"Tendrán una oposición constructiva"

Una multitud se concentró frente a la Casa de Gobierno para despedir y agradecer al Presidente, que se mostró con Juliana Awada y Pichetto
Una multitud se concentró frente a la Casa de Gobierno para despedir y agradecer al Presidente, que se mostró con Juliana Awada y Pichetto Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Macri se despidió en la Plaza de Mayo con una masiva convocatoria; le garantizó al presidente electo que no encontrará una resistencia destructiva; "vamos a defender las cosas que hemos logrado", señaló
María Agustina López
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8 de diciembre de 2019  

En su último fin de semana como presidente, Mauricio Macri se dio el gusto de despedirse ayer ante una Plaza de Mayo multitudinaria. Pero, además, envuelto en banderas argentinas y con cantos de aliento, buscó dejarle un mensaje al presidente entrante, Alberto Fernández: hay una oposición mirando.

El discurso de Macri fue breve, en tono optimista y con un mensaje directo para Fernández, con quien hoy se verá en la Basílica de Luján.

"Le quiero decir al presidente electo que él puede confiar en que, después de mucho tiempo, va a encontrar una oposición constructiva y no destructiva. Una oposición firme y severa que va a defender nuestras libertades", dijo el mandatario.

"Lo único no negociable son nuestras libertades", insistió. Y dejó una instrucción: "Tenemos que cuidar a nuestra querida Argentina de que no la roben, no la maltraten, no la estafen ni la descuiden nunca jamás".

La multitud había comenzado a llegar en las primeras horas de la tarde y, finalmente, llenó la Plaza de Mayo, aunque sin desbordarla. El folclore que rodeaba la movilización era similar al de otras marchas populares, pero con diferencias: se veían los clásicos carritos con choripanes, pero prácticamente no había banderas partidarias. La gran mayoría agitaba banderas celestes y blancas o sostenía carteles que sí se identificaban con Juntos por el Cambio. Decían "soy del 41% [que votó a Macri]", "gracias y hasta pronto, señor Presidente" y "hay gato para rato".

Para los improvisados, algunos puestos callejeros vendían gorras con la leyenda "Sí se puede" y banderas a $200.

Entre canciones de Sergio Denis, Palito Ortega y Gilda, la plaza se fue llenando y crecía la expectativa por ver al Presidente en su último acto público. Esporádicamente surgían coros de "¡sí se puede!" e, incluso, se cantó: "Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser gobierno en el 2023", siguiendo la melodía de la canción futbolera.

Un rato antes de que empiece el acto, el titular del Sistema Federal de Medios, Hernán Lombardi, y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, salieron a arengar a la multitud y pidieron unos minutos más de paciencia.

Macri se asomó al balcón de la Casa Rosada pasadas las 18.30 y saludó, junto a su esposa, Juliana Awada, y su compañero de fórmula en las últimas elecciones, Miguel Ángel Pichetto, mientras la muchedumbre lo vitoreaba desde abajo. Llamaba la atención ver que quienes estaban más cerca de las puertas de la Casa de Gobierno eran personas entradas en años, con pañuelos en las manos, secándose las lágrimas.

Estaban, también, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Carolina Stanley, Patricia Bullrich, Cristian Ritondo y el ruralista Alfredo de Ángeli, entre otros.

Ante la aparición de Macri, sonó el Himno Nacional y, luego, el Presidente bajó del balcón, atravesó la reja de ingreso y se subió a una tarima que lo dejó de cara con la plaza. Los únicos que lo acompañaron fueron, otra vez, Pichetto y Awada, muy aplaudidos.

Dosis de optimismo

"Me da más tristeza ver que muchos de ustedes están angustiados acerca de lo que viene. Esto será un paso más de aprendizaje y de crecimiento", dijo Macri en su mensaje a la multitud,

Para cerrar, el Presidente volvió a insistir en el rol de opositor que ocupará después del martes. "Somos una alternativa sana de poder, que representa a millones de argentinos, que nunca más se van a volver a resignar. Gente de paz que no se dejará llevar por delante", describió.

Al finalizar su mensaje, el Presidente agradeció a su esposa, amigos e hijos y se quedó varios minutos saludando a la gente. Incluso, sorprendió cuando se precipitó sobre quienes lo miraban desde abajo del palco y, para tormento de su custodia, lo agarraron y llevaron unos metros en andas, saludando a la gente que se acercaba.

Tras el acto, la desconcentración fue rápida. Muchas personas se acercaron a algunos funcionarios, como la ministra Stanley y el senador Federico Pinedo, para sacarse la selfie de rigor.

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