Restricciones e internas en el equipo médico presidencial

Desde que asumió el doctor Ballesteros se difunden partes más escuetos sobre la salud de Cristina; el rol de la hermana, Giselle
Mariana Verón
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9 de noviembre de 2014  

Con la última internación de Cristina Kirchner comenzaron a salir a la luz tanto las diferencias internas dentro del área encargada de cuidar la salud presidencial como la impronta de la nueva gestión: la cada vez más notoria falta de información oficial.

La renuncia de Luis Buonomo, el histórico colaborador del matrimonio Kirchner, dejó a la Unidad Médica Presidencial (UMP) bajo el mando de Marcelo Ballesteros, cirujano y especialista en emergentología, que fue abriéndose espacio en el centro del poder desde que ingresó a la Casa Rosada, durante el corto mandato de Fernando de la Rúa.

El rasgo más distintivo de la nueva etapa es la escasa información. Aunque siempre fue una constante en los gobiernos kirchneristas, a partir de Ballesteros los partes son cada vez más escuetos. Todos los médicos tienen prohibido el contacto con los medios y no hay comunicado que no pase por un filtro político.

Ni siquiera los ministros del gabinete estuvieron al tanto de antemano del problema que había tenido Cristina, que llegó el domingo pasado al sanatorio Otamendi con 39 grados y medio de fiebre, hasta que se le detectó una diverticulitis.

La mayoría de los colaboradores presidenciales terminó enterándose de lo básico, por los comunicados, sobre lo que ocurría con la Presidenta. La información es escasa tanto hacia afuera como hacia adentro del Gobierno.

Los partes médicos pasan siempre por el tamiz familiar y político. Si la Presidenta lo puede hacer, es ella quien los pule. Si no, intervienen desde su vocero, Alfredo Scoccimarro, hasta su hijo, Máximo Kirchner. También influye Giselle Fernández, la hermana de Cristina.

Desde la muerte de Néstor Kirchner, Giselle, que además es médica, se acercó mucho más a la Presidenta y comenzó a involucrarse en los problemas de salud de la jefa del Estado, para complicación del resto del equipo de especialistas.

Su influencia, cuando surge una dificultad, abarca desde sus intentos por definir los lugares de internación hasta los médicos especialistas que deberían tratarla. Quienes conocen el funcionamiento oficial relatan que Giselle suele llamar a sus contactos antes de que lo hagan los propios médicos a cargo de cuidar a la Presidenta.

Justamente una de las características de la gestión Ballesteros es que la UMP deriva a otros especialistas la atención presidencial y él cumple más un rol de atención primaria de la jefa del Estado.

El nuevo médico de la Presidenta se ganó su confianza gracias a Buonomo, que lo designó su segundo cuando estuvo a cargo de la UMP, aunque más tarde se distanciaron.

Aires de cambio

Con la llegada de Ballesteros y la salida del histórico médico de la familia Kirchner se fue también quien era coordinador de la unidad, Daniel Maffei, especialista en Emergencias de Medicus, empresa dueña del Sanatorio Otamendi, donde se internó Cristina por su último cuadro.

Maffei recaló en la Dirección de Enlace de la Presidencia para las misiones humanitarias de Cascos Blancos, que dirige Buonomo. Otros integrantes de la unidad presidencial resistieron a pesar de los aires de cambio que se instalaron con la jefatura en manos de Ballesteros.

Entre los médicos más importantes del staff presidencial está Daniel Fernández, que era quien en principio iba a quedar a cargo de la UMP por su buen vínculo con Cristina. Para evitar conflictos, finalmente dio un paso al costado y, siguiendo la línea de sucesión, Ballesteros ganó la pulseada.

Dedicado ciento por ciento a Cristina, el nuevo jefe de los médicos presidenciales mantiene su cargo como titular del Comité de Docencia e Investigación del hospital Alberto Balestrini, pero no ejerce la medicina por fuera del cuidado de la Presidenta.

Sus vínculos políticos cruzan varias gestiones, desde De la Rúa hasta Daniel Scioli. Llegó a Balcarce 50 durante el mandato de la Alianza, cuando la UMP no existía y sólo había una Dirección de Sanidad, que dirigía Marcelo Muro, quien asistió al ex presidente y había sido director del SAME.

Allí estaba Ballesteros (hoy tiene 52 años) cuando en 2003 llegó Néstor Kirchner con Buonomo y decidieron profesionalizar el área. Recién en 2008 se creó por decreto la unidad y se nombraron los médicos, que hoy llegan a 20 profesionales. La última incorporación, según el Boletín Oficial, fue la kinesióloga Lidia Urquiza.

Las relaciones de Ballesteros cruzan a otros gobiernos, incluido el bonaerense. Tiene una estrecha relación con el ministro de Salud de Scioli, Alejandro Collia.

El cuadro continúa estable

La presidenta Cristina Kirchner continúa internada por su infección intestinal en el sanatorio Otamendi. En un nuevo parte difundido ayer por la Unidad Médica Presidencial, se consignó que la mandataria "cursa el sexto día de internación por un cuadro de sigmoiditis". Agregó que "presenta buena evolución clínica e imagenológica, continúa con dieta especial y tratamiento sintomático y antibiótico". Concluye que "permanece internada para completar el tratamiento, con control evolutivo". Lo firmaron los doctores Marcelo Ballesteros y Daniel Fernández. El parte omitió informar cuándo será dada de alta.

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