Rico, al límite

Luis Moreiro
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25 de marzo de 2000  

LA PLATA.- El error fue grosero. Aldo Rico sabe que es el ministro más mirado del gobierno de la provincia más importante del país. No puede equivocarse de esa manera. No puede involucrar al presidente de la Nación en una operación que tiene tan mal olor como el que por estos días castigó a los habitantes de la Capital Federal.

Cualquier ministro en una situación similar ya estaba haciendo las valijas y retirando de su despacho los pergaminos que hubiera sabido conseguir. Eso, al menos, es lo que a primera vista indica la lógica.

El ex líder carapintada, sin embargo, sigue en el cargo. Y hay un escalón más para trepar. Todo político sabe que los errores graves se pagan. Si alguien yerra de forma grosera, de inmediato pone su renuncia a disposición del jefe supremo. A no ser que esté enamorado de un sillón; a no ser que haya tenido "licencia para matar".

Rico, bueno es reafirmarlo, jamás se mostró dispuesto a dimitir. Debe de tener un fuerte respaldo político, puede colegir, por lo tanto, el observador.

Si el tremendo tropezón no se condice con una inmediata salida del gobierno, hay algún "detalle" que no aparece a simple vista.

Las opciones son, por lo menos, tres:

1) Rico dio el mal paso avalado por algún estamento gubernamental, lo que le da protección.

2) Por ahora está a salvo sólo porque el gobernador Ruckauf no está dispuesto a relevarlo desde Estados Unidos.

3) Ruckauf realmente cree que los réditos que en materia de seguridad pueda entregarle su ministro superan largamente los peligros de su innegable torpeza política.

De las tres, la última es la más peligrosa. En ese caso, Rico tendría una suerte de carta blanca mientras el gobernador crea que los dados de la estadística delictiva juegan a su favor.

Por otra parte, el ex intendente de San Miguel parece haber tomado como suya una máxima que, según se dice, impuso Carlos Menem y adoptó Ruckauf:"Para hacer política hay que apostar fuerte. De lo contrario, hay que quedarse en casa".

En buen romance, Rico no aprende, no escarmienta, o sigue actuando como un comando del ejército en operaciones: siempre al límite, sobre la cornisa y provocando al enemigo.

El miércoles, mientras el oficial Beraldi aparecía por las pantallas de TV poniendo en ridículo al ministro, éste abría otro frente de combate. "Los jueces prefieren irse a un country los fines de semana antes que a desarrollar sus tareas", dijo temerariamente.

La respuesta no se hará esperar. Y se teme que sea corporativa. Ayer, mientras desde la Legislatura llovían los pedidos de renuncia, no menos de una decena de magistrados transitaba despachos de diputados y senadores. Hasta la Suprema Corte se habría sentido tocada. Y no es poco.

Rico, por ahora, sigue. Avalado por intereses políticos o por un afortunada ausencia del gobernador.

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