Se está sacrificando el futuro en el altar del presente

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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21 de octubre de 2008  

Los Kirchner ya tienen, con la estatización del sistema previsional, sus "fondos de Santa Cruz". Es decir, una caja capaz de disimular cualquier mala praxis en la administración de la economía. El precio es altísimo: la destrucción, por años, del mercado de capitales en la Argentina.

La excusa es impecable: si el Reino Unido y Suiza respondieron a la tormenta internacional con la nacionalización de la banca, ¿por qué los argentinos deben autodiscriminarse de la ola intervencionista que recorre el planeta? La objeción también es sencilla: la rentabilidad de las AFJP se derrumbó, sobre todo, porque el 55% de sus activos está constituido en títulos públicos colocados de manera compulsiva por el Gobierno.

Es decir, lo que se resolvió ayer no es el cambio de una política previsional por otra, sino la consumación final de la que se venía practicando. Los ahorros de los trabajadores ya habían sido, poco a poco, estatizados.

El resultado de esa operación fue pésimo porque la estrategia financiera del Gobierno es desastrosa.

Síntesis: el que llevó al borde de la quiebra a las AFJP fue, sobre todo, el Estado, que ahora se las apropia. Recuerdos de Aerolíneas.

La decisión de ayer no pretende rediseñar el sistema previsional. Busca, antes que eso, una salida desesperada de la asfixia fiscal. En principio -sólo en principio- es una manera de evitar el default al que se dirigía la Argentina como una flecha.

El Tesoro debe afrontar el año que viene vencimientos por US$ 20.000 millones y hasta ayer no contaba con más de US$ 5000. Por eso se había autorizado a saldar los pasivos en deuda extranjera con reservas del Banco Central. Ahora el fisco tomó otro camino: contar como propios los US$ 3750 millones que las AFJP recaudan por año. Y desentenderse de los US$ 1400 millones en bonos que vencen en 2009 y están en poder de esas instituciones.

Con la tonelada de soja a US$ 350 y el dólar a $ 3,20, el superávit fiscal sería para 2009 de no más de 2%. Con el zarpazo de ayer subió a 3,2%, que es el número del que se venían ufanando los Kirchner, sin revelar cómo pensaban obtenerlo.

* * *

Sin embargo, la intención de evitar el default echando mano de los ahorros jubilatorios no es una explicación suficiente para esta nueva estatización.

Para alcanzar ese objetivo bastaba con capturar ese flujo de US$ 3750 millones que ingresan año a año en el sistema. Sin embargo, el Gobierno, insaciable, se apropió también del stock. Es decir, de los US$ 30.000 millones que, en total, suman los activos del régimen de capitalización.

Según la última valuación de septiembre, el 10% de ese patrimonio está constituido por papeles de bancos o empresas extranjeros, que pueden liquidarse en cualquier momento.

La estatización de esa enorme masa de recursos satisface dos premisas principales del pensamiento oficial. La primera es que el Estado es más inteligente que el mercado para administrar la riqueza, idea que vuelve a estar en boga en el mundo, pero que la experiencia actual de la Argentina se empeña en refutar.

La captura de los fondos previsionales hace juego, en este sentido, con otros proyectos que navegan sin luces por el Ejecutivo: el de un fondo de US$ 15.000 millones constituido con reservas del Banco Central para financiar infraestructura. O el del fideicomiso al que destinarían los recursos blanqueados en el jubileo que auspicia el esposo de la Presidenta.

El otro apotegma kirchnerista en cuyo homenaje se tomó la decisión de ayer es que el porvenir merece ser sacrificado en el altar del presente.

Es el criterio que inspiró el canje de deuda con los holdouts , de cuyo prematuro fracaso nació la incautación de las AFJP: no importa con cuánta deuda se cargue a las futuras generaciones si ella permite conseguir US$ 2500 millones para esta noche. Nada es más fácil de confiscar que el futuro. Ayer reinó ese cortoplacismo.

Porque la última ratio de la nacionalización provisional no es evitar la cesación de pagos. Tampoco constituir una megacaja para impulsar la obra pública. El punto de fuga de este cuadro es otro: la candidatura de Néstor Kirchner.

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