Similitudes con el discurso de Kirchner

Lucía Vincent
Lucía Vincent PARA LA NACION
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11 de diciembre de 2015  

El discurso de asunción de Mauricio Macri guarda sorprendentes similitudes con el que pronunció Néstor Kirchner al llegar a la presidencia 12 años atrás. Aunque este nuevo gobierno nace con la convicción de dejar atrás una etapa de la historia, las palabras inaugurales del nuevo presidente son más parecidas que antagónicas a las que dieron comienzo al kirchnerismo.

Macri convocó ayer a "sacar el enfrentamiento del centro de la escena". Luego de una etapa de fuertes disputas políticas, el presidente entrante sostuvo que el país "no está dividido" y propuso que las distintas formas de ver la realidad se unan en la diversidad para enriquecer a todos. Doce años antes, Kirchner planteaba que se debían "aprovechar las diversidades sin anularlas", porque pensando diferente, respetando las diferencias y sumando visiones distintas, el país avanzaría hacia un objetivo común. Macri convocaba ayer a quienes se sienten de derecha o de izquierda, a los peronistas y a los antiperonistas. "Para hacer los cambios a los que nos comprometimos, necesitamos armar equipos diversos, sumar visiones distintas de nuestra realidad", mientras que Kirchner apostaba al trabajo y el esfuerzo "plural, diverso y transversal a los alineamientos partidarios".

El estilo de liderazgo de Kirchner se caracterizó, entre otras cosas, por su vocación por mostrarse cercano a la gente y como uno más del pueblo. En su discurso de asunción, prometió que seguiría siendo como "siempre", un hombre "común", asumiendo con dedicación las responsabilidades de su cargo. En idéntico sentido, Macri sostuvo ayer que, si bien ha sido elegido presidente, él seguirá "siendo el mismo", estará "cerca" de la gente, escuchará y hablará "sencillo", con la "verdad" y recordará que no es "infalible".

Si de algo se ha caracterizado el macrismo es de sustentar la gestión en el trabajo de los equipos. Según Macri ayer, la política es "el trabajo entre dirigentes modernos que trabajan en equipo para servir a los demás", en oposición a una política basada en dirigentes que compiten "para ver quién tiene el ego más grande". Por su parte, Kirchner sostenía en su discurso de asunción que había quedado atrás "el tiempo de los líderes predestinados, los fundamentalistas, los mesiánicos". Para él, la Argentina del futuro se debía refundar en la "integración de equipos" con "respeto por la diversidad y el cumplimiento de objetivos comunes".

Kirchner alentaba a que naciera una nueva Argentina basada en el "progreso social, donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres sobre la base del esfuerzo, la capacidad y el trabajo". La fórmula para hacerlo era un Estado que estuviera presente reparando las desigualdades sociales, asegurando empleo y creando posibilidades para el acceso a la educación, la salud y la vivienda. En su discurso de ayer, Macri recordaba que "el deseo de progreso fue la base de nuestra nación" con personas que apostaron con "un optimismo inteligente por el resultado de su trabajo". Prometió un nuevo tiempo de "justicia social", con un Estado presente que tendrá como misión "cuidar a todos", en especial a "los que menos tienen". Un objetivo central de su gobierno será alcanzar la "pobreza cero", sustentado en la generación de trabajo, el desarrollo, el crecimiento y en la mejora de la educación pública.

Macri prometió una etapa de diálogo, con un gobierno sustentado en la verdad, que atacará la corrupción y hará cumplir la ley. Kirchner, 12 años antes, hablaba de la calidad institucional, del apego a las normas, de atacar la impunidad y de la necesidad de alcanzar "un país normal". Para los dos, los cambios no serían de un día para otro, sino paso a paso, como una construcción colectiva que requiere el esfuerzo aunado de todos. Dos momentos fundacionales con sorprendentes similitudes, en un país que vuelve a empezar cíclicamente.

La autora es politóloga de la UNSAM

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