Santos no seguirá al frente de la Policía

Hoy resolverán quién lo sucederá
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24 de diciembre de 2001  

Dos de las tres fuerzas de seguridad federales tendrá, después de la Navidad, nuevo jefe. Calificadas fuentes gubernamentales confiaron a LA NACION que, además de la salida confirmada del hasta ayer Nº 1 de la Policía Federal, estaría decidido el reemplazo del director nacional de la Prefectura naval, prefecto general Juan José Beltritti. Así, sólo conservaría su puesto, al menos hasta abril, el titular de la Gendarmería Nacional, comandante general Hugo Miranda.

En la Casa Rosada, el nuevo secretario de Seguridad Interior, Juan José Alvarez, anunció ayer que el futuro jefe de la Federal será elegido hoy por el presidente Rodríguez Saá.

No trascendieron los nombres de los postulantes. Anoche, uno de los nombres que circulaba ayer con más fuerza para reemplazar a Santos era el del actual superintendente de Policía Científica, comisario mayor Roberto Giacomino, un hombre que contaría con el apoyo del gobernador bonaerense Carlos Ruckauf.

De hecho, en sus últimos dos destinos Giacomino estuvo muy cerca de autoridades justicialistas: en 1999, como jefe del Departamento Seguridad Area Gobierno –de él dependía la custodia del Ruckauf vicepresidente–, y en 2000, en la Comisión Coordinación de Asuntos Federales con el gobierno de la provincia de Buenos Aires, en La Plata.

Con todo, las fuentes dijeron a LA NACION que aún nada fue decidido. De hecho, no descartaron el nombramiento de dos de los más antiguos comisarios generales de la actual cúpula policial hasta abril próximo.

Ocurre que el nombramiento de un comisario mayor como jefe implicaría grandes movimientos dentro de la fuerza, con el pase a retiro de la actual cúpula policial y de no pocos hombres de jerarquías inferiores. Y, eventualmente, la virtual sangría en los sectores superiores de la Federal podría repetirse en abril, cuando por el sufragio popular sea elegido el hombre que dirigirá al país hasta diciembre de 2003 y éste decida quién debe estar al frente de las fuerzas de seguridad.

Las versiones ubicaban al actual superintendente de Asesoría Institucional, comisario mayor Eduardo Prados, como segundo de la Federal, en reemplazo de Osvaldo Cannizzaro, a quien se le llegó a ofrecer la jefatura interina de la fuerza.

Postura

El jefe saliente de la Federal confirmó a LA NACION que Cannizzaro rechazó el convite: “Llegué con Santos y tengo que irme con él”, fue la respuesta del subjefe, según Santos.

Anoche, en un breve diálogo con LA NACION, y tras su última reunión con los integrantes de la cúpula de la Federal, Santos pidió disculpas a la sociedad por las consecuencias de la actuación policial durante los trágicos disturbios. Lamentó las muertes ocurridas pero justificó la represión: afirmó que entre la inmensa mayoría de legítimos manifestantes hubo grupos violentos que buscaban tomar por asalto la Casa Rosada y el Congreso.

“Me sentí muy mal durante aquellos episodios, pero ahora estoy tranquilo. Actué como correspondía y esas dos históricas ceremonias que hubo en el Congreso y en la Casa de Gobierno (por la Asamblea Legislativa y la asunción de Rodríguez Saá) fueron posibles gracias a la acción decidida de la policía. El objetivo de los grupos violentos no era quemar McDonald’s o bancos: querían incendiar las instituciones y tomarlas por asalto”, sostuvo Santos.

En el círculo más íntimo del saliente jefe había ayer, sobre los hechos consumados, una certeza: “Lo dejaron solo. Cumplió con su deber e hizo lo que le ordenaron De la Rúa (Fernando), Mestre (Ramón, ex ministro del Interior) y Mathov (Enrique, ex secretario de Seguridad). Pero cuando las crisis estalló le soltaron la mano y se escondieron. Así, la policía y el jefe fueron la única cara de una represión que ordenó el poder político”.

Santos, cuya voz, en el teléfono, parecía a punto de quebrarse por la emoción, sólo dijo: “Hubo un momento en el que me sentí muy solo. Ahora ya no importa. Antes de los disturbios caminé con la gente en la Plaza de Mayo. Estuve largo rato en la ochava de Irigoyen y Balcarce y me conmovió hasta las lágrimas la actitud de una ciudadanía que reclamaba legítimamente y en paz. Lo ideal hubiese sido que aquella noche todo se hubiera arreglado, para no tener que lamentar lo que pasó después”.

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