Scioli planea relanzar su armado federal para dejar atrás el conflicto

Sus operadores siguieron activos durante el paro docente; el gobernador apelará a la unidad del PJ
Marcelo Veneranda
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30 de marzo de 2014  

Después de lidiar con la peor huelga docente desde los 80, Daniel Scioli apeló a varios medios para enviar un mensaje de firmeza en su gestión, de satisfacción por la apertura de las escuelas y de paz hacia los gremios. Mientras eso sucedía, vía Twitter comenzaba a circular una foto suya junto al mandatario de la provincia coreana de Gyeongi Do, con quien almorzó en Villa La Ñata. Con un detalle: Moon Soo Kim posó ante las cámaras con una gorra anaranjada y la leyenda "Scioli 2015".

Como un iceberg, el gobernador bonaerense navegó estas semanas entre dos realidades: la gestión, comprometida por la escasez de recursos, la huelga docente y el recuento de las víctimas de la última inundación en La Plata; y su proyecto presidencial, que sus operadores mantuvieron activo aún en las peores horas del conflicto docente. El humor de la tropa sciolista tampoco escapó a esa dualidad.

Las encuestas que llegan a La Plata siguen mostrando a Scioli por detrás del diputado Sergio Massa si las elecciones se realizaran hoy. En febrero, Poliarquía le entregó al gobernador un estudio que estableció ese resultado en 35% a 24% en favor del ex intendente de Tigre. Management & Fit lo situó en 21,7% a 17,4%, con el mismo ganador. Esta última es la distancia que prefieren ver los sciolistas, que agregan un dato: la prolongación del conflicto docente terminó mejorando ("en dos puntos") la imagen del gobernador.

Es el mismo sector que vio una mano negra detrás del conflicto. No en el reclamo de los maestros, sino en la modalidad (el paro por tiempo indeterminado) elegida por los gremios. Las culpas, en este caso, son atribuidas desde La Plata a los sectores "no peronistas" de la Casa Rosada. Los más cautas acusan al sabbatellismo. El resto, al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini.

"Son momentos muy duros, muy difíciles para Daniel", se sinceran quienes tratan al gobernador fuera de los espacios de gestión. "Este año el conflicto docente fue más duro, pero este gobierno está acostumbrado a lidiar con escenarios de crisis", se envalentonan, en cambio, desde los despachos de La Plata.

En cualquiera de los casos, la tropa sciolista prefiere hablar del futuro inmediato. Ya no postergan hasta el Mundial el comienzo de la campaña. De hecho, afirman que Scioli comenzará a dar señales de que su proyecto presidencial está más que vigente apenas se disipe la protesta escolar, que esta semana podría completarse con el faltante de alimentos en los comedores y el reclamo de los gremios judiciales.

En cualquier caso, en La Plata imaginan que Scioli reeditará en breve las fotos con gobernadores e intendentes, como lo hizo en enero, desde Mar del Plata, para reforzar la idea de que su armado tiene mayor asidero federal que el de Massa.

Para ese fin trabajan, del otro lado del iceberg, los operadores menos visibles del sciolismo: el ex presidente interino y veterano cacique peronista Eduardo Camaño, el hermano del gobernador José "Pepe" Scioli y el titular del Grupo Provincia, Santiago Montoya.

"Pepe" Scioli viene de reunirse con el vicegobernador de La Rioja, Sergio Casas, y en los próximos días hará lo mismo en Corrientes, donde suele frecuentar al mandatario radical, Ricardo Colombi. Luego desembarcará en Salta junto a la esposa de su hermano, Karina Rabolini. El encuentro se realizará bajo el paraguas de las fundaciones Desarrollo Argentino, de Scioli, y Salta, del gobernador Juan Manuel Urtubey.

Mientras el mandatario entrerriano Sergio Urribarri caminaba el territorio bonaerense, Montoya devolvía gentilezas entrevistándose con empresarios de Paraná, tarea que repitió en Santa Fe y que llevará en los próximos días a las provincias cordilleranas y del Noroeste.

Scioli le habría encargado a Camaño una tarea más compleja: organizar la red política para fiscalizar las primarias de 2015. "Eduardo está entusiasmado como si tuviera 18 años", comentaban cerca del gobernador, que le encargó a su ex secretario de Gobierno otra misión: rastrear peronistas espantados por el kirchnerismo para que vuelvan al partido.

No será sencillo. Menos aún cuando La Cámpora intenta usar la excusa del cupo femenino para borrar del organigrama del PJ bonaerense al intendente de Merlo, Raúl Othacehé, a raíz de su pase al massismo. El sciolismo planea una jugada arriesgada para enviar la señal contraria: piensa en el presidente del PJ bonaerense, Fernando Espinoza, y el diputado Francisco de Narváez.

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