Revelan escuchas ilegales a Timerman

Tuvo "pinchado" su teléfono de la Cancillería en 2011; sospechan de la ex SIDE
Hugo Alconada Mon
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2 de abril de 2013  

El canciller Héctor Timerman y varios de los más altos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores fueron sometidos a escuchas telefónicas durante algunas de las más complejas negociaciones diplomáticas de los últimos años, con países como Irán , Estados Unidos y Uruguay, entre otros. Así surge de documentos oficiales secretos, que fueron vistos por LA NACION.

Las escuchas telefónicas alcanzaron, al menos durante 2011, a Timerman ; al entonces vicecanciller, Alberto D’Alotto; al secretario de Cooperación y Coordinación Internacional, Hernán Orduna, e incluso a Ulises Kandiko, jefe de la Dirección de Seguridad del ministerio (Diseg), que vela por la limpieza de las comunicaciones más sensibles de la diplomacia argentina.

La propia Diseg detectó el espionaje durante dos de los monitoreos que desarrolla de manera periódica con la Policía Federal de todas las vías de comunicación de la Cancillería.

Descubrió "anomalías" en las líneas de esos funcionarios, que estaban redireccionadas, según los documentos MRE:0104597/2011 y otros posteriores.

La pesquisa permitió comprobar que la interceptación sería local y se sospechó de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE) como posible responsable, algo que, sin embargo, no quedó asentado en uno de los expedientes secretos que se iniciaron, registrado como EXPE-MRE:0038291/2011.

Timerman, sin embargo, no fue víctima de las primeras escuchas detectadas -que sí alcanzó a sus máximos colaboradores-, sino que se verificó que había quedado bajo las intercepciones durante el segundo y más profundo monitoreo de los teléfonos oficiales.

La investigación detectó, además, que él o los espías habían aprovechado las oportunidades que ofrecía la central telefónica privada instalada dentro del ministerio para ocultar sus pasos. Los sabuesos pudieron seguir el rastro de los espías sólo hasta la cocina de la propia Cancillería.

Al tanto del hallazgo y de las investigaciones posteriores, Timerman desestimó, sin embargo, las propuestas que elevó la Dirección de Seguridad del Ministerio. Le recomendó comprar nuevos y más sofisticadas líneas de telefonía que permitieran mantener comunicaciones encriptadas.

"Se considera conveniente a fin de garantizar las comunicaciones entre el señor canciller, los secretarios y subsecretarios de Estado y sus respectivos jefes de Gabinete, adquirir equipamiento tecnológico que garantice las comunicaciones, tanto en líneas fijas como las de telefonía celular", señaló la DiSeg.

Los expertos de esa área incluso estimaron que se podía sortear el problema con la compra en el exterior de 33 teléfonos celulares encriptados, por apenas 102.102 euros, y otros 35 teléfonos fijos, también encriptados, por 81.000 dólares.

Pero Timerman desoyó la propuesta, mientras protagonizaba negociaciones sensibles con Uruguay por la pastera Botnia y por las obras de dragado del canal Martín García. También para el momento en que fue espiado, el canciller dialogaba con diplomáticos y funcionarios sobre el incidente con un avión militar de Estados Unidos en Ezeiza. O llevaba adelante las negociaciones con Irán para la creación de la "Comisión de la Verdad" por el atentado contra la AMIA. Por el contrario, mantuvo las mismas líneas y teléfonos (de lo que se informa por separado).

La primera alerta oficial llegó a la cúpula de la Cancillería en mayo de 2011, cuando la Dirección de Seguridad completó su "informe reservado", calificado de "estrictamente confidencial y secreto", junto a la División Operaciones Técnicas Especiales de la Policía Federal.

Contramedidas

La Policía comunicó que completó "contramedidas electrónicas" en distintas áreas de la Cancillería, incluidas las oficinas de Timerman, el entonces vicecanciller y el secretario de Cooperación y Coordinación Internacional, entre otros.

Según la Policía, en esa primera peinada no encontraron pinchaduras contra Timerman -eso ocurriría luego-, pero también informó a la Cancillería -y habría llegado también hasta la ministra de Seguridad, Nilda Garré- que en otros despachos de los pisos 1°, 5 y 14 detectó "anomalías", según la copia a la que accedió LA NACION.

En el caso de D'Alotto, por ejemplo, su teléfono estaba vinculado "con otro interno ubicado en el sector cocina del mismo piso", donde verificaron a su vez que "se hallaba la conexión alámbrica del par telefónico, tratándose de un recinto cerrado bajo llave, el cual aloja un armario tipo rack con puerta de vidrio y cerradura correspondiente al punto de acometida de toda la red de telefonía y datos del piso".

Semanas después, el 12 de julio de ese año, con el informe de la Policía Federal en su poder y completado su propio análisis, la Diseg elevó su "informe sobre relevamiento de seguridad en las comunicaciones, contramedidas electrónicas y recomendaciones", cuya copia también obtuvo LA NACION.

En ese reporte, la Diseg reportó esas "anomalías" detectadas y recomendó "realizar una auditoría específica sobre todo el sistema telefónico a los efectos de localizar las vulnerabilidades del sistema" y comprar los nuevos teléfonos fuera del país "a fin de minimizar el conocimiento por terceros de la tecnología y equipamiento que se emplea para garantizar la seguridad de las comunicaciones de esta cartera" y, para más datos, "en virtud de la sensibilidad del tema".

Un ministerio acechado por espías

El canciller recibió informes de alertas por pinchaduras telefónicas, pero no actuó

  • HÉCTOR TIMERMAN

    Canciller de la Argentina

    Las escuchas ilegales contra el ministro se descubrieron durante un monitoreo de la Dirección de Seguridad, en 2011. Pese a las alertas (ver facsímil), el ministro no siguió los consejos para adquirir nuevos equipos que le garantizaran la confidencialidad de las comunicaciones de él y de sus más cercanos colaboradores
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