Felipe Solá intenta evitar una crisis con Brasil por la estrategia de Jair Bolsonaro de bajar aranceles

Felipe Solá buscará en Brasilia abrir un canal de diálogo permanente
Felipe Solá buscará en Brasilia abrir un canal de diálogo permanente Crédito: Télam
El canciller viajará el miércoles para reunirse con su par brasileño, luego de dos meses de cortocircuitos
Alan Soria Guadalupe
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9 de febrero de 2020  

Tras dos meses de roces y algunas pocas señales de distensión en la relación bilateral, la Argentina y Brasil mantendrán la semana próxima el primer encuentro de alto nivel desde que Alberto Fernández llegó a la presidencia. El canciller Felipe Solá viajará el miércoles a Brasilia para mantener el primer cara a cara con su par brasileño, Ernesto Araújo, con quien buscará enderezar el vínculo entre la Casa Rosada y el gobierno de Jair Bolsonaro, que comenzó con dificultades y que tiene a las diferencias en las políticas comerciales como el principal escollo.

La Cancillería apuesta a que el viaje de Solá termine por abrir una ventana a un diálogo fluido entre los gobiernos, que hasta ahora se limitó a videoconferencias entre funcionarios o declaraciones mediáticas -algunas combativas- de los mandatarios, que no comparten una relación de afinidad. Ese diálogo será primordial, dicen en el Gobierno, para determinar cómo serán las relaciones comerciales bilaterales, en el Mercosur y con la Unión Europea (UE). El canciller viaja con la meta de establecer una negociación por el futuro del Arancel Externo Común (AEC) del Mercosur, una cuestión que preocupa al Gobierno por el posible impacto que una reducción sustanciosa -promovida por Bolsonaro- puede tener en la industria argentina.

Solá le comunicará a Araújo que la Argentina busca discutir el futuro de los aranceles sector por sector y evitar una quita generalizada porque, según el Gobierno, la industria no está en condiciones de soportar una liberalización fuerte e inmediata del comercio exterior en el contexto económico actual. El funcionario viajará por 24 horas acompañado por el secretario de Asuntos Estratégicos del Gobierno, Gustavo Beliz; el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge Neme, y con el embajador designado, Daniel Scioli.

En ese sentido, y en línea con las conversaciones que Fernández mantuvo con los mandatarios europeos en su última gira internacional, se planteará la necesidad de estudiar cómo se implementará el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea que se anunció el año pasado y la posibilidad de aplicar resguardos para el sector industrial. El Gobierno insiste en que su posición no es contraria al acuerdo con Europa (el Presidente reiteró su voluntad de profundizar los lazos con el Viejo Continente), pero también afirma que no es posible aplicarlo ahora tal cual está.

Para entrar en vigor, el acuerdo debe aprobarse por todos los parlamentos de los países implicados. Se prevé que hacia mitad de año, una vez finalizada la revisión jurídica y la traducción, pueda comenzar el trámite legislativo en todas las partes.

En Europa, mientras Fernández buscó ser pragmático frente al avance inevitable del acuerdo -que según los europeos no se puede renegociar-, el canciller Solá afirmó que si entra en vigor el pacto tendrá en el Mercosur el efecto de una "bomba atómica".

La reticencia del Gobierno a implementar el acuerdo en el corto plazo lo deja en una posición complicada frente al resto de la región, que puede habilitar la entrada en vigor del texto para comenzar a comerciar con Europa con quitas o reducción parcial de aranceles, lo que afectaría rápidamente la competitividad de la Argentina si no aprueba el proyecto.

La conversación con Araújo también tendrá un capítulo dedicado al sector empresario. Industriales y pymes ya le manifestaron al Gobierno su enérgico rechazo a la implementación del acuerdo. El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, inició una ronda de conversaciones con cada sector para revisar los detalles del pacto, que terminarán con la elaboración de un informe sobre los alcances del acuerdo, que le elevarán al Ejecutivo.

En Brasil, Scioli buscó apoyos empresariales que fortalezcan la postura del Gobierno frente a la avanzada aperturista de Bolsonaro, además de buscar darles un nuevo impulso a las exportaciones argentinas a Brasil, el principal socio comercial de nuestro país.

Para ello, la semana pasada el exgobernador bonaerense se reunió en San Pablo con empresarios y con el jefe de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp), Paulo Skaf, quien en el pasado había definido al acuerdo con Europa como una "oportunidad histórica" para Brasil. La entidad es el centro del poder económico de Brasil y en los últimos tiempos demostró alineamiento con Brasilia.

La misión que le encomendó el Gobierno, dice Scioli, es superar los niveles de intercambio comercial que hubo entre ambos países en su mejor momento, cuando llegó a los US$40.000 millones anual a principios de la década pasada. El año pasado, el intercambio terminó apenas por encima de los US$20.000 según el último informe de comercio exterior del Indec.

El primer paso en el intento de encauzar el vínculo no terminará con la confirmación de una fecha para una eventual reunión entre Fernández y Bolsonaro, aunque en el Gobierno no descartan que se pruebe el terreno para comenzar a coordinarla. El presidente brasileño reiteró el jueves que está "listo" para recibir al mandatario argentino, en un nuevo gesto de distensión. Un día antes, había cuestionado las políticas económicas internas de Fernández por haber prohibido los despidos. Bolsonaro dijo que en la Argentina gobierna el "socialismo".

El nuevo ataque del mandatario generó sorpresa en el Gobierno, que, aunque descuenta que Bolsonaro es imprevisible en sus actitudes, los últimos intentos de enfriar la tensión -a través de una videoconferencia entre los cancilleres o las invitaciones para que Fernández viaje a Brasil- volvieron a dejar un signo de interrogación en el futuro de la relación bilateral.

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