendos

Otra objeción de la solicitada tiene que ver con el tema de la distribución de dividendos de YPF. Me reprocha haber dicho que este año se pagaron $ 9700 millones y no 9286 millones. Es verdad: aquí también cometí un error. En este caso, del 4,2 por ciento.

Sin embargo, mis referencias al reparto de dividendos de YPF no se referían a su volumen, sino al reparto mismo. Y no eran una crítica a la empresa, sino al Gobierno. Hay que recordar que el 2 de junio las autoridades habían prohibido a Edesur distribuir dividendos por $ 65,5 millones.

También hay que tener en cuenta que, tres días después, desde una tribuna, Kirchner le reprochó a Techint otro reparto de dividendos. Uno de los argumentos oficiales era evitar la salida de capitales, que en ese entonces era muy caudalosa. El 15 de junio ( www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1139422 ) escribí que, a diferencia de lo que hizo con Edesur y con Techint, el Gobierno le permitió a YPF distribuir dividendos por $ 9700 millones. Insisto: hay un error en la cifra, pero el tema no era el volumen de lo que YPF asignaba a sus accionistas, sino la discriminación que las autoridades ejercían sobre otras empresas.

En el caso de YPF, esa ventaja es crucial, ya que la familia Eskenazi viene pagando con dividendos de la compañía gran parte de su deuda con Repsol.

No llevo la cuenta de cuántos artículos escribí sobre YPF. La empresa, en su solicitada, menciona once, en los últimos diez meses. Se queja por seis frases de cinco de ellos. Sólo se pueden reprochar errores objetivos en dos cifras.

Sin embargo, extraídas de los párrafos a los que pertenecían, fuera de contexto y publicadas todas juntas entre seis y nueve meses más tarde, esas oraciones pueden dejar la sensación de que quiero "erosionar la imagen de la empresa y de sus accionistas", como afirma la solicitada. No es así, en absoluto.

En cambio, sí debo aclarar al lector que siempre, como columnista, he sido muy crítico de que la familia Eskenazi se haya convertido en el socio local de YPF. Mis argumentos no datan de los últimos 10 meses. Se remontan al 18 de junio de 2007, es decir, seis meses antes de que se oficializara ese ingreso, cuando publiqué una primera nota al respecto, titulada "Por qué Eskenazi se quedará con YPF" ( www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=918387 )

Algunas de mis razones aparecen, sin desmentida, en la misma solicitada. Eskenazi ingresó en YPF por su relación con Néstor Kirchner. Hasta ese momento, su experiencia en el sector energético era casi nula. Al presentarlo como socio, Antonio Brufau lo caracterizó como un "experto en mercados regulados".

Discutí sobre estas cuestiones con el embajador de España, Rafael Estrella. También con el vicepresidente ejecutivo y CEO de la empresa, Sebastián Eskenazi, en una charla muy franca que mantuvimos el 24 de enero de 2008 por la tarde. Mi argumento principal fue el temor a que la "argentinización" de YPF fuera una "kirchnerización" de YPF, tal como publiqué en aquella nota de junio de 2007.

Me niego a creer que la solicitada de YPF venga a confirmar esta última alternativa. Es decir que su publicación, tan tardía, deba ser interpretada como un ataque más del oficialismo a la prensa independiente. Prefiero confiar en el compromiso con la libertad de expresión que esa empresa declaró ayer.

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