Taccetti, el embajador que nunca llegó a Brasil

Kirchner frustró su designación
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8 de mayo de 2003  

El hecho es, al menos, poco usual en el ambiente diplomático: casi con el mismo fervor con el que hace algo más de un mes la Argentina solicitaba a Brasil el plácet para designar a Victorio Taccetti como embajador ante el gobierno de Lula da Silva, en las últimas horas la administración duhaldista pidió dejar sin efecto el trámite que ya había sido otorgado.

Lo ocurrido, una anécdota menor según la visión de algunos habitantes del Palacio San Martín, es para otros diplomáticos un papelón político con el principal aliado regional y un pequeño signo del "estado de descomposición" en el que se encuentra la Cancillería, vapuleada en los últimos años por recortes presupuestarios, congelamiento de traslados, cierre de representaciones en el exterior y cuestionados ascensos.

Los avatares electorales parecen haber aportado una buena cuota de efervescencia al ministerio que dirige Carlos Ruckauf.

Taccetti, un diplomático de treinta años de carrera, es actualmente el jefe de Gabinete del canciller y tras el frustrado intento por desembarcar en Brasilia todo indica que seguirá en ese cargo hasta el 25 del actual.

El intento por designar al hombre que fue durante seis años embajador en México parece haber encontrado resistencia en el candidato presidencial del oficialismo. Según fuentes de la Cancillería, Néstor Kirchner habría hecho conocer su malestar a Eduardo Duhalde por lo que consideró casi un gesto imprudente: cambiar el embajador en Brasil -el destino político más importante en la región- a semanas del final del mandato.

Los mismos informantes comentaron que habría sido Martín Redrado el encargado de oficializar las gestiones del operativo "contramarcha". Indicaron que durante la visita que hizo a Brasil esta semana, el vicecanciller habría entregado una carta de Duhalde a Lula en la que se especificaba el pedido.

Redrado relativizó ayer esa hipótesis. Dijo, por medio de voceros, que en la única carta que entregó al presidente del Brasil, Duhalde se limitaba a establecer los lineamientos que debían guiar las relaciones entre ambas naciones. La explicación resultó extraña para varias de las fuentes consultadas que consideraron "poco factible" que, a diez días del final de su gestión, un mandatario pretenda fijar la política exterior de una Nación.

Vuelta al hogar

Las marchas y contramarchas dejaron a Taccetti fuera de la lista de embajadores políticos -artículo 5, en la jerga diplomática- que hace algunos días recibieron la notificación para, tal como lo indica la ley, estar de regreso en el país un día antes de la asunción del nuevo gobierno.

Los embajadores de esa categoría -delegados personales del Presidente- son en la actualidad ocho: Hernán Patiño Meyer (está en Uruguay desde el 1° de marzo de 2002); Carlos De la Rosa (en Chile desde el 4 de marzo de 2002); Hernán Cornejo (en Ecuador desde el 18 de abril de 2000); Rodolfo Gil (representantes ante la Organización de Estados Americanos desde el 1° de marzo de 2002); Eduardo Amadeo (en Estados Unidos desde el 11 de diciembre de 2002); Jorge Remes Lenicov (embajador ante la Unión Europea desde el 24 de junio de 2002); Humberto Roggero (en Italia desde el 14 de enero de 2003) y Norberto Piuzzi (en Marruecos desde el 22 de marzo de 2000).

Según establece la ley, cada vez que se designa a un representante en el exterior, el Estado otorga al funcionario tres sueldos en concepto de "gastos de traslado" al momento de partir hacia el destino, y dos sueldos para volver.

Algunos de los nombramientos de última hora que hizo la actual administración harán, como en el caso de Roggero, que el embajador cobre más dinero en concepto de adelantos por traslados que por el tiempo que efectivamente estuvo en el destino. El sueldo de un representante en el exterior varía según el país y otras consideraciones que se incluyen en un coeficiente particular. La cifra que percibe el embajador en un país europeo ronda los 10.000 dólares mensuales.

Pero más allá del aspecto económico de este tipo de designaciones relámpago, los principales cuestionamientos apuntan al efecto político de esas medidas. "Es poco serio y hasta casi un manoseo de las relaciones exteriores mandar una persona por un par de meses", se lamentó un encumbrado diplomático. Lejos de ser única, la amarga queja del hombre tiene un numeroso coro a sus espaldas.

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