Se quebró el pacto del PJ para ir a elecciones

Hay gobernadores enfurecidos por la pretensión del Presidente de quedarse en la Casa Rosada hasta 2003
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28 de diciembre de 2001  

El acuerdo que hicieron los principales hombres del justicialismo para llegar al poder y convocar a elecciones anticipadas se quebró.

Sólo pasaron seis días desde que Adolfo Rodríguez Saá asumió la Presidencia, con el respaldo del PJ, y el mismo sector que llevó al gobernador de San Luis a la Casa Rosada ahora intenta resistir la ambición del puntano de quedarse hasta 2003 con la banda presidencial, sin elecciones.

El Presidente fue tajante anteanoche cuando se reunió en privado con seis gobernadores peronistas y el titular provisional del Senado, Ramón Puerta. "Voy a cumplir con mi palabra", dijo. Ninguno de los presentes le creyó demasiado porque todas las medidas que tomó Rodríguez Saá desde que es Presidente están destinadas a un sólo objetivo: quedarse.

Además, el propio Presidente cortó la discusión que había comenzado en el séptimo piso de la Casa de Formosa cuando uno de los gobernadores le preguntó por la convocatoria a los comicios. "Dicen que no quiero las elecciones... La verdad es que no tengo tiempo para hablar de eso, muchachos... ¿Por qué no nos juntamos el 2 de enero y hablamos", dijo Rodríguez Saá.

Esta información fue confiada a LA NACION por dos fuentes que participaron de esa reunión. Estuvieron los gobernadores Juan Carlos Romero (Salta); Gildo Insfrán (Formosa); Eduardo Fellner (Jujuy); Julio Miranda (Tucumán), Carlos Rovira (Misiones) y Angel Maza (La Rioja).

Horas después, José Manuel de la Sota (Córdoba) y Néstor Kirchner (Santa Cruz), que se habían lanzado como candidatos para las elecciones de marzo próximo, reclamaron públicamente que se cumpla el compromiso asumido por el PJ en la Asamblea Legislativa, que terminó el domingo.

A la tensión que se instaló de golpe en el interior del peronismo se sumó la visita de Carlos Menem a la Casa Rosada, donde expresó su deseo de que Rodríguez Saá siga hasta 2003.

En realidad, el ex presidente, que no participó en ninguna de las negociaciones que marcaron el regreso del PJ al poder, siempre estuvo en contra de las elecciones. Ahora, la postura del titular del justicialismo es funcional a las ambiciones de los adolfistas.

Una fuente de extrema confianza del Presidente admitió a LA NACION que la apuesta para evitar los comicios es que la Justicia anule lo que se decidió en la Asamblea Legislativa: convocar a elecciones el 3 de marzo. Creen que una decisión judicial les evitaría un conflicto en el peronismo que ya estalló, antes de lo que el círculo íntimo presidencial imaginaba.

Con la misma velocidad con que se toman decisiones en el despacho presidencial se diseñan las estrategias para no dejar el cargo. Por esa razón, se intentará un acuerdo interno, que hoy parece difícil, para no convocar a los comicios. De la Sota ya está en campaña y no está dispuesto a ceder.

Kirchner tampoco. Los que lo conocen bien advirtieron a LA NACION que "hay que matarlo" para que cambie de idea. El gobernador de Santa Cruz denunció un pacto entre el Presidente, el menemismo y la UCR para que no haya elecciones. "Rodríguez Saá se comprometió a quedarse 60 días y no competir en marzo. Lo relevo de su palabra pero no de convocar a las elecciones", dijo Kirchner a LA NACION.

Las primeras críticas

Anoche, en una reunión con varios legisladores que le responden, el gobernador bonaerense Carlos Ruckauf definió que competirá en las elecciones de marzo y que pondrá límites a las decisiones que toma Rodríguez Saá. La primera será criticar la masiva emisión del argentino, según confiaron a LA NACION fuentes que participaron de esa reunión.

Allí se criticó al Presidente: "¿Qué se cree, que esto es San Luis y que va a hacer lo que quiere?", dijo un legislador.

Ruckauf, De la Sota y Kirchner y varios legisladores están convencidos de que el Presidente se convirtió en un problema para el PJ porque no está dispuesto a cumplir el pacto.

Según pudo saber LA NACION en boca de varias fuentes del PJ (gobernadores y legisladores), nadie está dispuesto ahora a sostener a Rodríguez Saá hasta 2003; salvo los sindicalistas.

Por esa razón, en diversas reuniones informales, se estudian dos caminos para desalojar a Rodríguez Saá: ejercer una presión para que convoque a elecciones en marzo quitándole apoyo en el Congreso, o convocar de nuevo a la Asamblea Legislativa, que podría nominar otro presidente para completar el mandato.

Ayer, en el tercer piso del Congreso, hubo una reunión de la mesa chica del bloque de diputados justicialistas, que conduce Humberto Roggero, en la que hubo quejas subidas de tono hacia el Presidente porque todos saben que está tratando de romper el pacto que llevó al PJ de vuelta al poder.

El dilema de los justicialistas es cómo enfrentar a Rodríguez Saá: ellos mismos lo apoyaron para llegar a la Casa Rosada y ahora no pueden criticar la ambición que no admitirá el Presidente. "Yo llegué con el apoyo de todos y ahora yo tomo las decisiones", dijo Rodríguez Saá a LA NACION a pocas horas de asumir. Sólo seis días después, su forma de ejercer el poder le valió la irritación de los mismos dirigentes que antes lo elogiaban por haberse postulado como Presidente.

Gobernadores y legisladores cuestionan en privado y en duros términos el nombramiento de varios funcionarios que están cuestionados. Además, lo acusan de ser "incontenible" y de tomar decisiones audaces sin consultar a nadie. "Esto sí que es un asalto al poder", se quejó anoche un importante gobernador peronista.

Habían pasado algunas horas de la renuncia de Fernando de la Rúa, el jueves 20, cuando el PJ se había comprometido a convocar a elecciones. Rodríguez Saá se postuló para manejar la transición porque Puerta no quería quedar como un golpista.

De la Sota y Ruckauf convencieron a todos de que uno debía gobernar 60 días y llamar a elecciones. Hubo acuerdo y Rodríguez Saá recibió el bastón de mando. A menos de una semana de ese pacto, sus aliados arman estrategias para desalojarlo del lugar al que ellos mismos lo llevaron.

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